Es necesario que los gobiernos latinoamericanos adopten medidas para proteger a la infancia de las amenazas climáticas, especialmente las combinadas, señalaron expertos consultados por SciDev.Net al comentar el nuevo informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) que, entre otras cosas, precisa que uno de cada tres niños de América Latina y el Caribe —unos 58 millones— estaría expuestos conjuntamente a sequías, calor extremo y olas de calor.
Los especialistas advierten que los niños no solo son más vulnerables a fenómenos como el calor extremo y las sequías, sino que además convivirán durante más tiempo con los efectos de una crisis climática que seguirá intensificándose en las próximas décadas.
“Los niños son fisiológicamente más vulnerables porque sus cuerpos aún están en desarrollo, así que regulan peor la temperatura corporal que los adultos y enfrentan mayores riesgos durante exposiciones prolongadas al calor extremo”.
Rodolfo de Carvalho Pacagnella, profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Estadual de Campinas, Brasil
“La prioridad debería ser fortalecer la resiliencia climática de los servicios esenciales para la infancia, lo que significa asegurar que las escuelas, los centros de salud, los sistemas de agua y saneamiento, la protección social y los mecanismos de respuesta a emergencias puedan seguir funcionando durante y después de fenómenos climáticos extremos”, dijo a SciDev.Net Reis López, asesor de resiliencia climática de Unicef.
Rodolfo de Carvalho Pacagnella, profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Estadual de Campinas, Brasil, quien no participó en el informe, recordó que los impactos de los eventos climáticos no se distribuyen de manera uniforme, “así que la adaptación climática centrada en la infancia debe convertirse en una prioridad de política pública”, indicó a SciDev.Net.
El informe abarcó las ocho amenazas climáticas más frecuentes —inundaciones costeras, sequías, calor extremo, incendios, olas de calor, inundaciones fluviales, tormentas de arena y polvo y tormentas tropicales—, así como a la mayoría de países y territorios del planeta.
Según su análisis, más de 1.000 millones de niños en el mundo están expuestos a cuando menos tres amenazas climáticas, sin contar con los servicios necesarios para hacerles frente. No obstante, aclara que aunque la crisis climática es un fenómeno mundial, sus efectos no se sienten igual en todas partes.
“La infancia no conforma un grupo homogéneo, y los eventos climáticos les afecta de distintas maneras y en grado diverso según la edad, el género, la discapacidad y el origen étnico, sobre todo en lo que respecta a la identidad indígena”, subraya.
La sequía, el calor extremo y las olas de calor constituyen la combinación más frecuente, con más de 296 millones de niños viviendo en zonas expuestas a estas amenazas. La segunda combinación más común —sequía, calor extremo y tormentas tropicales— afecta a más de 115 millones de niños en el mundo.
“Los riesgos climáticos combinados generan efectos en cascada que refuerzan la vulnerabilidad de los niños, desbordando la capacidad de respuesta de sus familias, comunidades y servicios sociales”, explicó López.
“Una sequía puede provocar inseguridad alimentaria, aumentar el riesgo de incendios forestales y posteriormente favorecer inundaciones repentinas, afectando simultáneamente la salud, la educación, la protección y los medios de vida de la infancia”, añadió.
Asimismo, los efectos de la sequía van mucho más allá de la carencia de agua: destruye cosechas, reduce la disponibilidad de alimentos y aumenta el riesgo de malnutrición infantil, ampliando las presiones económicas y profundizando la pobreza en los hogares más vulnerables, sostiene el informe.
La situación en América Latina
En América Latina y el Caribe, 141 millones de niños están expuestos a olas de calor cada vez más frecuentes, prolongadas e intensas, mientras que 118 millones están expuestos a sequías.
“Las olas de calor suelen asociarse únicamente al malestar térmico, pero sus impactos son mucho más profundos”, subrayó López. “Las temperaturas extremas pueden provocar deshidratación y agravar enfermedades preexistentes, afectar el aprendizaje, la asistencia escolar y la salud mental”.
En un score que va del 0 al 10, Venezuela (7,78), México (7,25), Colombia (6,45) y Brasil (5,9) son los países latinoamericanos que registran mayores niveles de exposición absoluta para la niñez, según el informe. En el extremo opuesto, Uruguay (2,7), Chile (3,25) y Paraguay (3,3) presentan niveles menores.
“El informe de Unicef muestra con claridad que la exposición y la vulnerabilidad varían según factores como la pobreza o el lugar de residencia, a menudo ampliando las desigualdades preexistentes y limitando las oportunidades de millones de niños”, refirió Carvalho Pacagnella.
También destacó otro aspecto menos visible: “Los niños son fisiológicamente más vulnerables porque sus cuerpos aún están en desarrollo, así que regulan peor la temperatura corporal que los adultos y enfrentan mayores riesgos durante exposiciones prolongadas al calor extremo”.
Además de las olas de calor y las sequías, el informe de Unicef advierte que unos 40 millones de niños y niñas, principalmente en el Caribe, se verían afectados por tormentas tropicales.
Estos fenómenos provocan graves daños a la infraestructura, interrupciones de servicios esenciales, desplazamientos de población y contaminación generalizada de las fuentes de agua.
Eventos recientes han demostrado el enorme impacto que pueden tener sobre los servicios esenciales. En 2025, el huracán Melissa golpeó varias islas del Caribe, entre ellas Jamaica, Cuba, Haití, República Dominicana y Bahamas, causando graves daños a infraestructuras esenciales e interrumpiendo la educación de unos 477.000 niños de esa región.
“Insistimos en la necesidad de fortalecer la resiliencia de los servicios sociales esenciales mediante medidas de adaptación, reducción del riesgo de desastres y protección social. Esto requiere recursos financieros, pero también decisiones políticas que sitúen a la infancia en el centro de los planes nacionales de adaptación y desarrollo”, concluyó López.
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