São Paulo
La 31⁰ Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31), que comenzará el 9 de noviembre en Antalya, Turquía, debería centrarse en los compromisos ya asumidos —sobre todo en materia de bosques y de los derechos de quienes los habitan y protegen— y en la adopción de medidas para transformarlos en acciones concretas.
Esa es la expectativa de los expertos consultados por SciDev.Net, que destacan la necesidad de pasar de las negociaciones y los anuncios a la aplicación efectiva de los compromisos climáticos.
“Uno de los desafíos será dar seguimiento a los anuncios pasados en un contexto en el que los temas forestales y de bosques no serán prioritarios en esta COP”, dice a SciDev.Net Manuel Martí, investigador del Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente (PRISMA), centro de investigación independiente con sede en El Salvador.
“Sin embargo, creemos que es importante seguir insistiendo en la agenda forestal, sobre todo porque se ha reconocido el papel de los pueblos indígenas, afrodescendientes y comunidades forestales en la protección de los bosques y en la construcción de modelos de sostenibilidad e inclusión en los territorios y paisajes forestales”, añade.
En la COP30, celebrada en Belém, Brasil, en noviembre de 2025, uno de los principales puntos de discusión fue la elaboración de hojas de ruta para abandonar los combustibles fósiles y detener y revertir la deforestación y la degradación forestal hasta 2030.
Sin embargo, pese a los esfuerzos de los negociadores y al apoyo de cerca de 80 países, las propuestas no fueron incluidas en el documento final de la conferencia. La mayor resistencia provino de países productores de combustibles fósiles, como Arabia Saudita y Rusia.
“Espero que la COP31 dé continuidad a estos esfuerzos y avance en la creación de mecanismos que permitan traducir esos compromisos en acciones”, dice a SciDev.Net el climatólogo Carlos Nobre, del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de São Paulo (USP), Brasil.
Para Florencia Librizzi, directora adjunta de la organización no gubernamental ambiental Earth Insight, además de los avances en las hojas de ruta para abandonar los combustibles fósiles y frenar la deforestación, también es necesario implementar el Compromiso Intergubernamental sobre Tenencia de la Tierra, lanzado en la COP30.
La iniciativa, promovida en el marco de la Alianza de Líderes por los Bosques y el Clima, reúne a países comprometidos con detener y revertir la pérdida de bosques al 2030.
“La acción climática debe ayudar a mantener los territorios indígenas y comunitarios libres de nuevos proyectos extractivos(opens in new tab) industriales”, agrega a SciDev.Net Librizzi, quien también es miembro de la Comisión de Derecho Ambiental de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y doctoranda en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.
Financiamiento desigual e insuficiente
Según los expertos, uno de los principales desafíos será movilizar recursos y garantizar que lleguen a los sectores y países que más los necesitan.
En América Latina y el Caribe, el financiamiento climático ha aumentado, pero sigue muy por debajo de las necesidades de la región y presenta grandes desigualdades entre países, según un informe de Climate Policy Initiative.
Los flujos de financiamiento climático en la región alcanzaron US$108.000 millones en 2024, el doble que en 2020. Sin embargo, Brasil concentró el 58 por ciento del total, equivalente al 2,9 por ciento de su PIB y aproximadamente US$300 per cápita, casi el doble del promedio regional.
A las desigualdades en la distribución de los recursos se suman las dificultades de los propios países para traducir sus compromisos climáticos en acciones concretas, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que analizó las llamadas contribuciones determinadas a nivel nacional de 30 países de la región.
Estos planes establecen las medidas que cada país se propone adoptar para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse a los impactos del cambio climático.
El documento señala que solo la mitad de los países analizados cuenta con una estrategia de financiamiento climático y advierte que los planes existentes presentan deficiencias en la estimación de costos y en la articulación de las metas con las políticas sectoriales y los marcos regulatorios.
Pueblos afrodescendientes en la agenda climática
Otra marca importante de la COP30 fue la mención inédita a los pueblos afrodescendientes. El término aparece en cuatro documentos oficiales aprobados durante esa conferencia, cuyo objetivo es acordar medidas para combatir el calentamiento global y mitigar sus impactos y adaptarse a ellos.
Su inclusión —junto con la de otros grupos desproporcionadamente afectados por el cambio climático y que desempeñan un papel fundamental en su mitigación— ofrece una nueva herramienta para reivindicar sus derechos en el marco de las negociaciones climáticas.
De cara a la COP31, la agenda y los debates de la sociedad civil se centran en convertir este reconocimiento formal en participación efectiva, financiación y protección de los territorios.
“Los pueblos afrodescendientes son guardianes de territorios, conocimientos y prácticas esenciales para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad”, dice a SciDev.Net Darwin Torres, coordinador de comunicaciones de la Coalición Internacional de Territorios y Pueblos Afrodescendientes de América Latina y el Caribe y miembro del Equipo de Territorio del Proceso de Comunidades Negras de Colombia.
Sin embargo, sostiene que este reconocimiento sigue en disputa en los textos oficiales. “No es solo un asunto de palabras. Sin una mención expresa, nuestros territorios quedan diluidos en la categoría de ‘comunidades locales’, y con ello nuestro acceso a la participación, a la toma de decisiones y al financiamiento directo”.
“Seguiremos en la ruta hacia la COP31, con el Foro Internacional Afrodescendiente sobre Biodiversidad como espacio de articulación de nuestras voces”, señala.
“Espero que la COP31 avance en temas centrales como la reducción de emisiones, la adaptación, las pérdidas y los daños, y el financiamiento”, añade Librizzi.
“Pero estos temas deben abordarse reconociendo a los pueblos indígenas y afrodescendientes como titulares de derechos y líderes de la acción climática. Eso implica proteger sus territorios, respetar su gobernanza propia y asegurar que los recursos lleguen de manera accesible y respondan a sus prioridades”, complementa.
Incertidumbre geopolítica
Nobre cree que la COP31 sí logrará avances. “Los fenómenos climáticos extremos en el mundo en los últimos años deben sensibilizar a los líderes globales e impulsarlos a avanzar en la implementación de las hojas de ruta acordadas en Belém”, sostiene.
Otros expertos están menos optimistas sobre las perspectivas de progreso. “Seguimos en la misma crisis geopolítica que durante la COP30, con los países europeos aumentando sus gastos en defensa, Estados Unidos abandonando la ayuda internacional y China más preocupada por su propio crecimiento económico”, dice a SciDev.Net el físico Paulo Artaxo, de la USP, colaborador científico del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
El avance de gobiernos que cuestionan la evidencia científica o que priorizan otras agendas económicas constituye otra fuente de preocupación para la región. “La orientación política de varios gobiernos latinoamericanos y las prioridades económicas de algunos países podrían dificultar la continuidad de las políticas de protección ambiental y lucha contra el cambio climático”, añade.
Según los expertos, para América Latina y el Caribe, el desafío en la COP31 será combinar una mayor coordinación regional con medidas nacionales que permitan convertir los compromisos climáticos en inversiones y políticas sostenidas.
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