Uruguay
MONTEVIDEO, SciDev.Net] Los microplásticos que se acumulan en los sedimentos de los arroyos urbanos aumentan cuando la presión de la ciudad es mayor, pero disminuyen cuando hay una cobertura de saneamiento más amplia, según un estudio realizado en 16 cursos de agua de cinco departamentos de Uruguay.
La investigación, publicada en Environmental Pollution, analizó sedimentos de arroyos cercanos a localidades con diferentes niveles de urbanización y cobertura de saneamiento y halló una amplia variación en la abundancia de microplásticos.
“Nuestros resultados sugieren que no es solamente el grado de urbanización lo que importa, sino también cómo está urbanizada una cuenca y qué infraestructura de saneamiento tiene”, dijo a SciDev.Net Bárbara Suárez, autora del estudio e investigadora del Departamento de Ecología y Gestión Ambiental (DEGA) del Centro Universitario Regional Este de la Universidad de la República, Uruguay.
“Encontramos sitios altamente urbanizados con comportamientos diferentes según sus condiciones de saneamiento, lo que sugiere que urbanización y saneamiento deben considerarse conjuntamente para entender la contaminación por microplásticos”, añadió Franco Teixeira de Mello, coautor y profesor agregado del DEGA.
Un contaminante persistente
Los microplásticos, definidos como partículas plásticas de menos de cinco milímetros, son considerados contaminantes emergentes de preocupación debido a su persistencia y amplia distribución en los ecosistemas acuáticos.
Los sedimentos de ríos y arroyos pueden actuar como sumideros de largo plazo, reteniendo partículas que llegan a los cursos de agua y acumulándolas en función de las características de la cuenca, el uso del suelo y los procesos hidrológicos.
Además, pueden ser ingeridos por organismos acuáticos y tener impacto tanto en la salud de esos animales como en la humana, cuando se consumen como parte de la dieta.
Lo que revelan los arroyos
El estudio tomó muestras en 16 arroyos en cinco departamentos: Maldonado (La Salada, Molino, Cuñeti, Aguada y Rural), Artigas (cuatro vinculados al arroyo Santa Rosa), Salto (San Antonio y dos cursos del arroyo Ceibal), Paysandú (La Curtiembre) y Montevideo (Iyuí), la capital.
Esta selección abarcó ciudades desde 77.500 habitantes (Artigas) hasta 1,5 millones (Montevideo), con un amplio gradiente de urbanización y cobertura de saneamiento.
Así, identificaron ocho tipos de polímeros, entre ellos acrilonitrilo butadieno estireno, polietileno, polipropileno, tereftalato de polietileno (PET), polietileno-acetato de vinilo, poliacrílico, poliestireno y cloruro de polivinilo (PVC).
El PET y el PVC son algunos de los plásticos más usados diariamente, por ejemplo, en envases y textiles, y en tuberías y tarjetas de crédito, respectivamente.
El promedio más alto se registró en un curso de agua de Artigas, con 391 partículas por metro cuadrado. En ese sitio, el 29,7 por ciento del área de la cuenca estaba urbanizada y, de acuerdo con el índice de riesgo ecológico potencial ‒que considera tanto el nivel de contaminación como la peligrosidad de los polímeros encontrados‒, el riesgo asociado a los microplásticos fue moderado.
En contraste, no se detectaron microplásticos en seis de los sitios estudiados, todos ellos caracterizados por bajos niveles de urbanización.
Urbanización y saneamiento
Los autores subrayan que el estudio no permite determinar que la falta de saneamiento sea por sí sola la causa de una mayor contaminación. Los análisis identifican asociaciones entre las características de las cuencas y la distribución de microplásticos, por lo que los resultados deben interpretarse en ese marco.
Superficies impermeables, áreas verdes, densidad de población y disponibilidad de saneamiento pueden modificar tanto la generación como el transporte de partículas hacia los arroyos. Ya en el sistema, factores propios del arroyo, como las condiciones hidrológicas y la dinámica de transporte y deposición de sedimentos, determinan dónde se acumulan, explicaron los autores.
Por eso, Suárez destacó que no todos los arroyos urbanos responden de la misma manera y que el porcentaje de urbanización por sí solo no explica toda la variabilidad observada. Teixeira de Mello agregó que la contaminación por microplásticos debe analizarse en el contexto del desarrollo urbano y de la infraestructura disponible.
“En Uruguay, y también en muchas ciudades de América Latina, la expansión urbana no siempre ocurre acompañada por una expansión equivalente de los servicios de saneamiento”, explicó Suárez.
“Esto es importante porque indica que mejorar la infraestructura sanitaria podría tener beneficios que van más allá de reducir la contaminación tradicional por materia orgánica y nutrientes, y potencialmente contribuir también a disminuir determinadas vías de ingreso de contaminantes emergentes como los microplásticos”, concluyó.
Los resultados muestran además la necesidad de incorporar los arroyos urbanos en los programas de monitoreo, porque muchas veces son sistemas pequeños que reciben directamente las presiones de las ciudades y pueden actuar como vías de transporte de contaminantes hacia sistemas acuáticos mayores, advierte el estudio.
Contar con información sobre qué polímeros aparecen, en qué concentraciones y bajo qué condiciones urbanas se acumulan es un primer paso para identificar áreas prioritarias y orientar futuros monitoreos, añade.
Un problema que exige mirar el territorio
Según los investigadores, incorporar los microplásticos a las evaluaciones ambientales, y considerar simultáneamente la urbanización y las desigualdades en el acceso al saneamiento, puede aportar información para diseñar políticas destinadas a reducir los impactos de la expansión urbana sobre los ecosistemas acuáticos.
El trabajo plantea así que la contaminación por microplásticos no debería analizarse únicamente como un problema asociado al consumo y descarte de plásticos, sino también en relación con la forma en que se ocupan los territorios y con el acceso de la población a servicios básicos.
A nivel global, la mayoría de los estudios de este tipo se hacen en países del Norte Global, por lo que este trabajo “es crucial porque aporta datos científicos reales desde el Sur Global. Demuestra que no alcanza con saber qué tan grande es una ciudad, sino cómo vive su gente”, dijo a SciDev.Net Martín Blettler, quien no fue parte de la investigación.
Blettler, experto en contaminación por macro, meso y microplásticos en ambientes terrestres, aéreos y acuáticos, e investigador del Instituto de Investigación y Desarrollo en Bioingeniería y Bioinformática del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Argentina, comentó que estos datos ofrecen herramientas científicas para diseñar políticas públicas de gestión territorial y ambiental que apunten directamente a mitigar este impacto.
“Investigar nuestros propios arroyos y cuencas no es un mero ejercicio académico, es una necesidad urgente para dejar de replicar recetas ajenas y empezar a diseñar políticas públicas basadas en las realidades complejas de nuestro territorio”, agregó.
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