Panamá.

Con unos 80 kilómetros de longitud, el canal de Panamá une los océanos Atlántico y Pacífico. Por allí pasa el 6% del Comercio Marítimo Mundial, o 14.000 barcos al año. Sus operaciones están hoy perturbadas por la sequía, impulsada por el fenómeno de ‘El Niño’ y el cambio climático.

Durante su construcción en 1914, dos enormes lagos artificiales fueron creados inundando zonas montañosas situadas entre los dos océanos. Se alimentan de un río y de las lluvias.

Las esclusas están situadas en cada extremo. Utilizan agua dulce para subir y bajar los barcos, según el principio de vasos comunicantes. Vierte en parte del agua al mar. Si el nivel en los lagos es bajo, a las esclusas les resulta más difícil elevar los barcos.

Las nuevas esclusas, agregadas en 2016, fueron diseñadas para liberar menos agua dulce al océano. Tienen tres niveles, cada uno con tres tinas de recuperación.

Durante el tránsito de un barco, el agua de los lagos desemboca en las tines inferiores, donde se reutiliza el 60% del agua. A pesar de ello, cada paso de un barco sigue utilizando 200 millones de litros de agua dulce.