El ruido generado por embarcaciones a motor y la actividad de turistas en playas puede alterar la comunicación entre los peces de arrecife y afectar procesos esenciales como la alimentación, la reproducción y la defensa del territorio, según un estudio divulgado este lunes por investigadores de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), en el noreste de Brasil.

La investigación, publicada también en la revista científica Neotropical Ichthyology y divulgada por la Agencia Bori, concluyó que la contaminación acústica provocada por actividades humanas reduce la diversidad y frecuencia de los sonidos emitidos por los peces, con posibles consecuencias para la salud de los arrecifes de coral.

De acuerdo con uno de los autores del estudio, Túlio Freire Xavier, del Laboratorio de Investigación en Ictiología y Ecología de Arrecifes de la UFPE, el análisis mostró una «reducción clara en la ocurrencia de los sonidos producidos por los peces» precisamente en las zonas con mayor presencia de ruido generado por la actividad humana. «Esto puede ocurrir porque los sonidos quedan enmascarados por el ruido de las embarcaciones, dificultando su detección, o porque algunos peces reducen o modifican la producción de sonidos como respuesta al ruido», explicó el investigador.

El trabajo fue realizado en las playas de Carneiros, dentro del Área de Protección Ambiental (APA) de Guadalupe, y Tamandaré, en la APA Costa dos Corais, dos destinos turísticos del litoral del estado de Pernambuco, en el noreste de Brasil, durante la temporada alta de turismo, entre enero y febrero de 2022, y posteriormente en abril de 2023. Los investigadores instalaron sistemas de grabación subacuática que registraron diez horas continuas de sonidos por jornada, acumulando un total de 80 horas de monitoreo acústico. Paralelamente, buzos realizaron censos visuales para identificar las especies presentes, registrando entre 18 y 23 especies y cerca de 1.400 peces en la playa de Carneiros.

El estudio identificó nueve tipos distintos de sonidos producidos por peces, de los cuales tres dejaron de registrarse en las áreas con mayor presencia de personas y embarcaciones. Según los investigadores, muchos peces utilizan señales acústicas para localizar parejas durante la reproducción, defender su territorio, coordinar interacciones grupales, alimentarse y detectar depredadores.

La investigación también detectó una disminución de la complejidad acústica en los arrecifes expuestos al ruido humano, un indicador que mide la diversidad de patrones sonoros presentes en el ecosistema. Aunque el estudio se realizó en la costa de Pernambuco, los autores consideran que el problema puede repetirse en otros arrecifes brasileños con intenso tráfico de embarcaciones y turismo náutico.