Francia.

Con una obra que confronta la cultura tradicional de los pueblos andinos y los efectos arrasadores del consumismo, el artista aymara Cristian Laime expone por primera vez en París, la meca del arte con la que soñaba cuando estudiaba bellas artes en Bolivia, su visión de la Pachamama del siglo XIX.

La mujer que lo crió en solitario y que siempre lo apoyó en su sueño de dedicarse a la pintura, su madre Amalia, es la modelo que devuelve la mirada en casi todos los cuadros presentes en esta muestra, donde el símbolo de la cholita boliviana y los vivos colores de sus atuendos se transfiguran por la presencia de grandes plásticos que inundan las escenas.

En una realidad en la que el mar de materiales de la globalización y el consumismo asfixian a la Pachamama (que significa Madre Tierra o Madre del Mundo en idioma aymara y quechua), los personajes de Laime hacen de ellos sus ropas en un intento de no quedar atrapados mientras lidian con la realidad de estos tiempos.

En París, además, Laime es un ejemplo de cómo el arte de los pueblos originarios, que en la historia del arte normalmente se había quedado en el cliché y la mirada exótica y colonialista, está encontrando sus propios espacios. Y la globalización, aún con sus efectos perversos, tiene también buena parte de la responsabilidad de este aspecto positivo.