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El dolor crónico no siempre lleva a la depresión y ahora sabemos por qué. Un estudio publicado en Science ha identificado un mecanismo en el cerebro que marca la diferencia. Los investigadores analizaron datos de miles de personas y observaron el papel del hipocampo, una región clave para la memoria y las emociones.

En quienes tienen dolor crónico, pero no depresión, el hipocampo es más activo y funciona mejor. Es como si el cerebro intentara adaptarse. Pero con el tiempo esa respuesta puede fallar. En algunos casos aparecen cambios progresivos, menos actividad, peor rendimiento cognitivo y finalmente síntomas depresivos.

La clave parece estar en unas células inmunitarias del cerebro, las microglías. Cuando se activan de forma anómala, interfieren con el funcionamiento neuronal y marcan el paso hacia la depresión. En modelos animales, bloquear esta respuesta redujo los síntomas.

El hallazgo sugiere algo importante: La depresión no es inevitable en el dolor crónico y podría prevenirse si se actúa a tiempo.