Italia
Hay un ángel más custodiando la Basílica de San Pedro. O mejor dicho, miles son los sensores y dispositivos digitales de última generación instalados, gracias a la colaboración entre la Fábrica de San Pedro y Eni, tanto en el interior como en el exterior del edificio.
Ojos invisibles que garantizan el monitoreo estructural en tiempo real de cada centímetro cuadrado, desde los cimientos hasta la cúpula, donde estos dispositivos permiten incluso la geolocalización respecto a los astros en el cielo. La historia de la Basílica es larga, casi dos milenios, pero precisamente este año celebra su 400 aniversario.
Lo que vemos es fruto de la decisión de Julio II, a principios del siglo XVI, de construir un nuevo edificio, y de la sucesión de proyectos e intervenciones de grandes arquitectos: Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Maderno.
Los trabajos concluyeron, precisamente, en 1626. Ahora, para llevar a cabo este sistema de monitoreo, ha sido necesario un año y medio de trabajo. Un equipo de geólogos, ingenieros, físicos y topógrafos ha mapeado 80 mil metros cuadrados de superficie.
El punto de partida fueron los archivos: una montaña de dibujos, notas y documentos catalogados y conservados, con las anotaciones técnicas de los arquitectos de la época y los detalles de los materiales utilizados. Después, se procedió a analizar, con tecnología de vanguardia y precisión milimétrica, los cimientos y los equilibrios invisibles de la Basílica.
Una cantidad impresionante de datos que han sido digitalizados y que ahora sirven como punto de referencia para controlar el estado de salud de toda la estructura. “Es como si viéramos las piedras respirar”, ha afirmado el responsable del área técnica de la Fábrica de San Pedro, Alberto Capitanucci.
Por: RAI
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