México.

 

La obra fotográfica de Cecilia Hurtado se dirige como un ejercicio de memoria visual que trasciende el registro documental para convertirse en un espacio de reflexión sobre el tiempo, la identidad y la permanencia de los recuerdos. A través de su lente, la artista construye narrativas donde la imagen no solo captura instantes, sino que preserva huellas de experiencias individuales y colectivas.

“Todo mundo toma fotos y de las cosas más insignificantes, de todo tiene que quedar una evidencia, un registro, desde yo qué sé, desde qué cosa hizo mi gato, qué cosa hizo mi perro, qué comí, a dónde fui de vacaciones, ¿sabes? Las festividades y también otras cosas poco más, digamos, importantes. Pero esas pequeñas cosas de lo cotidiano también son memoria y también configuran quiénes somos y cómo nos vemos y también cómo queremos ser vistos, ¿no? Entonces, en ese sentido, creo que la fotografía siempre ha sido una herramienta…”, comparte la artista.

En cada una de sus series, Hurtado explora la capacidad de la fotografía para funcionar como archivo emocional. Sus imágenes revelan fragmentos de historias, paisajes y rostros que dialogan con el pasado, permitiendo que aquello que podría quedar relegado en el olvido encuentre una nueva forma de existencia. La cámara así se transforma en una herramienta para rescatar memorias y dotarlas de una presencia renovada.

“Yo creo que mi trabajo es eso, es un poco esta reflexión sobre los usos y la materialidad fotográfica, el cómo funciona la memoria a través de la fotografía y cómo nosotros como seres humanos necesitados de estas evidencias podemos configurar mejor nuestra realidad. Es algo por ahí yo creo que me iría”, continuó Cecilia.

En una época marcada por la sobreproducción de imágenes y la velocidad del consumo visual, la propuesta de Hurtado reivindica el valor de la fotografía como acto de conservación y reflexión. Su trabajo recuerda que fotografiar es también una forma de resistir al olvido, de preservar vínculos y de mantener vivas aquellas historias que conforman el tejido de la experiencia humana.

“Para mí creo que mi mayor miedo ha sido perder la memoria, entonces de alguna manera la fotografía creo que me ha ayudado a pelear ese miedo, a entender que también el olvido es natural y sano. Hay partes que es mejor olvidarlas, pero también me interesa esa parte, como esas ausencias, lo que no está. ¿Por qué fotografiamos esto y no lo otro y qué sucede en esa negociación y en esa puesta en balanza?”, concluyó la fotógrafa mexicana.

 

(Canal 44).