Por: Carlos Iván Moreno (México).

En la conferencia del American Council on Education (ACE), uno de los foros académicos más influyentes en el mundo, se presentó un informe sobre algunas de las principales tendencias en las universidades norteamericanas para 2022.

No obstante que el documento se enfoca en el sistema universitario de Estados Unidos, con características y condiciones muy particulares, el informe invita a la reflexión sobre aspectos estructurales que también impactan, o impactarán, en la educación superior mexicana. A manera de reflexión retomo tres temas: disminución de la matrícula, reestructuración del campus e incertidumbre laboral.

Disminución de la matrícula

La irrupción pandémica y la abrupta transición a la educación virtual provocó una caída, desde 2019, del 10 por ciento de estudiantes universitarios en Estados Unidos; alrededor de un millón 400 mil estudiantes menos. 

Para instituciones pequeñas esto es alarmante, ya que dependen, en gran medida, de los ingresos por colegiaturas. Hay Community Colleges donde pierden, de acuerdo con el informe, hasta 100 mil dólares en ingresos por cada punto porcentual que cae la matrícula. Las instituciones buscarán nuevas formas para reclutar y retener a más jóvenes, entre las acciones estarán: la modificación de los criterios de admisión, ayuda financiera y mayor vinculación con el mercado laboral.

En México, si bien el número de alumnos no ha disminuido, sí se ha estancado con un crecimiento de apenas 0.6 por ciento en las universidades públicas. No obstante, según estimaciones de la SEP, hay un 10 por ciento de estudiantes que están en riesgo de abandono (500 mil jóvenes). El 2022 se caracterizará por los esfuerzos para conservar y recuperar a estudiantes en riesgo.

Reestructuración del campus

Mientras la infraestructura de las universidades de Estados Unidos creció 26 por ciento de 2009 a 2019, la matrícula aumentó apenas 3 por ciento. El estancamiento de la matrícula, los altos costos de mantenimiento y la transición a modelos híbridos obligó a las universidades a replantear y rediseñar el uso de sus espacios. 

Antes de la pandemia, por ejemplo, autoridades de la Universidad Estatal de Florida creían necesitar el triple de cubículos destinados para asesorías; ahora saben que los estudiantes prefieren la flexibilidad de un “zoom”. Además, modificaron el diseño de un nuevo edificio que incluía la construcción de diversas salas para conferencias y aulas tradicionales, por aulas y espacios más interactivos.

Las herramientas digitales han liberado aulas, el reto es repensar los modelos de enseñanza-aprendizaje, hacerlos más flexibles, activos y colaborativos.

En México, con una cobertura universitaria de apenas el 42 por ciento, el modelo de aprendizaje híbrido supone oportunidades tanto para ampliar la matrícula como para mejorar los resultados académicos y el éxito estudiantil. 

Incertidumbre laboral

Ante la falta de recursos, el cierre de universidades y los cuestionamientos al modelo de tenure”, menos académicos lograrán obtener su base definitiva. La tendencia apunta hacia contrataciones temporales.

En estados como Carolina del Sur y Iowa, en Estados Unidos, legisladores han impulsado proyectos de ley para impedir que universidades públicas puedan ofrecer bases definitivas, lo que proponen es que ningún contrato laboral sea mayor a 5 años.

Esta creciente inseguridad laboral debilita el principio de libertad académica; menos académicos estarán dispuestos a investigar y publicar sobre temas considerados como “incorrectos” o “controversiales”.

En México, el deterioro presupuestal y los embates a la autonomía universitaria son también un riesgo para la función académica. Para el caso de las universidades públicas, la eliminación de fondos extraordinarios –particularmente el de Reconocimiento de Plantilla y Carrera Docente- ha contribuido a la precarización laboral de los académicos. 

Son tiempos desafiantes para la educación superior.

***

Car­los Iván Mo­reno es Licenciado en Finanzas por la Universidad de Guadalajara (UdeG), Maestro en Administración Pública por la Universidad de Nuevo México y Doctor en Políticas Públicas por la Universidad de Illinois-Chicago. Realizó estancias doctorales en la Universidad de Chicago (Harris School of Public Policy) y en la Northwestern University (Kellog School of Management). Actualmente se desempeña como Coordinador General Académico y de Innovación de la Universidad de Guadalajara.