México.

Los mares y océanos son fundamentales para la vida en el planeta, pero diversas actividades humanas están deteriorando los ecosistemas marinos y costeros de México, especialmente en el  Golfo de California. Así lo explicó Octavio Aburto, investigador del  Instituto de Oceanografía Scripps, quien advirtió que las amenazas se dividen en acciones directas e indirectas.

Entre las acciones directas, el especialista señaló la sobrepesca, la destrucción de manglares, la contaminación y la pérdida de hábitats naturales.

Estamos sobreexplotando los ecosistemas. Por ejemplo, en la pesca, si sacamos más peces de los que se reproducen, estamos hablando de sobrepesca”.

El investigador explicó que numerosos bosques de manglar han desaparecido para dar paso a granjas camaronícolas y otros proyectos agrícolas.

“Muchos de estos bosques de manglares se han eliminado para instalar granjas camaronícolas. También se han cortado para establecer otros cultivos, como la palma africana”.

A estas problemáticas se suma el crecimiento de desarrollos turísticos sin criterios de sostenibilidad y el tratamiento deficiente de aguas residuales, que transportan metales pesados y residuos farmacológicos hacia el mar.

“Todo esto está afectando a las especies de manera directa: la sobreexplotación, la contaminación y la fragmentación del hábitat”.

En cuanto a las acciones indirectas, el experto destacó el impacto del cambio climático, que modifica las condiciones de los océanos a nivel global.

“El océano está absorbiendo  30 % de los gases de efecto invernadero que enviamos a la atmósfera. Esto provoca dos efectos muy importantes: el océano se está calentando y muchas especies cambian su rango de distribución o incluso mueren. Además, el mar se está acidificando porque absorbe más CO₂, lo que altera su composición química”.

Aburto comparó este fenómeno con exprimir un limón en un vaso de agua, ya que la acidificación afecta a numerosos organismos marinos y altera el equilibrio de los ecosistemas.

Aunque las autoridades han impulsado leyes y normas ambientales para proteger los mares, el investigador considera que todavía es necesario fortalecer la educación y la participación ciudadana.

“Somos un país con miles de kilómetros de costas, pero en los libros de texto aparece menos del  1 % de información sobre nuestros mares. Por eso impulsamos una mayor alfabetización oceánica, para que niñas, niños y jóvenes comprendan desde edades tempranas la importancia de cuidar el océano”.

El especialista concluyó que acercar el conocimiento científico a la sociedad y fomentar la ciencia ciudadana puede ser determinante para desarrollar estrategias de conservación y comprender que, sin importar dónde vivamos, nuestras acciones también impactan en los ecosistemas marinos.

NCC/ Denisse Godínez