Argentina.
Un grupo de investigación encabezado por la doctora Alejandra Ponce desarrolla estudios orientados a mejorar la conservación de productos frutihortícolas mediante métodos amigables con el medio ambiente y, al mismo tiempo, analizar la presencia de bacterias de importancia sanitaria en entornos agrícolas.
La línea principal de trabajo se centra actualmente en identificar microorganismos potencialmente peligrosos para la salud humana que pueden encontrarse en distintos ambientes vinculados con la producción de frutas y hortalizas, como los suelos de cultivo, vegetales de consumo cotidiano, agua de riego y fertilizantes orgánicos utilizados en las huertas.
El equipo también estudia la presencia de genes de resistencia a antibióticos asociados a estas bacterias, una problemática que representa un desafío sanitario debido a la capacidad de estos genes de transferirse entre microorganismos presentes en el ambiente.
La investigación se desarrolla en tres niveles de análisis. El primero abarca verdulerías de Mar del Plata, donde se realizan relevamientos y muestreos de productos de consumo masivo, principalmente lechuga. Luego el trabajo se extiende al mercado central y, finalmente, al origen de la cadena productiva, mediante visitas directas a huertas.
Una vez obtenidas las muestras, estas son trasladadas al laboratorio, donde se preparan homogenatos y se cultivan en distintos medios específicos con el objetivo de aislar bacterias que puedan representar un riesgo sanitario.
Posteriormente, los microorganismos identificados son sometidos a pruebas bioquímicas tradicionales para determinar sus características. En una segunda etapa, el análisis avanza hacia estudios moleculares que permiten confirmar con precisión la especie bacteriana detectada.
Además, el grupo emplea metodologías más complejas como la secuenciación genética, que permite analizar el material genético de cada bacteria y detectar la presencia de genes vinculados con resistencia antimicrobiana.
La investigación pone especial atención en estos genes, ya que pueden permanecer en el ambiente incluso cuando no se detectan bacterias patógenas activas. Esto representa un factor de riesgo, debido a que otros microorganismos presentes en el entorno agrícola pueden incorporarlos y convertirse en potenciales transmisores de resistencia.
Por: Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP).
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