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Doctora en Biotecnología por la Universidad Autónoma de Barcelona, donde ejerce como investigadora Ramón y Cajal, Natalia Sánchez de Groot (Barcelona, 1981) estudia la relación que existe entre la microbiota intestinal y las enfermedades neurodegenerativasSu proyecto resultó premiado en la última edición del programa For Women in Science L’Oréal-Unesco.

Sánchez de Groot y su grupo enfocan su investigación en las moléculas que producen los millones de microorganismos que viven en nuestro sistema digestivo, en su capacidad de interferir con nuestras proteínas y de influir en el desarrollo de enfermedades.

¿Por qué te decidiste a investigar la relación entre el microbiota intestinal y las enfermedades neurodegenerativas? En su discurso de los premios la directora general del CNIO, María Blasco, dijo que “estaba de moda” …

Tanto en el mundo científico como fuera de él, el microbioma es un tema que esta en alza. Hoy más que nunca la ciencia esta comprobando que es cierto que “de lo que se come se cría”. La microbiota intestinal tiene grandes implicaciones en muchos aspectos de nuestro cuerpo y ahora se esta encontrando que también es el origen de muchas enfermedades.

Durante la mayor parte de mi carrera, mis estudios se han centrado en entender las enfermedades neurodegenerativas desde un punto de vista molecular. Pero cuando formé mi grupo de investigación quise estudiar el origen de estas enfermedades de una forma más directa, por eso me centré en el microbioma y en las moléculas que este produce.

Este es un campo prometedor para el diseño de nuevas terapias, ya que existen muchas maneras de manipular nuestra flora microbiana, como por ejemplo el uso de probióticos o antibióticos.

¿Qué estudios científicos en este ámbito te han inspirado?

Por un lado, me he basado en mis estudios previos sobre las moléculas que producen los microorganismos. En ellos, encontré proteínas con potencial para comportarse de una forma parecida a como lo hacen los priones de la enfermedad de Creutzfeldt‑Jakob o la de las vacas locas. Por otro lado, vi que había números estudios que observaban que cambios en la microbiota del intestino estaban relacionados con el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

En el mundo científico ya no hay ninguna duda sobre la conexión entre el intestino y el cerebro, ya que nuestro intestino contiene más de 100 millones de neuronas, más neuronas que la médula espinal. Además, se sabe que el intestino y el cerebro se comunican y forman lo que se llama ‘eje intestino-cerebro’, que influye en muchos aspectos de nuestras neuronas.

Por otro lado, también se descubrió que el intestino era la principal entrada de priones hacia el sistema nervioso en la encefalopatía espongiforme bovina, la enfermedad de las vacas locas.

Así pues, mi objetivo es encontrar algo similar, pero con las moléculas producidas por la microbiota intestinal.

¿En qué consiste exactamente tu proyecto?

Quiero estudiar tres cosas: si los microorganismos que viven en nuestro sistema digestivo producen moléculas capaces de comportarse como los priones, si estas moléculas pueden interactuar con las nuestras y si, de esta manera, pueden ser una de las causas de las enfermedades neurodegenerativas.

¿Cuál será el proceso del trabajo?

Por ordenador buscamos posibles priones entre las proteínas codificadas en el microbioma del sistema digestivo. Después, en un tubo de ensayo, comprobamos que los candidatos seleccionados son capaces de agregar y que pueden transmitir esta agregación a proteínas humanas. Finalmente, analizaremos en células neuronales y modelos vivos si estos priones de la microbiota pueden generar signos de enfermedad neurodegenerativa.

¿Cómo te va a ayudar la beca L’Oreal Unesco en este proyecto? Supongo que 15.000 euros en el ámbito de la investigación no dan para mucho.

Este premio me ayuda de diferentes maneras. Por un lado, estos 15.000 euros los puedo emplear en hacer mejoras en mi laboratorio que otras becas no me permiten. Por otro, mi grupo es joven y esta cantidad de dinero no es despreciable. Además, es un reconocimiento que refuerza la confianza en mi investigación, me da visibilidad y me permite hacer contactos para futuras colaboraciones.

Esta pregunta no se le suele hacer a los hombres investigadores, pero ¿te has sentido discriminada en tu trabajo por ser mujer?

Durante mis 18 años de carrera científica nunca me he sentido discriminada. Es cierto que hay menos mujeres en altos cargos, pero en el día a día hombres y mujeres desempeñan trabajos similares de manera cordial. Además, los sueldos en academia son muy rígidos y básicamente dependen de la categoría laboral.

Pero no es fácil. Tengo una hija de cinco años y no es sencillo compaginar la vida como científica con la familiar. Investigar es un trabajo que nunca se acaba, siempre hay algo más que estudiar y descubrimientos nuevos que hay que seguir para estar al día. Tienes que poner límite a las horas que dedicas a investigar para poder disfrutar de la vida familiar y los amigos.