Francia.

Actualmente existen más de 60 mil grandes represas en el mundo, un tercio de ellas en China. Algunas son enormes, de más de 300 metros de altura. Existen varios tipos. Una presa de gravedad es un enorme bloque de hormigón que retiene el agua gracias a su masa. Si el terreno es blando, una presa de terraplén hecha de tierra o roca es más adecuada.

Las presas de arco, con su forma curva, son ideales en valles estrechos con paredes sólidas, dirigiendo la presión del agua a las orillas. Menos comunes, las presas de contrafuerte se basan en una serie de soportes verticales.

La mayoría de las represas se utilizan para el riego o para abastecer de agua a la población en épocas de sequía. Al regular los ríos, moderan la intensidad de las crecidas y facilitan la navegación.

Casi el 20% están conectadas a centrales hidroeléctricas, principal fuente de electricidad renovable. En las montañas, la energía generada depende de la diferencia de altura entre la represa y la central. Se abren las válvulas y el agua pasa a las tuberías forzadas. Cientos de metros más abajo, un potente chorro de agua a presión impulsa la turbina conectada a un generador que produce electricidad.

Las centrales eléctricas de baja altura utilizan el caudal del río para producir electricidad de forma continua.

Las represas pueden alterar los ecosistemas, impedir la migración de peces o arrasar pueblos enteros, obligando a la población a reubicarse. Fallas de construcción, desbordamientos, terremotos. Una rotura es poco frecuente, pero mortal. Por eso las represas se monitorean de cerca mediante sensores, cámaras y alarmas.