São Paulo, Brasil.
La deforestación destruyó siete millones de hectáreas de bosques nativos en el mundo en 2025, un 15 por ciento menos que en 2024. Pese a esta caída, la pérdida sigue muy por encima del nivel necesario para cumplir la meta de deforestación cero en 2030.
El diagnóstico proviene de la edición de 2026(opens in new tab) del Forest Declaration Assessment, elaborado por una coalición de organizaciones de la sociedad civil y de investigación y que evalúa los avances en el cumplimiento de los compromisos asumidos por países, empresas e inversores de eliminar la deforestación y restaurar el 30 por ciento de los ecosistemas forestales degradados para 2030.
Para ello, mide las variaciones anuales de la pérdida de bosques(opens in new tab) respecto del período de referencia 2018-2020 —cuando la deforestación alcanzó un promedio de 8,3 millones de hectáreas al año— y evalúa si su reducción avanza al ritmo necesario para llegar a cero en 2030.
“Es una buena noticia, pero seguimos muy lejos del progreso necesario para alcanzar la meta de deforestación cero para 2030”, señaló a SciDev.Net Erin Matson, coautora del informe, al comentar el descenso en la deforestación.
Entre 2021 y 2024, la deforestación anual prácticamente no se apartó de la línea de base de 8,3 millones de hectáreas. Según Matson, para mantener el rumbo hacia la deforestación cero en 2030, la pérdida de bosques tendría que disminuir en alrededor de un millón de hectáreas al año.
“A ese ritmo, en 2024 la deforestación no debería haber superado los cinco millones de hectáreas, pero llegó a ocho millones. En 2025, tendría que haber bajado a 4,2 millones de hectáreas, pero sumó siete millones”, añadió.
Esto hace que el 2025 sea una excepción, no una nueva normalidad.
“Si estuviéramos en camino de alcanzar la deforestación cero, hoy seguirían en pie 10,7 millones de hectáreas de bosque, una superficie del tamaño de Islandia”, agregó Matson, consultora principal de Climate Focus, organización de asesoría internacional comprometida con el desarrollo de políticas(opens in new tab) y proyectos que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero.
Diferencias regionales
La situación es especialmente preocupante en la cuenca del Congo, en África, la segunda más extensa del mundo después de la Amazonía y hogar de una de las mayores superficies de bosque tropical intacto que quedan en el planeta.
En 2025, la región perdió 2,4 millones de hectáreas, cifra similar a la de América Latina tropical —uno de los principales focos de deforestación del mundo—, que perdió 2,5 millones.
Según el informe, en los últimos cinco años, medidas adoptadas en algunos países latinoamericanos —como la reactivación del plan de acción contra la deforestación en la Amazonía y el refuerzo de la fiscalización en Brasil— contribuyeron a reducir la deforestación en un 33 por ciento en la región. Esta disminución fue el principal factor detrás de la caída mundial registrada en 2025.
En cambio, en la cuenca del Congo, donde la pérdida de bosques se debe principalmente a la expansión de la agricultura(opens in new tab), la tala y la minería, el informe no logró identificar ninguna iniciativa similar en marcha para frenar la deforestación.
Avances en riesgo
Incluso en América Latina, no hay garantías de que los avances de los últimos años se mantengan. Según el informe, la protección de los bosques en la región “depende en gran medida de las decisiones de un pequeño número de gobiernos(opens in new tab)”, cuyas políticas pueden cambiar rápidamente en función de los resultados electorales.
En Colombia, el recién elegido presidente Abelardo de la Espriella ha señalado una ruptura con las políticas de protección forestal de su antecesor al revocar restricciones a la minería y prometer apoyo a la expansión de la explotación de petróleo y gas. Ambas medidas representan amenazas potenciales para los bosques.
Mientras tanto, en Perú, la presidenta Keiko Fujimori ha prometido acelerar las inversiones en minería, incluso mediante un sistema de aprobación exprés e incentivos fiscales, lo que pone en riesgo incluso áreas nacionales protegidas de La Amazonía.
En Brasil, el actual gobierno ha mantenido una postura favorable a la protección de los bosques, pero un cambio en las elecciones presidenciales de finales de octubre podría tener serias implicaciones para el futuro de la Amazonía, especialmente ante las crecientes amenazas climáticas.
“El próximo presidente de Brasil gobernará durante una ventana de vulnerabilidad extrema, en la que frenar la deforestación será la única palanca que quede para alejar a la Amazonía del borde del desastre”, dice a SciDev.Net la geógrafa Ane Alencar, directora científica del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (IPAM), que estudia la Amazonía y el Cerrado.
“Independientemente del resultado, el sector del agronegocio ha demostrado que puede convivir con una reducción significativa de la deforestación”, agrega. “En los últimos años, logramos una reducción importante de la deforestación y el sector no se ha visto perjudicado”.
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