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Plumas NCC | Las soluciones están ahí, sólo que aún no las desciframos

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Por: Paola Gordon Luna (México-Panamá).

¿Imitar a la naturaleza para limpiar el aire, reducir el riesgo de inundaciones o mejorar la calidad del agua? Sí, estos son ejemplos de un enfoque que está en auge por su potencial para responder a los diversos desafíos que las sociedades enfrentan hoy en día para adaptarse a los efectos del cambio climático, mejorar su relación con la naturaleza y lograr un desarrollo sostenible.

Este enfoque, conocido como Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), refuerza la coexistencia del ser humano con la naturaleza, al inspirar soluciones prácticas para atender dificultades para proveer servicios de agua y saneamiento, gestión de recursos naturales, protección ante fenómenos naturales, entre otros.

Interacciones ambientales

En el pasado, los elementos de la naturaleza eran adorados porque sus beneficios a la vida del ser humano eran aceptados, reconocidos y valorados. Sin embargo, con la modernidad, especialmente en las grandes ciudades, el ser humano se ha desconectado de la naturaleza, desconociendo así cada vez más los beneficios que ésta aporta a su bienestar.

Muchos jóvenes de hoy en día han nacido y crecido en las ciudades, al igual que sus padres y sus abuelos, alejados de espacios naturales lo que les dificulta entender cómo funcionan los ecosistemas naturales. Un ecosistema natural está formado por seres vivos que interactúan entre sí en un ambiente determinado formado naturalmente. Esta interacción es relevante para que funcione el ecosistema, pues se trata de la interrelación de los seres vivos entre ellos y con los elementos abióticos que hay en éste, como, por ejemplo, el agua, el aire, la luz solar, el suelo, etc.

Una forma de entender estas interacciones es a través del estudio de las transferencias de energía analizando las cadenas alimenticias. Aunque muchos de los grandes inventos han surgido por la observación de la naturaleza, no ha sido hasta estos últimos años en los que se ha analizado más integralmente el funcionamiento de los ecosistemas; por un lado, para comprender cuáles son los servicios que nos proveen; y por el otro, cómo podemos aprender de ellos para brindar soluciones prácticas a problemas de las sociedades modernas, y que no han podido ser resueltos con las soluciones tradicionales de infraestructura y desarrollo.

Servicios ecosistémicos

Los servicios ecosistémicos son aquellos beneficios que un ecosistema aporta al ser humano para mejorar su calidad de vida. El hablar de servicios ecosistémicos en lugar de servicios ambientales (aunque aún se utilizan indistintamente) permite reconocer la importancia de cada uno de los elementos que conforman el ecosistema y su interrelación para que éste funcione adecuadamente y pueda brindar servicios que le sean útiles al ser humano y a la sociedad misma en su conjunto.

Entre los principales servicios ecosistémicos se destacan los de aprovisionamiento, pues los ecosistemas ofrecen recursos como madera, agua o alimentos para la subsistencia del ser humano. Pero también son importantes los servicios de regulación (ejem. el control de la erosión del suelo o la regulación del clima), los servicios de soporte (ejem. la biodiversidad) y los servicios culturales (ejem. esparcimiento).

Con el desarrollo de la ciencia y la observación de la naturaleza, se ha podido estudiar y comprender cada vez mejor cómo funciona la naturaleza, y más allá, se han realizado diversas pruebas para utilizar sus preceptos para diseñar soluciones sostenibles atendiendo las leyes fundamentales de las ciencias naturales, como por ejemplo la Ley de la Conservación de Materia, la cual implica que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Los expertos estudian la naturaleza para lograr acelerar los procesos de transformación y flujo de materiales naturales para por ejemplo obtener más agua o deshacernos de forma sostenible de la basura que generamos. Los beneficios más tangibles de las SbN se observan en la prestación de servicios de infraestructura natural. Mediante la conservación y restauración de los bosques aguas arriba de una cuenca, los prestadores de servicios de agua podrían regular mejor los flujos de agua, reducir la erosión del suelo y ahorrar en costos de tratamiento de las aguas residuales.

Ante la emergencia climática por el calentamiento global, las SbN también presentan oportunidades para desarrollar infraestructura resiliente al clima y que pueda ser rápidamente restituida por los habitantes de las comunidades ante situaciones de desastres, así como también, que permitan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que podrían resultar con la implementación de otro tipo de soluciones.

Por ejemplo, un estudio en el canal de Panamá reveló que un proyecto de revegetación del suelo para reducir la sedimentación podría ser hasta cinco veces más efectivo en términos de costo que el dragado tradicional, y a su vez, reducir las emisiones que se producen con este proceso.

De igual forma, la gestión de las cuencas aguas arriba puede mejorar la eficiencia operativa de una central hidroeléctrica al reducir la erosión, y por lo tanto, la sedimentación de las represas, lo que aumenta la capacidad para la producción de energía y reduce los costos de mantenimiento y operación.

Una mayor conciencia de nuestro entorno y su funcionamiento, aunado a los avances científicos y tecnológicos, así como también la creciente necesidad por soluciones innovadoras para atender los grandes desafíos para reducir la pobreza, permitirán contar con más experiencias en la implementación de soluciones basadas en la naturaleza hasta convertirse en una práctica generalizada en todo el mundo.

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Pao­la Gor­don Luna es es­pe­cia­lis­ta en ges­tión de re­cur­sos na­tu­ra­les. Tie­ne es­tu­dios en Bio­lo­gía y en Ma­ne­jo de Pro­yec­tos en la Uni­ver­si­dad de Pa­na­má y en la Uni­ver­si­dad de Utah. Es Maes­tra en Cien­cias en Ma­ne­jo de Re­cur­sos Na­tu­ra­les por la Uni­ver­si­dad de Gua­da­la­ja­ra. Ac­tual­men­te, en el Ban­co In­ter­ame­ri­cano de Desa­rro­llo (BID) apo­ya a los go­bier­nos brin­dan­do asis­ten­cia téc­ni­ca para me­jo­rar el desem­pe­ño y la efi­cien­cia de los sis­te­mas de agua po­ta­ble y desa­rro­llar es­tra­te­gias de pla­ni­fi­ca­ción hí­dri­ca.

Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano – Noticias NCC
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