Europa.

 

Las praderas marinas alimentan y protegen a numerosas especies, pero al llegar a la playa se convierten en un residuo. En la isla báltica de Poel, un joven empresario las transforma en un valioso material para la construcción de viviendas. Una vez limpio y seco, el pasto marino se vuelve valioso.

“Es un material muy ligero y esponjoso con muchas bolsas de aire, es un excelente aislante térmico”, explica el emprendedor Vincent Marnit.

En la Isla báltica de Poel, los equipos de limpieza retiran cada mañana el pasto marino antes de la llegada de los turistas. Cada año, el mar arrastra hasta la costa unas 1000 toneladas, los responsables turísticos apoyan su reutilización.

“A largo plazo podríamos ahorrarnos el costo de eliminarlo, porque deshacernos de esta biomasa sigue siendo bastante caro”, continúa Vincent.

En el vertedero municipal, ha instalado su planta de producción de este material aislante ecológico, primero una máquina separa la arena del pasto marino, después el material se seca al sol en cajas diseñadas por él mismo para reducir los costos. El margen de beneficio en los materiales de construcción es muy reducido, hay que controlar muy bien los costos en el proceso de preparación. Tras el procesado, solo queda un 5% por ciento de pasto marino puro, el resto es arena, por ahora se utiliza únicamente en construcciones privadas, pero se están realizando pruebas para homologarlo como aislante en toda Europa. Marnit ya recibe consultas de países mediterráneos y de Portugal, de personas interesadas en su método.

“Por ejemplo, tenemos un tipo de alga que nos enviaron desde las Azores. Ahí supone un enorme problema de residuos. Es parecida al pasto marino, cuando se seca esta alga no se diferencia mucho de una hoja de pasto marino”, explica Vincent.

El aislante ecológico tiene una gran demanda, pero Marnit aún no puede producir suficiente. Ya lo ha instalado en 25 viviendas, el propietario Billy Marten también eligió este material porque no contiene sustancias nocivas y lo usa para aislar los suelos de sus dormitorios. Otra de las ventajas es que el pasto marino contiene mucha sal, no arde. Además, no genera moho y es resistente a la putrefacción. 

El pasto marino es solo algo más caro que otros materiales aislantes. Vincent Marnit quiere seguir mejorando su método, y espera poder procesar pronto el material de otras localidades del mar Báltico, a donde cada año llegan a la costa decenas de miles de toneladas.

 

(DW).