Italia

Gigantes de luz bajo los solemnes arcos de las Procuratie Vecchie: Murano extiende sus alas de cristal y Venecia se envuelve en un hechizo.

No es solo el «salón del mundo», la Plaza de San Marcos, sino también un escenario suspendido con 12 candelabros creados por prestigiosos talleres de vidrio, bajo la dirección de artistas y diseñadores internacionales.

Esta es más que una muestra al aire libre, es un desfile de alta costura hecho de tejido y cristal, donde el fuego se convierte en diseñador para dar vida a creaciones únicas que desafían la gravedad y la materia.

Aquí está la pasión desbordante de un corazón; un latido escarlata suspendido en el vacío, pétalos de vidrio encendidos y entrelazados en un vórtice barroco.

Una obra monumental que refracta la luz, transformando objetos domésticos en esculturas e iconos universales.

Huevos soplados y tentáculos realizados con la técnica de las bussole; sistemas de micro-LED que dialogan con la materia antigua y celebran la naturaleza en un juego de color.

“Siento que la luz se convierte en un gran cortocircuito donde el arte, la artesanía y la historia se fusionan; un fenómeno que sólo puede ocurrir aquí, en Venecia”, relató Matteo Silverio, Coordinación de la muestra «Murano ilumina el mundo». 

Gotas y polvos suspendidos en un mar de vidrio que el tiempo ha detenido.  Es el saber antiguo de los maestros vidrieros que, a través de la visión artística, da vida a obras inigualables.

Así, una rama florida de vidrio borosilicato, constelada de capullos, desafía el frío invernal en un triunfo de ramas y gemas que evocan la «primavera de Oriente», inspirada en los años veinte.

“La unión entre la ejecución, el pensamiento y la poesía de la obra se convierte en algo excepcional”, destacó Silverio.

Brazos y ángeles de color marfil tocan instrumentos clásicos, danzando en una sinfonía de cristales y figuras celestiales. 

Discos de vidrio superpuestos y tonalidades inspiradas en la laguna crean movimientos circulares, vibrantes y minimalistas, evocando la fluidez y los reflejos del agua con diseños y colores extraídos del techo de la estación de tren de Santa Lucía.

Cada lámpara reclama su espacio: esferas lunares trabajadas a mano, jaulas que atrapan aves y otras formas que emprenden el vuelo evocando el mito del Edén. Del soplo y del fuego emergen formas orgánicas y tentáculos marinos. Discos y espirales trazan el gesto centenario del maestro vidriero. Los 12 “guardianes de Venecia” reúne historia y diseño, provenientes de un horno que no se ha apagado desde el año 1291.

Por: RAI