“Pues lo que es cierto para el trigo es cierto también para una civilización. El trigo nutre al hombre, pero el hombre a su vez preserva al trigo de la extinción almacenando su semilla. La semilla almacenada es una especie de herencia recibida por una generación de trigo tras otra. Si el trigo ha de florecer en mis campos, no basta con que sea capaz de describirlo y desearlo. Debo poseer la semilla de la que brota. Y lo mismo ocurre con mi civilización, porque ella también brota de la energía contenida en una semilla”
Antoine de Saint-Exupéry, Capítulo XXIII, Piloto de Guerra (1942).
El cambio climático, el cambio ambiental global, la recurrencia permanente de crisis económicas y financieras y el avance bélico que nos puede llevar rápidamente hacia el invierno atómico, pone en tela de juicio, tanto la forma como el estilo de consumo en que abordamos la producción de nuestros alimentos y el manejo que la humanidad ha hecho y hace sobre lo más básico de los mismos: las semillas.
Varias veces, se ha repetido que el sistema alimentario mundial está quebrado. La intensificación agropecuaria promovida por la globalización monopólica de las corporaciones transnacionales y la concentración y apropiación de los recursos que nos presenta la tendencia geopolítica dada por las llamadas áreas de influencia, amenazan, más que solucionan una problemática que millones de humanos tienen diariamente y otros – quienes aún se consideran seguros – no se han percatado de la debilidad mundial a la que el sistema alimentario agroindustrial los expone (Pengue, 2023).
La biodiversidad mundial y junto con ella la agrobiodiversidad agroalimentaria ha sido arrastrada a un cuello de botella donde la disponibilidad de variabilidad genética que colabore con la humanidad en el mantenimiento de la producción y la posibilidad de enfrentar plagas, enfermedades, adaptaciones a clima y nuevos ambientes o ambientes transformados, se encuentra reducida y hasta amenazada. En estas columnas, he destacado recurrentemente la relevancia y los enormes servicios prestados a los humanos por una silenciosa pero activa naturaleza.
Poco menos de 12.000 años hemos recorrido y coevolucionado con los cultivos que llegan a los platos diarios de la humanidad. En los primeros tiempos, lo hicimos seleccionando y por prueba y error, quedándonos con los más estables y hasta productivos. No existían en esos tiempos ni la transgénesis, ni la genómica o proteómica que nos colaborarían y también nos complicarían la posibilidad de una producción sostenible, pero alejada de la dependencia de insumos químicos externos o la petroleodependencia. Por otro lado, la uniformidad genética y los modelos agropecuarios de la Revolución Verde (Pengue, 2000, Miranda, 2001) y luego la Biorrevolución (Pengue, 2005), contribuyeron a borrar miles de variedades de cultivos locales y hasta de saberes campesinos relevantes para enfrentar nuevos procesos climáticos y ecológicos.
Frente a esta serie y cascada de procesos, la mayoría derivados de nuestras acciones antrópicas y la clara preocupación de una buena parte de los científicos del mundo, que surgió la necesidad de reaseguro para el cuidado y protección de las semillas del mundo.
Una caja de seguridad biológica que se encuentra sepultada en el permafrost del Ártico. Allí, una parte importante – pero no toda – de las semillas del mundo se guardan 120 metros adentro de una montaña de piedra arenisca y permafrost en la isla de Spitsbergen, en el archipiélago ártico de Svalbard, Noruega (Imagen).
El Arca, como le llaman a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard fue creada en el año 2008 por un grupo de investigadores, conservacionistas y el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional con el fin de preservar la mayor cantidad de semillas posibles relacionadas con la seguridad – pero que debería también contemplar – la soberanía alimentaria global.

Exterior de “El Arca”, en Svalbard. (Fuente de la imagen: Landscape Alliance Forest News).
El Arca, no es a diferencia de los Bancos de Germoplasma nacionales o administrados por organismos multilaterales, el lugar de primera instancia donde se puede recurrir a pedidos de muestras y materiales biológicos para el trabajo de fitotecnistas o mejoradores. Es un reaseguro pensado para crisis aún mayores. Aquellas que como he mencionado precedentemente impulsen a la humanidad a una conflagración bélica, una crisis climática o un movimiento social que literalmente destruya los Bancos de Germoplasma nacionales.
Actualmente las instalaciones tienen capacidad para el guardado de 4,5 millones de muestras de semillas, contenidas en bolsas de aluminio herméticas que contienen 500 semillas cada una (SeedVault, 2026). Según la FAO (2025) en febrero de 2025, se almacenaban en Svalbard más de 1,3 millones de muestras de semillas, que representan más de 6.200 especies de plantas, en un entorno seguro y prohibitivo hasta para los propios científicos bajo estrictas normas de bioseguridad y controlado (-18 grados C) para garantizar su disponibilidad futura, en los casos más dramáticos.
El Banco Global de Semillas de Svalbard ofrece almacenamiento gratuito a largo plazo de duplicados de semillas procedentes de bancos de genes e instituciones internacionales, nacionales y regionales. La propiedad de las semillas pertenece al banco de germoplasma del país que las depositó. En el Banco de Semillas, se almacenan bajo estrictas medidas de seguridad, lo que significa que solo la institución que las depositó tiene acceso a ellas y está autorizada a retirarlas. Su administrador local es NordGen.
NordGen es el banco de genes y centro de conocimiento de recursos genéticos de los países nórdicos. Su función en la colaboración con El Arca (Seed Vault) consiste en gestionar los contactos con los bancos de germoplasma locales, administrar los depósitos de semillas y actualizar el Portal de Semillas y presentar una base de datos de acceso público que recopila la información sobre las semillas almacenadas en Seed Vault (NordGen, 2026).
El lugar, alejado de todo y en una área especialmente seleccionada, resguarda las semillas en una zona montañosa con una temperatura estable exterior de entre -3 y -4 °C. El área de almacenamiento de semillas cuenta con un sistema de refrigeración adicional para mantener la temperatura constante a -18 °C. La electricidad para la Bóveda de Semillas proviene de la central eléctrica pública de la pequeña localidad de Longyearbyen. Además, la Bóveda está equipada con generadores que proporcionan electricidad en caso de un corte de suministro (SeedVault, 2026).
El almacén de semillas consta de tres naves, cada una con una base de aproximadamente 9,5 x 27 metros. Actualmente, solo una de las tres naves está en uso, refrigerada a -18 °C y equipada con estantes para cajas de semillas. Cuando esta nave alcance su capacidad máxima, la segunda nave de almacenamiento se preparará y refrigerará a la temperatura necesaria para la conservación de las semillas (SeedVault, 2026).
Los bancos de germoplasma vegetal son la base del suministro mundial de semillas y la primera línea en la protección de las mismas para la producción de alimentos. Conservan la diversidad de los cultivos y sus parientes silvestres, y la ponen a disposición de investigadores, mejoradores y agricultores, ayudando así a nuestros sistemas alimentarios a adaptarse a los crecientes desafíos que enfrenta la humanidad. Sin embargo, estas colecciones no son indestructibles. Y si algo sucediera, la humanidad enfrentaría el hambre y la muerte. Son aproximadamente 1.700 a 1.750 bancos de germoplasma o de semillas en todo el mundo, los cuales resguardan millones de muestras de la biodiversidad agrícola y silvestre del planeta. La red del CGIAR, está integrada por once de los bancos de germoplasma más importantes y consultados a nivel global, destacando centros como el CIAT en Colombia o el CIMMYT en México. En su red, el CGIAR guarda aproximadamente unas 760.000 muestras. En los Estados Unidos, el Banco Nacional de Germoplasma de Plantas de EE. UU. (USDA – Fort Collins) maneja una de las colecciones activas más inmensas de semillas, tejidos y plantas, superando las 600.000 muestras y en China, Banco del Instituto Kunming de Botánica es el depósito de germoplasma de especies silvestres más relevante de Asia, con colecciones masivas enfocadas en la biodiversidad regional y mundial. En México el Centro Nacional de Recursos Genéticos del INIFAP) tiene una capacidad para 800.000 accesiones mientras que Brasil cuenta con 147 Bancos de Germoplasma Activos y la Argentina, lo centraliza en uno, diversificados en 20 Bancos regionales.
Pero todos ellos son la primera garantía, de resguardo de materiales. Las amenazas globales a la seguridad alimentaria son tan grandes y posibles, que los científicos, preocupados por el resguardo del material biológico más importante para la humanidad como otrora lo hiciera Nicolai Vavilov (Pengue, 2023) necesitan de un reaseguro, y esto se ha propuesto como primera solución en “El Arca de Svalbard”.
Por supuesto, que las semillas que intenta resguardar El Arca, tienen relación directa con la seguridad alimentaria (Imagen). Hasta hoy en forma individual guarda un número de 642 millones de semillas y tiene capacidad para almacenar hasta 2.500 millones, centrándose en cultivos alimentarios, por lo que el 69% de las semillas son cereales (el arroz es la especie más abundante, con 85 millones, seguido por el trigo) y el 9 % legumbres. Semillas como el mijo perlado (13 %), el arroz (12 %), mijo africano (11 %), trigo (8,4 %), sorgo (7 %), cebada (7 %), o maíz (3 %), se guardan, entre muchas otras en El Arca.

Semillas y almacenamiento. Fuente: (NordGen, 2026)
Se guardan allí, semillas de todos los continentes, incluida la Antártida (aunque técnicamente provienen de algunas pequeñas islas entre la Antártida y África). Asia y África representan el 62% de todas las accesiones resguardadas. Hasta ahora, se han retirado semillas en muy pocas oportunidades, uno de ellos fue el caso de la guerra de Siria.
Evidentemente, la ciencia ha hecho un esfuerzo descomunal por preservar la relevancia del material genético para toda la humanidad. No obstante, Svalbard es una estrategia de conservación ex-situ, donde las semillas guardadas celosamente, quedan congeladas en el tiempo. Mientras tanto, afuera, el cambio climático avanza de forma dinámica, mutando los ciclos hídricos y las presiones de plagas y generando o en ausencia de, inhibiendo procesos coevolutivos imprescindibles de seguir entre plantas, clima y entorno. La verdadera resiliencia no estaría a mi entender sólo en un búnker inerte, sino en buscar garantizar la conservación in-situ. Es decir, en los campos de los agricultores familiares y de los pueblos originarios, donde las semillas evolucionan campaña tras campaña adaptándose a las nuevas realidades ambientales.
Aunque se presenta como un bien público global, la implementación real se rige estrictamente bajo el paraguas del Tratado Internacional sobre Recursos Genéticos Vegetales de la FAO. Históricamente, no todas las comunidades ni semillas acceden por igual. Existe una tensión histórica entre las lógicas corporativas de apropiación (mediante patentes y derechos de obtentor) y el derecho soberano de los pueblos a sembrar, intercambiar y guardar sus semillas libres de la transformación genética. De hecho, la normativa de Svalbard prohíbe tajantemente el almacenamiento de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) en su Banco, probablemente consustanciados con las demandas políticas de su propia esfera local.
La utilidad real de la bóveda quedó demostrada de forma dramática en 2015, cuando el centro de investigación ICARDA (Alepo, Siria) tuvo que retirar duplicados de Svalbard para reconstruir su colección destruida por la guerra. Esto nos demuestra que el depósito funciona ante emergencias geopolíticas o climáticas inmediatas. Sin embargo, confiar la seguridad alimentaria mundial a una infraestructura remota —en un Ártico que hoy sufre un deshielo acelerado superior a la media global— y que hoy mismo se encuentra bajo las tensiones geopolíticas de las llamadas tres esferas de influencia (EE.UU., Rusia y China, aunque por el Tratado de Svalbard, de no militarización no están aún allí), es una apuesta tecnológica riesgosa que de ninguna manera reemplaza el trabajo cotidiano de conservación in-situ de millones de agricultores y agriculturas de todo el mundo y el cambio urgente de las prácticas de manejo insostenibles de la agricultura industrial por otras relacionadas a la urgente transición agroecológica en nuestros territorios.
Este Arca de Noé vegetal es un síntoma de nuestra propia incapacidad para cuidar tanto la biodiversidad como la agrobiodiversidad. Es un esfuerzo por el otro lado valioso y altruista de una buena parte de los científicos del mundo. Incluso, podría abrirse y fortalecerse con apoyo financiero para el resguardo de las semillas preservadas por los agricultores de todo el mundo, bajo un protocolo, legislación y manejo particular. El verdadero resguardo de la vida no se consolidará escondiendo la riqueza de la Tierra en el Polo Norte. Un Polo que por otro lado, se está derritiendo…
Walter Alberto Pengue
Muñiz, Buenos Aires, martes 29 de Setiembre de 2026
Referencias
FAO (2025). El Sistema Multilareral de preservación de semillas en Svalbard. Disponible en: https://www.fao.org/plant-treaty/areas-of-work/the-multilateral-system/svalbard/en
Miranda, M. A. (2001) [Reseña sobre] Pengue, Walter, Cultivos transgénicos ¿Hacia dónde vamos?, Buenos Aires, Lugar Editorial, 2000. Disponible en: https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.622/pr.622.pdf
NordGen (2026). El Banco de Genes Nórdico. Disponible en: https://www.nordgen.org/our-work/svalbard-global-seed-vault/
Pengue, W.A. (2000). Cultivos Transgénicos ¿Hacia dónde vamos?. UNESCO, Lugar Editorial, Buenos Aires. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/271524511_CULTIVOS_TRANSGENICOS_Hacia_donde_vamos_CULTIVOS_TRANSGENICOS_Hacia_donde_vamos
Pengue, W.A. (2023). Economía Ecológica, Recursos Naturales y Sistemas Alimentarios ¿Quién se Come a Quién? Orientación Gráfica Editora. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/370068450_Economia_Ecologica_Recursos_Naturales_y_Sistemas_Alimentarios_Quien_se_Come_a_Quien
Pengue, W.A. (2023). La domesticación de los cultivos. Disponible en: https://noticiasncc.com/plumas-ncc/01/17/plumas-ncc-la-domesticacion-de-los-cultivos/
SeedVault (2026). La Bóveda de Semillas. Disponible en: https://www.seedvault.no/about/the-facility/
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Walter Alberto Pengue es Ingeniero Agrónomo, con una especialización en Mejoramiento Genético Vegetal (Fitotecnia) por la Universidad de Buenos Aires. En la misma Universidad obtuvo su título de Magister en Políticas Ambientales y Territoriales. Su Doctorado lo hizo en la Escuela de Ingenieros Agrónomos y de Montes en la Universidad de Córdoba (España) en Agroecología, Sociología y Desarrollo Rural Sostenible. Realizó estancias postdoctorales en las Universidades de Tromso (Noruega) y en el INBI, University of Canterbury (Nueva Zelanda).
Pengue es Profesor Titular de Economía Ecológica y Agroecología en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y director del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente (GEPAMA) de la Universidad de Buenos Aires (FADU UBA).
Es fundador y ex presidente de la Sociedad Argentino Uruguaya de Economía Ecológica (ASAUEE) y fue miembro del Board Mundial de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica (ISEE). Es uno de los fundadores de SOCLA, la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA), de la que actualmente es responsable de su Comité de Ética. Lleva más de 30 años de estudios sobre los impactos ecológicos y socioeconómicos de la agricultura industrial, la agricultura transgénica y el sistema alimentario a nivel nacional, regional y global y su relación con los recursos naturales (suelos, agua, recursos genéticos). Experto Internacional, revisor, autor principal y coordinador de autores del IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas) (desde 2019), TEEB (2015 a 2019) y del Resource Panel de Naciones Unidas Ambiente (2007 a 2015).
Ha sido autor principal del Capítulo 16 de la Ronda 6 del IPCC (2019/2022), presentado en 2023. Es autor principal y coordinador de autores en el Proyecto Nexus IPBES, análisis temático sobre las interrelaciones entre los sistemas alimentarios, la biodiversidad, la salud, el agua y el cambio climático (2021 a 2025). Participa de la Red CLACSO sobre Agroecología Política y es tutor del Grupo de Agroecología Andina. Académico de Número de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente y de Varias Comisiones Científicas Asesoras en Desarrollo Sustentable, Ambiente, Agricultura y Alimentación de Argentina. Profesor invitado de Universidades de América Latina, Europa, Asia, África y Oceanía. Consultor internacional sobre ambiente, agricultura y sistemas alimentarios. Miembro del Grupo de Pensadores Fundacionales del Ambiente y el desarrollo sustentable de la CEPAL, Naciones Unidas, cuyo último libro es AMÉRICA LATINA y EL CARIBE: Una de las últimas fronteras para la vida (noviembre 2024). Pengue es investigador invitado de la Cátedra CALAS María Sybilla Merian Center de las Universidades de Guadalajara y CIAS, Center for InterAmerican Studies de la Universidad de Bielefeld (2024/2025) y del Center for Advanced Study (HIAS) de la Universidad de Hamburgo (2024/2025).
Publicaciones
Todas sus obras pueden bajarse de: https://www.researchgate.net/profile/Walter-Pengue
Últimos libros
GLIGO, N., PENGUE, WALTER y otros (2024). AMÉRICA LATINA y EL CARIBE: Una de las últimas fronteras para la vida. El libro (español, inglés, francés y portugués), puede bajarse de: https://www.researchgate.net/profile/Walter-Pengue
PENGUE, WALTER A. (2023). Economía Ecológica, Recursos Naturales y Sistemas Alimentarios ¿Quién se Come a Quién? – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Orientación Gráfica Editora, 2023.354 p.; 24 x 16 cm. – (Economía ecológica / Walter Alberto Pengue ISBN 978-987-1922-51-2 – El libro puede bajarse de: https://www.researchgate.net/profile/Walter-Pengue
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