Por: Walter Pengue (Argentina).

«La historia se repite, eso es lo malo de la historia»,

Frase atribuida a Charles Darwin (1809-1882) y también a George Santayana (1863-1952))

 

Más de veinte años atrás, en “Soberanía alimentaria: hambre y opulencia en las tierras del Plata” publicado por “Hacer Pensar”,  la Agencia de Ciencias de Argentina y reproducido por Biodiversidad en América Latina (Pengue 2004), alertaba sobre la importancia que tiene para un país, contar con el balance apropiado entre las formas de producción, el papel de las tecnologías y el acceso a alimentos – especialmente de calidad – de su población, empezando por los más desfavorecidos.

La cuestión del hambre y la desnutrición en un continente rico en alimentos, no ha sido superada. Tanto el país como la región latinoamericana, no puede abstraerse de cuestiones de larga data vinculadas a la inseguridad alimentaria. Dice La Nación, compilando varios reportes de la ONU, que en 2023,  “En Sudamérica, más de un tercio (36,4%) de la población sufrió de inseguridad alimentaria moderada o grave. La Argentina, Brasil, el Ecuador y Surinam registraron inseguridad alimentaria moderada o grave para un tercio de su población. Mientras que Chile y el Uruguay tuvieron la menor prevalencia, con un 18,1% y un 15,2%. En comparación con el trienio 2014-2016, se observa que la mayoría de los países de la región experimentaron aumentos en la prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave”.

Además, indicó que “43,2 millones de personas, el 6,5% de la población en América Latina y el Caribe, sufren hambre y la región registra niveles de sobrepeso y obesidad mayores a la estimación mundial”.

En nuestros días, la ecuación, nos ha traído a una “economía de rapiña”. Mientras la economía argentina se concentra exclusivamente en sus industrias de extracción como la producción de granos, minerales y petróleo, el país se encuentra en un fuerte impasse prácticamente en todas sus otras actividades, con un importante deterioro en el empleo y un crecimiento económico totalmente desbalanceado. Las industrias extractivas – que no dan empleo y se alojan en espacios alejados – crecen, mientras que las actividades intensivas en empleo, muestran un deterioro relevante. Y con ello, impactos sociales y económicos relevantes. Según los últimos registros para el año 2025, las porciones más sensibles de la sociedad, los niños y los mayores, padecen incluso, más problemas que el promedio, con serios inconvenientes en el acceso a los alimentos.

El último reporte de la Universidad Católica Argentina informa que – a diferencia de lo que indican las estadísticas oficiales – seis de cada diez niños en el país son pobres y que más del 30 por ciento de ellos, no accede a una alimentación adecuada, incluso salteando varias comidas.  El reporte se hizo para evaluar la evolución de la pobreza y situación infantil a lo largo del año 2025, indicando que el 53,6 % de los niños son pobres.

Argentina, es reconocida por el mundo como “la tierra de las carnes y las mieses”.  Carnes procedentes de la Pampa Argentina, alimentaron a sus gentes desde la propia configuración del país y mieses, especialmente trigo, cubrieron las mesas, tanto de los pobres como de los ricos, en distintos momentos de su corta historia. Desde los españoles que llegaron como conquistadores, buscando El Dorado – que en rigor estaba más al norte, en el Cerro Rico de Potosí – hasta los millones de migrantes que cubrieron sus tierras, todos – sin excepción – llegaban con el imaginario, de la tierra cuyo nombre, literalmente significaba riqueza. Fue Martín del Barco Centenera, en los inicios del año 1600 quién por primera vez, la llamó Argentina.  En su obra titulada  «Argentina y conquista del Río de la Plata, con otros acaecidos de los reinos Del Perú, Tucumán y Estado del Brasil«, donde por primera vez el autor utiliza la latinización del término «argenteus«, para ubicar a sus lectores sobre nuestro territorio.

La inmigración masiva a Argentina, ocurrida principalmente entre 1880 y 1930, fue el motor fundamental del llamado modelo agroexportador, transformando al país en uno de los principales productores mundiales de carne y trigo. Este periodo, conocido como la «Gran Inmigración», trajo más de 6 millones de inmigrantes, mayoritariamente italianos, españoles, judíos, turcos, polacos que cubrieron la escasez de mano de obra en el campo y en las ciudades, para las fábricas. Junto con los migrantes, llegaron los cereales. De un país que en 1874 importaba trigo, la Argentina pasó a convertirse en 1910 en uno de los principales exportadores, convirtiendo a los cereales en más del sesenta por ciento de sus exportaciones. Los primeros toros reproductores llegaron antes, en el siglo XVI, pero la mejora de la raza, se hizo a la par de la gran migración, cuando se introdujeron razas británicas, como las primeras vacas Shorthorn traídas en 1853, que se adaptaron perfectamente a las Pampas Argentinas.

Los inmigrantes en Argentina adaptaron sus dietas europeas a la abundancia local de carne, adoptando distintas formas de preparar pastas, panes, pizzas o milanesas y guisos, nutritivos para el duro trabajo diario. En los conventillos, fusionaron sus sabores con ingredientes locales, consumiendo altos niveles de grasas para el trabajo físico. La carne – que era un lujo en Europa – se volvió protagonista diaria en la mesa de los inmigrantes, debido a su bajo costo en Argentina. Esto luego iría cambiando, pero prácticamente en muy pocos momentos, de forma colectiva, las clases más humildes dejaron de acceder a alimentos necesarios, con la excepción de las provincias más alejadas, más vinculado el problema con las políticas feudales locales que por la disponibilidad de los mismos.

Pero Argentina, “tierra de la plata”, evidentemente no significa hoy en día, riqueza para todos. La historia es mucho más extensa y compleja.  Pero parece repetirse – sólo concentrada ahora en los bienes y no en las personas – en la actualidad. Las tecnologías están facilitando un aumento intensivo en las extracciones desde los crecientes open pit en la industria minera a las tecnologías del fracking en Vaca Muerta y hasta la búsqueda creciente por la liberación de cada vez más cultivos transgénicos en el país, empezando por la soja y el trigo.

Cultivos estos últimos que fueron los pilares de la transformación de la llamada Biorevolución o Segunda Revolución de las Pampas. No exenta tampoco de sus complejidades y complicaciones emergentes, como en el caso último del gen resistente a la sequía y al glufosinato de amonio como el HB4 (Tranquera 2020). Un gen que incorporado en estos dos cultivos – primero en soja y luego en el trigo – pretendía promoverse al mundo, como la panacea que resolvería los problemas de producción en ambientes hostiles y el acceso a alimentos como el pan, a precios accesibles para todos (CONICET 2019). Como anteriormente sucediera con la soja RR (soja resistente al glifosato) y su incursión en el Brasil, hoy en día, pareciera que nuevos envios – ahora de soja con el HB4 – se detectaron también en Europa, región del mundo, que como muchas otras, no lo han aprobado (Bichos de Campo 2026). Aparentes empresas biotecnológicas, que prometían hace muy pocos años, la panacea de nuevos productos y soluciones a problemas complejos, hoy se enfrentan como la compañía Bioceres (Tierra Viva 2025) al fracaso rotundo de sus productos estrellas y problemas financieros severos. A principios de marzo de 2026, la Justicia de Santa Fe decretó la quiebra de Bioceres S.A., la sociedad fundacional argentina. Esta crisis se deriva de una profunda deuda de más de 30-55 millones de dólares y conflictos entre accionistas que la  enfrenta a embargos y a una drástica caída en su cotización.

Sin embargo, con el argumento del estancamiento tecnológico, en los mismos tiempos inicia nuevamente – bastante subrepticiamente – la presión por el abandono del país de los acuerdos de UPOV78 y poner a la Argentina en UPOV91.  La promesa, radica en un avance tecnológico en el uso de nuevas semillas transgénicas, el aumento de las exportaciones granarias y en la necesidad de las grandes compañías de los EE.UU., que a través de su gobierno, presionan – bastante fácilmente – sobre el gobierno y los decisores de políticas actuales en la Argentina.  La medida, dejaría además a los pequeños agricultores, por fuera de un acceso factible a las semillas de uso propio. Pero parece que el único objetivo actual y político es el incremento de las exportaciones y la facilitación escalar del aumento de la producción de bienes extraíbles, a cualquier costo. La demanda por estos bienes es creciente y el intento por avanzar en su extracción, solivianta además, a toda la legislación ambiental y social, que pudiera ser un impedimento para el aumento de las extracciones, sin consideración sobre las externalidades producidas.

La UPOV 78 permite a los agricultores guardar, utilizar e intercambiar semillas de variedades protegidas para su propio uso, mientras que la UPOV 91 restringe drásticamente esta posibilidad, limitándola principalmente al uso propio sin intercambio.  Además, contrastando los países que han suscripto la norma de 1991, son varios los países, “de abolengo claramente agropecuario” que se sostienen en la norma de la UPOV 78. Al 2026, aproximadamente 17 países siguen vinculados al Acta de 1978 de la UPOV (Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales), destacando principalmente en Latinoamérica, con  Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay y el Uruguay. Pero también, otras potencias agrícolas en el mundo están suscriptas a la misma como  China, Kenia, Nueva Zelanda, Noruega o Sudáfrica.

En estos complejos momentos, donde la pauperización de la Argentina es un activo notable de la actual gestión, con el segmento más débil de la población – como los niños y los ancianos – en un serio riesgo alimenticio, sumar la situación de directamente prohibir el uso propio de las semillas de los productores – especialmente los pequeños y medianos – y obligarlos a comprar semillas – y todo el paquete tecnológico entrante – suma más riesgos que beneficios posibles de ser logrados. La principal función de las tecnologías agropecuarias, deberían residir en mejorar la vida del conjunto social y su propio entorno y no el intensificar las externalidades que el modelo sojero – que este año cumple treinta años de historia (1996/2026) – ha venido acumulando en externalidades, leídas como una mayor deforestación, contaminación, impactos sobre la biodiversidad e importantes migraciones internas, entre varias otras, que de alguna manera, contabilizan en costos, los beneficios inmediatos de la intensificación agrícola industrial sin contención ambiental.

 

                                                                                                

Referencias

Bichos de Campo (2026). Quilombo en puerta: Habrían aparecido trazas de la soja HB4 de Bioceres en Europa, donde nunca fue aprobada, y corre riesgo la exportación de harina de soja a ese destino. Abril 26. Buenos Aires.  https://bichosdecampo.com/quilombo-en-puerta-aparecieron-trazas-de-la-soja-hb4-de-bioceres-en-europa-donde-nunca-fue-aprobada-y-corre-riesgo-la-exportacion-de-harina-de-soja-a-ese-destino/

CONICET (2019). DESARROLLO BIOTECNOLÓGICO NACIONAL. Tecnología contra la sequía trasciende fronteras. https://www.conicet.gov.ar/una-tecnologia-contra-la-sequia-que-trasciende-fronteras/

La Nación (2023). Hambre en la Argentina: un informe de la ONU alerta que en el país aumentó un 17% la inseguridad alimentaria. La Nación Campo. Buenos Aires.

Pengue, W.A. (2004). Soberanía Alimentaria: Hambre y Opulencia en las tierras del Plata. BiodiversidadLA. https://www.biodiversidadla.org/Documentos/Soberania-alimentaria-hambre-y-opulencia-en-las-tierras-del-Plata

Pengue, W.A. (2004).  Hambre y opulencia en las tierras del Plata, Revista hacer Pensar, Pág. 11. Paraná, Entre. Ríos.

Pengue, W.A. (2023). Economía Ecológica, Recursos Naturales y Sistemas Alimentarios ¿Quién se Come a Quién? Orientación Gráfica Editora.  Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/370068450_Economia_Ecologica_Recursos_Naturales_y_Sistemas_Alimentarios_Quien_se_Come_a_Quien

Tierra Viva (2025). «El gran fracaso de la tecnología HB4»: pedido internacional para suspender el trigo transgénico. https://agenciatierraviva.com.ar/el-gran-fracaso-de-la-tecnologia-hb4-pedido-internacional-para-suspender-el-trigo-transgenico/

Tranquera (2020). Raquel Chan, creadora del trigo HB4: “Las innovaciones generan polémica y afectan intereses”. https://www.tranquera.com.ar/noticias/raquel-chan-creadora-del-trigo-hb4-las-innovaciones-generan-polemica-y-afectan-intereses

Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV). https://www.upov.int/es/about-upov/introduction

 

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Walter Alberto Pengue es Ingeniero Agrónomo, con una especialización en Mejoramiento Genético Vegetal (Fitotecnia) por la Universidad de Buenos Aires.  En la misma Universidad obtuvo su título de Magister en Políticas Ambientales y Territoriales. Su Doctorado lo hizo en la Escuela de Ingenieros Agrónomos y de Montes en la Universidad de Córdoba (España) en Agroecología, Sociología y Desarrollo Rural Sostenible.  Realizó estancias postdoctorales en las Universidades de Tromso (Noruega) y en el INBI, University of Canterbury (Nueva Zelanda).

Pengue es Profesor Titular de Economía Ecológica y Agroecología en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y director del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente (GEPAMA) de la Universidad de Buenos Aires (FADU UBA). 

Es fundador y ex presidente de la Sociedad Argentino Uruguaya de Economía Ecológica (ASAUEE) y fue miembro del Board Mundial de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica (ISEE).  Es uno de los fundadores de SOCLA, la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA), de la que actualmente es responsable de su Comité de Ética. Lleva más de 30 años de estudios sobre los impactos ecológicos y socioeconómicos de la agricultura industrial, la agricultura transgénica y el sistema alimentario a nivel nacional, regional y global y su relación con los recursos naturales (suelos, agua, recursos genéticos). Experto Internacional, revisor, autor principal y coordinador de autores del IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas) (desde 2019), TEEB (2015 a 2019) y del Resource Panel de Naciones Unidas Ambiente (2007 a 2015). Ha sido autor principal del Capítulo 16 de la Ronda 6 del IPCC (2019/2022), presentado en 2023. Es autor principal y coordinador de autores en el Proyecto Nexus IPBES, análisis temático sobre las interrelaciones entre los sistemas alimentarios, la biodiversidad, la salud, el agua y el cambio climático (2021 a 2025). Participa de la Red CLACSO sobre Agroecología Política y es tutor del Grupo de Agroecología Andina. Académico de Número de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente y de Varias Comisiones Científicas Asesoras en Desarrollo Sustentable, Ambiente, Agricultura y Alimentación de Argentina. Profesor invitado de Universidades de América Latina, Europa, Asia, África y Oceanía. Consultor internacional sobre ambiente, agricultura y sistemas alimentarios.  Miembro del Grupo de Pensadores Fundacionales del Ambiente y el desarrollo sustentable de la CEPAL, Naciones Unidas, cuyo último libro es AMÉRICA LATINA y EL CARIBE: Una de las últimas fronteras para la vida (noviembre 2024). Pengue es investigador invitado de la Cátedra CALAS María Sybilla Merian Center de las Universidades de Guadalajara y CIAS, Center for InterAmerican Studies de la Universidad de Bielefeld (2024/2025) y del Center for Advanced Study (HIAS) de la Universidad de Hamburgo (2024/2025).

Publicaciones

Todas sus obras pueden bajarse de:  https://www.researchgate.net/profile/Walter-Pengue  

Últimos libros

GLIGO, N., PENGUE, WALTER y otros (2024).  AMÉRICA LATINA y EL CARIBE: Una de las últimas fronteras para la vida. El libro (español, inglés, francés y portugués), puede bajarse de: https://www.researchgate.net/profile/Walter-Pengue

PENGUE, WALTER A. (2023). Economía Ecológica, Recursos Naturales y Sistemas Alimentarios ¿Quién se Come a Quién? – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Orientación Gráfica Editora, 2023.354 p.; 24 x 16 cm. – (Economía ecológica / Walter Alberto Pengue ISBN 978-987-1922-51-2 – El libro puede bajarse de: https://www.researchgate.net/profile/Walter-Pengue