Durante cerca de medio siglo, la Sala Nezahualcóyotl de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha sido uno de los recintos más emblemáticos para la música de concierto en toda América Latina.

Concebida originalmente como la casa de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM), su prestigio acústico y arquitectónico la ha convertido en un punto de referencia para músicos de todo el mundo, que hoy atraviesa una importante transformación, a tono con los cambios del panorama cultural contemporáneo.

Además de albergar grandes orquestas y solistas internacionales, la Sala se ha consolidado como un laboratorio vivo para la creación musical mexicana, donde convergen proyectos emergentes, grabaciones experimentales y diálogos entre distintos lenguajes musicales.

«La Sala Nezahualcóyotl es un recinto construido hace casi 50 años, específicamente para albergar a una orquesta sinfónica», explicó José Díaz, director general de Música UNAM, quien destacó que el proyecto fue impulsado en su momento por el director Eduardo Mata para ofrecer un espacio acústico de clase mundial dedicado a la música sinfónica.

Con capacidad para más de 2.200 personas y un diseño inspirado en la Filarmónica de Berlín, el recinto sitúa el escenario al centro, rodeado por el público. Su ingeniería acústica, con una cámara resonante bajo el escenario y un domo reflejante, permite que cada detalle musical se perciba con claridad.

«Esta sala es muy transparente. También es un gran reto para quienes se presentan. Se escucha todo y creo que la claridad, el balance entre la resonancia y la opacidad son muy adecuados», dijo Díaz.

«Está pensada para que de cualquier lado el público pueda tener una experiencia acústica completa, integral… Es un placer, un privilegio, poder escuchar la música en vivo, la música sinfónica en un recinto como este», agregó.

A lo largo de décadas, grandes solistas y directores han elogiado la calidad sonora del recinto, pero en el siglo XXI la sala también se ha abierto a nuevos formatos que amplían su función dentro del ecosistema musical mexicano.

Programas interdisciplinarios, proyecciones cinematográficas con música en vivo, proyectos escénicos híbridos y colaboraciones con música tradicional forman ahora parte de su programación.

Para Díaz, estas iniciativas buscan ampliar el alcance cultural del recinto y conectar con nuevas audiencias.

«Buscamos ofrecer al público universitario y al público en general propuestas innovadoras (…) proyectos que uno no esperaría en una sala de conciertos de este tipo», señaló.

Uno de esos ejemplos es el trabajo del ensamble mexicano de música contemporánea Liminar, dedicado en uno de sus proyectos a rescatar la música del compositor mexicano Julián Carrillo, pionero del llamado «sonido 13», una exploración de microtonos que anticipó varias corrientes de la vanguardia musical.

Para el guitarrista y compositor Carlos Iturralde, integrante del grupo, grabar en la Sala Nezahualcóyotl representa un sueño para muchos músicos.

«Cuando uno va a otros lugares compara el sonido (…) El sueño de grabar algo aquí o de tocar aquí yo creo que cualquier músico se lo ha imaginado (…) Es un privilegio hacer que estas obras suenen y se documenten en esta sala», afirmó.

El proyecto del ensamble incluye la grabación de obras poco interpretadas de Carrillo y la publicación de un libro-discográfico que difundirá su legado.

Alexander Bruck, violista y creador de Liminar, destacó que la acústica del recinto permite que la música de cámara, especialmente delicada en su equilibrio sonoro, alcance una dimensión especial.

«Es la sala más emblemática del país, una de las más grandes de América Latina y un proyecto de esta importancia necesitaba un espacio así», explicó, al tiempo que ponderó que las piezas que graban en su actual proyecto «necesitan un espacio acústico especial para realmente poder florecer».

La apertura actual de la Sala Nezahualcóyotl también se refleja en la integración de repertorios populares al escenario sinfónico.

El director de orquesta mexicano Iván López subrayó que este tipo de encuentros permite tender puentes entre tradiciones musicales y públicos diversos.

«Esta sala logra hacer dialogar distintas maneras y facetas musicales en un solo programa (…) El mundo clásico y la música tradicional mexicana se encuentran aquí», dijo López a Xinhua.

Para el director, la acústica envolvente del recinto es parte fundamental de esa experiencia.

«La música te envuelve, te arropa, te protege. Es un sonido aterciopelado, es un sonido redondo, es un sonido cálido, también con mucha claridad. Es una acústica que permite identificar a los diferentes instrumentos, una sala con la reverberación justa», describió.

Más allá de su arquitectura, López consideró que la Sala Nezahualcóyotl se mantiene vigente porque ha logrado convertirse en un espacio cultural vivo.

«Un recinto no es nada más su arquitectura, es su historia, su esencia, su presente y su futuro. Esa magia hace que la Sala Nezahualcóyotl sea un recinto vivo», afirmó.

En un país como México, donde la diversidad musical abarca desde las tradiciones regionales hasta las vanguardias contemporáneas, este recinto universitario se consolida como un punto de encuentro entre generaciones, estilos y visiones creativas.

La apertura a nuevas propuestas, además de ampliar el acceso a uno de los espacios culturales más prestigiosos de México, refuerza su papel como motor de la creación musical nacional.