Estados Unidos.

Un equipo de investigadores ha localizado registros sonoros realizados en 1935 por el lingüista Lorenzo Dow Turner, que permiten documentar cómo hablaban sus comunidades y ampliar el conocimiento sobre una variedad lingüística amenazada.

Las primeras grabaciones conocidas de habla espontánea en criollo de Luisiana, una lengua propia de Estados Unidos en riesgo de extinción, han salido a la luz y han sido analizadas por primera vez. El material permite conocer mejor un idioma que durante más de un siglo caracterizó la vida de los muelles y las tabernas de Nueva Orleans.

Las grabaciones de campo, realizadas en 1935 por Lorenzo Dow Turner, un pionero académico afroamericano y lingüista, constituyen un documento excepcional sobre la vida y las voces de la población racializada de Luisiana a principios del siglo XX. Entre los testimonios figuran los de un antiguo policía y una vecina que relata historias sobre una figura legendaria de Nueva Orleans.

Aunque el folclorista Alan Lomax registró fragmentos de canciones en criollo en zonas rurales de Luisiana en 1934 y 1937, las grabaciones de Turner son los únicos registros sonoros extensos de una época en la que la lengua todavía se hablaba ampliamente. También son las únicas grabaciones conocidas de la variedad de Nueva Orleans, donde el criollo dejó de hablarse hacia la década de 1950. Esta lengua toma gran parte de su vocabulario del francés, pero cuenta con una gramática y una estructura propias, además de palabras y expresiones características.

El criollo de Luisiana surgió en el siglo XVIII como lengua franca de uso cotidiano entre los traficantes de esclavos y colonos franceses, los africanos occidentales esclavizados y sus descendientes, y las personas negras libres. Algunas de estas últimas formaron comunidades de clase media y ascendencia mixta, e incluso llegaron a poseer personas esclavizadas.

Este crisol cultural de Luisiana creó una especie de «olla a presión lingüística«, explica Oliver Mayeux, investigador de la Universidad de Cambridge que ha localizado las grabaciones de Turner.

«Africanos que apenas compartían una lengua fueron obligados a trabajar en plantaciones donde el francés era el idioma de la administración», señala Mayeux. «Todo el mundo aprendía aproximaciones al francés y, después, aproximaciones de esas aproximaciones. Así nació rápidamente una lengua nueva«.

Más adelante, el idioma también fue adoptado por exiliados caribeños que huían de la Revolución haitiana y por algunos acadianos francófonos expulsados de Canadá.

«El criollo de Luisiana era, sobre todo, la lengua de la clase trabajadora y de las comunidades racializadas. Se hablaba por todo el puerto de Nueva Orleans, así como en pueblos, granjas y zonas pantanosas de la franja de plantaciones de la costa norte del golfo de México», explica Mayeux. «Algunas personas blancas adineradas también lo habrían aprendido de sus cuidadoras y niñeras durante la infancia».

«Las grabaciones perdidas de Turner contienen mucha más diversidad lingüística que los textos en los que nos habíamos basado hasta ahora».

El rescate de una lengua al borde de la desaparición

En la actualidad quedan apenas unos pocos miles de hablantes nativos, todos ellos personas mayores que viven en zonas rurales. Sin embargo, algunos jóvenes de Luisiana han comenzado un movimiento para revitalizar la lengua. Están aprendiendo por su cuenta lo que denominan Kouri-Vini y creando contenidos para las redes sociales con el fin de facilitar que otras personas también puedan estudiarla.

A mediados de la década de 1930, el criollo ya estaba en retroceso. Mayeux cree que Turner, natural de Carolina del Norte y que había estudiado a hablantes de gullah en Georgia y Carolina del Sur, registró el criollo de Luisiana para un proyecto de investigación que no consiguió financiación. Más adelante, publicó un estudio de referencia sobre las raíces africanas de las lenguas del Nuevo Mundo.

Mayeux se interesó por Turner mientras trabajaba en Carolina del Sur y encontró en su biografía una referencia a una expedición de campo a Luisiana. Finalmente, localizó las grabaciones entre antiguos discos de aluminio etiquetados simplemente como «Luisiana», que habían sido digitalizados por los Archivos de Música Tradicional de la Universidad de Indiana.

«El personal de los Archivos de Música Tradicional conservó los discos de Turner para la posteridad», explica Mayeux, de la Facultad de Lenguas y Lingüística Modernas y Medievales de Cambridge. «Estas grabaciones eran parte de los cientos de archivos almacenados en un servidor, a la espera de ser descubiertos y analizados».

En un primer momento, Mayeux se sorprendió al encontrar música de la pianista clásica Jessie Covington Dent. Sin embargo, al investigar los documentos familiares de Dent, descubrió varias páginas de la agenda de Turner en las que había anotado contactos para un viaje de investigación a Luisiana. Aquellos documentos permitieron reconstruir la historia de su trabajo de campo.

«Turner se apoyó en una red de médicos e intelectuales negros de Nueva Orleans y de las zonas rurales. Los médicos le buscaron personas que hablaban criollo para entrevistarlas y le permitieron realizar las grabaciones en sus consultas. Eran espacios de confianza para los participantes durante la época de segregación racial de las leyes de Jim Crow y, algo fundamental, disponían de electricidad».

Las voces que rescatan la historia del criollo

El equipo de grabación de Turner parecía más bien un armario y pesaba más de 45 kilos. Tenía un voluminoso micrófono metálico y cada uno de los grandes discos apenas podía almacenar unos minutos de sonido. En las grabaciones se escucha a Turner de fondo animando a los participantes a hablar en criollo.

«Para estas personas, la propia naturaleza desconocida del equipo debió de convertir la experiencia en algo realmente extraño», apunta Mayeux.

«Hasta ahora, los investigadores tenían que basarse en transcripciones escritas y cuidadosamente elaboradas para estudiar históricamente el criollo. Gracias a estas grabaciones, por fin podemos escuchar una variedad mucho más amplia de formas de hablar y comprender mejor cómo evolucionó la lengua con el paso del tiempo».

Entre los rasgos lingüísticos identificados figuran fenómenos de aglutinación, en los que los artículos se unen a los sustantivos, y el uso de determinantes como el equivalente a «el» después del nombre.

«Los hablantes de francés actual sencillamente no podrían entender esta lengua», afirma Mayeux.

Todos los participantes en las grabaciones de Turner eran negros y la mayoría tenían una edad madura o avanzada. Habían nacido en las últimas décadas del siglo XIX, cuando el criollo vivía uno de sus periodos de mayor expansión. A partir de sucesivas escuchas, en las que identificó detalles y los contrastó con datos censales y documentos de archivo, Mayeux pudo reconstruir las historias personales que había detrás de aquellas voces.

Incluso logró localizar a una descendiente viva de una de las participantes: Emma Benoit, una aparcera nacida en 1868. En la grabación, Benoit cuenta que trabajaba en el campo, que era madre de doce hijos y que también había criado a cuatro huérfanos. Además, llevaba veinte años viuda.

Valencia Pradier Linton, bisnieta de Benoit, explicó a Mayeux que su antepasada había vivido de niña en la casa de su padre blanco tras la muerte de su madre, una mujer africana esclavizada. Según la tradición familiar, la hermanastra blanca de Benoit solía darle de comer debajo de la mesa.

Otras grabaciones recogen el testimonio de George Doyle, un antiguo policía que relata sus experiencias en el cuerpo de Nueva Orleans antes de su segregación racial. Entre ellas, cuenta cómo una banda de jóvenes blancos lo golpeó en el mercado de Tremé —a los que llama «una pandilla de ratas«—, aunque consiguió detenerlos pese a la paliza. Mayeux encontró una noticia sobre aquel incidente en un periódico de Nueva Orleans de 1893.

Archivos rescatan voces e historias de Nueva Orleans

La entrevista más animada es la de Odelia Edmond, una vecina de Nueva Orleans muy habladora que recuerda algunas travesuras de su juventud, cuando tenía el pelo «rojo como el fuego» y se escondía bajo los bancos de las iglesias para arrancar los velos de las novias que pasaban.

Edmond también relata sus encuentros durante la infancia con una anciana llamada Zozo Labrique —»Birdy the Brick», o «Pajarita el Ladrillo»—, un personaje popular de Nueva Orleans conocido por vender polvo de ladrillo rojo, utilizado como protección mágica en algunos rituales vudú.

Edmond cuenta que engañó a Labrique para quitarle treinta centavos y que quería arrojar monedas al cementerio para devolver el dinero a aquella figura legendaria, ya fallecida. Sin embargo, nunca lo hizo por miedo a que la considerasen practicante de vudú.

«Edmond es un personaje extraordinario», afirma Mayeux. «Encontré una noticia sobre su comparecencia ante un tribunal por una agresión. Tuvo un marido que fue asesinado y después volvió a casarse. En la grabación dice: ‘Me alegré muchísimo cuando lo mataron'».

Durante la exploración de los archivos de Turner, Mayeux también se llevó una sorpresa al encontrar una fotografía del lingüista posando en el Great Court del Trinity College de Cambridge en 1937, el mismo centro en el que Mayeux trabaja actualmente como investigador.

El propio abuelo paterno de Mayeux, nacido en 1920, hablaba tanto criollo como francés. Sin embargo, su padre creció con escasos conocimientos de ambas lenguas.

«A mediados del siglo XX se interrumpió la transmisión intergeneracional. Mi abuelo quería que sus hijos hablaran inglés. Era algo habitual entre muchos habitantes de Luisiana, que veían su futuro como estadounidenses y no como criollos o cajunes».

Recuperar la lengua de sus antepasados

El padre de Mayeux le contó que, cuando recibían visitas de familiares, les obligaban a salir de casa si querían hablar aquella «lengua sucia«.

Mayeux, que creció alternando estancias entre Nigeria y Escocia y acabó convirtiéndose en un apasionado de las lenguas, encuentra en las raíces lingüísticas de su familia una parte de su identidad. Ha grabado a algunos de los últimos hablantes nativos de criollo, ha aprendido a hablarlo con fluidez y participa en el movimiento para revitalizarlo.

«Los jóvenes están aprendiendo criollo para conectar con la riqueza de su herencia cultural. Esto les ayuda a descubrir una identidad propia en un mundo cada vez más homogéneo«, añade Mayeux. «Muchos son nietos de hablantes nativos, pero sus padres nunca llegaron a conocer la lengua. Este patrón de reconexión lingüística entre tres generaciones se observa en muchas lenguas minorizadas de todo el mundo. Uno de mis amigos lloró cuando le puse las grabaciones de Turner».

Clif St. Laurent, educador y activista por el criollo de Luisiana, señala: «Escuchar estas grabaciones, las primeras voces habladas conocidas de nuestros antepasados que han quedado registradas, despierta una pasión que casi sentimos como una obligación, o al menos como una responsabilidad de recuperar esta herencia lingüística».

«La lengua es el fundamento y la raíz de una cultura. Enseñarla permite que nuestra cultura no solo siga viva, sino que prospere», añade St. Laurent.