“No hay conciencia de que la contaminación por metales pesados es muy grave [en la Amazonia]. Si los servicios de salud y las políticas de estado no llegan a las zonas donde [la minería ilegal] está destruyendo el bosque, poblaciones enteras pueden desaparecer. Vamos camino a la extinción de los pueblos originarios”, dice a SciDev.Net Juan Reátegui, ex viceministro de interculturalidad del Perú.
Reátegui se refiere a una revisión bibliométrica, que analizó 511 artículos científicos publicados entre 1984 y 2023, indexados en Scopus, sobre la contaminación por metales en la región amazónica, que comprende nueve países.
El trabajo, que se publicará en la edición impresa de junio del Journal of Trace Elements and Mineral, encontró que la contaminación ya no se limita al mercurio proveniente de la minería ilegal de oro, sino que cada vez más involucra otros metales tóxicos como el plomo y el cadmio, igualmente provenientes de esa práctica.
La revisión muestra no solo un cambio en los contaminantes estudiados, sino también un giro de la ciencia desde el diagnóstico hacia la evaluación de riesgos, los impactos biológicos y la búsqueda de soluciones, aún incipientes en gran parte de la Amazonía.
“Los casos de sarpullidos, diarreas, bajo nivel de hemoglobina, se tratan como problemas separados de salud, no se asocian con los metales pesados. Pero nosotros sabemos que es el efecto de los metales tóxicos que se vierten a las aguas y al ambiente”, sostiene Reátegui, nativo del pueblo Awajún, con una maestría en salud intercultural, quien no fue parte de la revisión.
Añade que eso conlleva a un subregistro en las estadísticas de salud y a que nadie investigue lo que está pasando, como sucede con el pueblo chapra, en Loreto —al noroeste peruano— cuyo territorio tiene más de 40 años de explotación petrolera y contaminación por metales pesados.
“Allí han fallecido muchos niños, adultos de 50-60 años que en los registros figuran muertos por malaria, anemia, tuberculosis, enfermedades endémicas. Ni por asomo figura la contaminación”, indica Reátegui, que también tiene estudios en antropología amazónica.
Julio Cusurichi Palacios, dirigente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), y representante del pueblo Shipibo de Madre de Dios, una de las regiones más devastadas por la minería ilegal, dice que la contaminación no solo afecta a los humanos sino a los territorios.
“Hay una depredación brutal; esos territorios ya no van a servir”, precisa a SciDev.Net.
“La afectación llega a las plantaciones de consumo como yuca, plátano, se nota en las comunidades, en los peces, en la biodiversidad y afecta hasta la polinización. En salud es más evidente con las mujeres embarazadas, los niños ya no nacen normal, tienen bajo peso o son más pequeños”, añade.
Sin proponérselo, el dirigente se refiere a otro de los hallazgos del estudio, que señala la relevancia social directa de la contaminación por metales pesados en la Amazonía.
“Los contaminantes no solo afectan la calidad del agua o los ecosistemas acuáticos, sino que impactan directamente a las poblaciones tradicionales, incluidas las comunidades indígenas, ribereñas y quilombolas (en el caso de Brasil)”, comenta a SciDev.Net Matheus Cavalcante-Silva, coautor de la revisión e investigador de la Universidad Federal Fluminense, en Brasil.
Afirma que si bien esta investigación ofrece una visión clara de cómo ha evolucionado la comprensión científica de la contaminación en la Amazonía, también revela “una cobertura de investigación desigual, lo que indica regiones y problemáticas que aún no se comprenden bien, pero que son cruciales para la toma de decisiones”.
El gran problema del mercurio
Pese al descubrimiento de contaminación con otros minerales pesados en la región, el mercurio sigue siendo el principal, con un gran porcentaje de estudios dedicados a su comportamiento en el ambiente y sus efectos sobre la salud humana y los ecosistemas.
Por ejemplo, un artículo que se publicará en junio en la edición impresa de Environmental Pollution señala que las poblaciones ribereñas en la cuenca del río Madeira, en la Amazonia occidental brasileña, están crónicamente expuestas al mercurio, principalmente a través del consumo de pescado, pese a haberse reducido la minería de oro en la región.
Según los autores, ello se explica porque esas comunidades dependen de pescados para su alimentación, pero estos han estado de manera permanente sometidos a un aumento progresivo de mercurio dentro de las redes tróficas acuáticas.
Pero los estudios más preocupantes se refieren a los efectos del mercurio en embarazadas, fetos e infantes, que concuerdan con lo observado por Cusurichi en su pueblo nativo.
Una revisión sistemática de estudios sobre el tema, entre 2018 y 2024, reveló que niveles más altos de mercurio durante el embarazo estarían asociados con un mayor riesgo de defectos congénitos, parto prematuro, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastorno del espectro autista y bajo peso, longitud y circunferencia cefálica al nacer.
A France Cabanillas, coordinador local en Madre de Dios de Pure Earth —organización internacional para la reducción de la exposición al plomo y otros contaminantes tóxicos— estos resultados no lo sorprenden, porque trabaja hace más de 10 años en una de las zonas amazónicas más devastadas por la minería ilegal de oro.
Relata a SciDev.Net que en las áreas circundantes a las explotaciones informales hay tiendas al paso que compran oro sin importar su procedencia, y queman con una antorcha a gas el oro mezclado con mercurio, para que desaparezca y se pueda pagar su precio real, sin mezcla.
“Lo hacen dentro de la tienda, que es pequeña; son 50, 100 tiendas en una misma calle, todas quemando oro con mercurio. Esa gente está allí las 24 horas, hay jóvenes, embarazadas, todos expuestos diariamente y sin equipos de protección personal”, ilustra.
Para él la solución no está en prohibir el mercurio sino en aprender a recuperar oro sin usarlo, algo que su organización logró hacer en 2018 usando mesas gravimétricas, que separan el oro de los materiales menos pesados basándose en la diferencia de densidad (peso), utilizando agua y un movimiento de vaivén. Sin embargo, no encontraron mercado para esta innovación.
“Hay que promover tecnologías libres de mercurio, pero con un mercado que pague adecuadamente a los mineros formales que produzcan oro sin mercurio”, subraya.
“Sabemos que la Amazonía está contaminada, el problema es qué hacer. Tenemos que ver el asunto a nivel de cuenca, porque todos los países amazónicos compartimos este problema y algunos han avanzado más en las soluciones”, concluye.
Cusurichi concuerda: “Estamos generando una coordinación con hermanos indígenas de otros países porque la minería se está expandiendo por varias partes de la Amazonía”.
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