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Videojuego guatemalteco “Mayan Pitz”, recrea el mundo prehispánico

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XINHUA

El videojuego “Mayan Pitz” recrea el mundo prehispánico. Diseñado por “Últraludic” e inspirado en el legendario juego de pelota maya, el videojuego rescata los valores culturales por medio del entretenimiento tecnológico.

Se basa en la historia de Hunahpú e Ixbalanqué relatada en el libro antiguo Popol Vuh, con la intención de enseñar jugando. Mientras historiadores y arqueólogos definen si era un deporte, una justa en la que se apostaba la vida de los jugadores, o un ritual místico que probaba la fuerza y destreza de los competidores, los usuarios del Mayan Pitz” deben tomar el papel de los dos guerreros, quienes a su vez deben derrotar a los señores de Xibalba, ubicados en varios sitios de México y el norte de Centroamérica.

“El juego cuenta la historia de Hunapú e Ixbalanqué, que -digamos esto viene de la historia del Popol Vuh, es un libro sagrado de los mayas que cuenta la historia de cómo se creó el mundo-, entonces nosotros le hicimos algunas modificaciones y le pusimos fantasía, que un juego permite hacer eso, entonces en el juego tú tienes que ir derrotando a cada dios del inframundo hasta llegar a enfrentar a Xibalba, que es digamos como el “más malo” y si logras eso, Hunapú e Ixbalanqué se convierten en el Sol y la Luna”- Daniel Monrroy, creador del juego de video Mayan Pitz .

La idea este videojuego se vio hecha una realidad en siete meses, cuidando todos los detalles y un vínculo entre la fantasía y la realidad.

“Seleccioné varias sedes del juego de pelota, reconstruimos quince sedes del juego de pelota maya de manera virtual, de toda el área de Mesoamérica que ocupa Guatemala, El Salvador, Honduras y México, y colocamos solo sedes donde existe actualmente el juego de pelota, o sea que digamos que, hicimos algo virtual pero que en realidad existe, o sea que todas las sedes que están en el juego las puedes ir a visitar” – Daniel Monrroy, creador del juego de video Mayan Pitz.

Fueron seis los desarrolladores del videojuego, algunos trabajaron en la creación tecnológica y otros en el diseño gráfico, contenidos y mercadeo, además de coordinar con una institución arqueológica la validación de la información, que en este caso fue la Fundación Ruta Maya.

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Sexteto de Perú fusiona ritmos afroperuanos con jazz estadounidense

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Diablo en Brooklyn

Lima, Perú

La nueva producción “Diablo en Brooklyn” , del sexteto peruano “Son de los diablos” combina la tradición afroperuana con el jazz estadounidense.

El conjunto fundado y dirigido por el trompetista Gabriel Alegría, a lo largo de 90 minutos, ofreció un espectáculo que combina la danza y música de la manifestación cultural heredada de los negros que llegaron a Perú a principios del siglo XVI, contando una historia ambientada en uno de los vecindarios populares de la ciudad de Nueva York.

A través de la interpretación complementadas con coloridas coreográficas danzas, se habla de un día especial en que los diablos peruanos salieron a las calles de Brooklyn para seducir con sus encantos a los transeúntes, los cuales finalmente sucumbieron al embrujo.

Para nosotros el jazz afroperuano es la intersección de la música afroperuana de la costa peruana, la música criolla y el jazz norteamericano y, esa combinación de cosas, tiene dos aspectos, uno que es técnico, tiene que ver con los ritmos, y la música en el caso peruano y en el caso norteamericano, viene de África, entonces tiene una raíz en común, que nos permite dialogar” – Gabriel Alegría, director y fundador.

La agrupación musical, con trompeta, flugel, guitarra, contrabajo y batería,

ha agregado para la percusión elementos propios como el popular cajón y la quijada de burro, que facilitan el balanceo instrumental y la obtención de una clara sonoridad.

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El Salvador: coloridos grafitis reemplazan simbología pandillera

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El Salvador: coloridos grafitis en vez de simbología pandillera

San Salvador, El Salvador

Jóvenes de Santa Fe, un barrio de la capital salvadoreña, sustituyen la intimidatoria simbología de las pandillas con coloridos grafitis y gigantescos murales, en una iniciativa de distensión y desarrollo que impulsa el alcalde de San Salvador, Nayib Bukele

“El proyecto está excelente porque es la primera vez desde que nací en la colonia que se han acercado a nosotros los jóvenes, es bueno ver en nuestra comunidad grafitis artísticos mientras que en otras comunidades todavía predominan grafitis de pandillas y drogas”, cuenta Fernando Trejo, un risueño joven de 17 años.

Los creativos grafitis son propuestas del arte urbano, algunas con elementos costumbristas y otros surrealistas que invitan a ver un mundo onírico que impacta a los visitantes.

También pintan temas cotidianos como el medio ambiente y hasta retratos de personajes de la comunidad.

De esa forma, Fernando junto a otros jóvenes le han dado un nuevo rostro a Santa Fe, en el oeste de la capital donde viven 26 familias al lado del moderno mercado Cuscatlán, en cuyo interior la alcaldía instaló la biblioteca más moderna de El Salvador.

“La verdad es que los jóvenes de aquí intentamos por medio del arte del grafiti escapar de todos esos problemas (de pandillas) por los que muere tanto joven en el país”, dice Fernando.

En Santa Fe, con sus pequeñas casas con techo de lámina, la unidad de Reconstrucción del Tejido Social de la alcaldía de San Salvador desarrolla actividades artísticas, celebra días festivos y ejecuta un taller de inglés en la casa comunal.

– Borrar el estigma –

“Ahora nuestra comunidad tiene color. Nos sentíamos olvidados y aislados de la ciudad, pero lo bueno es que ahora somos los mismos jóvenes los que estamos intentando cambiar la cara de la comunidad”, reflexiona Francisco Candray, de 30 años.

Para Candray no es fácil borrar el estigma de ser una comunidad vinculada a pandillas y drogas.

“Las personas antes, y aun ahora, creen que por ser jóvenes de comunidad somos pandilleros, la gente mayor creía que lo que pintamos eran cosas de pandillas, y ahora que han visto los dibujos han entendido que esto es un arte que va cambiando la cara de la comunidad y que viene a beneficiarnos a todos”, resume Candray.

La oficina de comunicaciones de la municipalidad capitalina explicó que en Santa Fe se desarrolla la primera parte del proyecto GrafiTour, una pequeña réplica de una experiencia desarrollada en la comuna 13 de Medellín, Colombia.

Esa iniciativa, según Candray, hizo que los jóvenes vencieran el temor a ser estigmatizados por el hecho de pintar y ahora están “emocionados” y aplican las enseñanzas de “los maestros del grafiti” que trae la alcaldía.

Con la ayuda de Naciones Unidas, la alcaldía invitó a grafiteros de Nueva York, Australia, Costa Rica y Colombia para que contaran su experiencia e intercambiaran conocimientos con los jóvenes de Santa Fe.

“La idea es darle vida y color a lugares donde siempre ha predominado la violencia”, explica César Juárez, coordinador del proyecto GrafiTour de la alcaldía. “Ahora el arte va ganando y conquistando esos espacios”.

Al margen del proyecto de la comuna, el viceministerio de Prevención Social ha borrado desde hace un año 121.000 m2 de grafitis de pandillas en 650 comunidades del país.

En lo que va del año, El Salvador acumula un promedio de 54 homicidios por cada 100.000 habitantes, en su mayoría atribuidos a la violencia generada por las pandillas, que cuentan con unos 70.000 miembros, de los que poco más de 16.000 están encarcelados.

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Argentina

“Historias de la Llanura”, documental franco-argentino, se estrena este 30 de agosto en Francia

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Bar El Dólar Colonia Hansen
Bar El Dólar, Colonia Hansen

París, Francia

Sinopsis

Historias de la llanura” nos lleva al corazón de La Pampa. Desde hace quince años infinitos campos sembrados con soja transgénica reemplazaron a las cabezas de ganado de lo que se consideraba «la mejor carne del mundo». Una catástrofe humana y ecológica de la cual los habitantes de Colonia Hansen son testigos. Pero este filme, dirigido por la realizadora liechtensteinense Christine Seghezzi, no se agota en la denuncia ambiental, también cuenta historias sobre este lugar que van desde los tiempos en los que las tribus de Indios poblaron estas tierras, hasta la sangrienta dictadura cívico-militar de 1976.

Era “el jardín de Argentina”, pero la soja llegó y con ella el monocultivo, los pesticidas, las enfermedades y la desertización. “Historias de la llanura”, película que se estrena el miércoles en Francia, cuenta esta transformación vista desde una aldea que muere lentamente, víctima de este implacable cambio.

La directora del filme, Christine Seghezzi, autora de varios cortos y mediometrajes (“Carne de tu carne”, “Sthépane Hessel, una historia de compromiso”, “Avenida Rivadavia”), plantó su cámara en Colonia Hansen, una pequeña localidad desolada de la provincia de Santa Fe (centro-este).

Hace una veintena de años, el pueblo aún producía trigo, maíz, girasol, cebada, avena… y las vacas, que le dieron la reputación a la carne argentina, considerada como la mejor del mundo, pastaban en los alrededores.

Sin embargo “hoy en día, ya no hay más gauchos ni vacas en estas llanuras. Las vacas son criadas casi todas en granjas de engorde (…). La buena carne argentina está desapareciendo. La soja transgénica tomó el lugar de la ganadería y los otros cultivos” para “alimentar al ganado y a los cerdos europeos o chinos“, narra Christine Seghezzi, nacida en Liechtenstein.

– Hacer sentir la angustia –

La directora da la palabra a los pocos aldeanos que accedieron a hablar sobre el desastre ecológico, sanitario y cultural. Ella misma reproduce los relatos que le confiaron los habitantes de la región, ya que prefirieron no aparecer ante la cámara, incluso de manera anónima.

Mediante grandes planos fijos, la película muestra las casas deterioradas, el ganado en una pradera seca o un triste café que es a la vez una tienda de comestibles y gasolinera.

De fondo, el sonido de rugidos de motor recuerda que los aviones daban vueltas para esparcir pesticidas, principalmente, según la directora, glifosato, una sustancia considerada como “probablemente cancerígena” por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Como un tema recurrente, van apareciendo a lo largo del filme inmensos campos de soja.

Había muchas viviendas, lecherías, empleos aquí“, cuenta un habitante. “Pero con los avances de la tecnología, comenzaron a sembrar soja y a reducir los costes, así que la gente perdió su trabajo y tuvieron que irse“.

Ahora, “por culpa de los pesticidas, del aire que cambió, encuentras una gallina muerta, súbitamente. (…) Los cerdos nacen con malformaciones y mueren al cabo de uno o dos días. O bien, nacen ciegos o sin orejas“, dice.

¿Por qué tanta soja? ¿Por qué se ha dejado de criar animales? (…) Porque la soja reporta mucho“, subraya la maestra del pueblo.

Esta menciona “malformaciones en los recién nacidos“, “tumores“, “gente que muere joven” y se pregunta cómo sensibilizar a los niños y padres del peligro de los pesticidas, del que demasiado a menudo no son conscientes.

Seghezzi habla también de los trágicos sucesos relacionados con la colonización o con las dictaduras, viendo en la revolución de la soja un eco de esta violencia pasada.

A diferencia de los documentales clásicos, no se entrevista a ningún especialista ni se dan cifras.

Opongo (…) a la información una mirada que hace sentir los problemas, los desafíos, la amenaza, la angustia, de una manera irracional, que llama a los sentidos“, explica la directora en las notas de producción.

Es como si se pudiera escuchar el último respiro de la aldea antes de su desaparición“.

Christine Seghezzi

Christine Seghezzi nació en Liechtenstein. Después de sus estudios de teatro y de literatura, trabajó como colaboradora de puesta en escena al teatro. Desde mas de veinte años reside entre Francia y Argentina. En 2004, hizo una formación de realización documental con los Ateliers Varan de París y realizo su primer cortometraje, ” Chair de ta chair “. Siguieron los documentales “minimal land” (2007, 52 min.), “Stéphane Hessel, una historia de compromiso” (2008, 52 min.) y “insomnias” (2015, 24 min.). Realizó dos películas en Argentina: “Avenida Rivadavia” (2012, 67 min.) y “Historias de la llanura (2016, 70 min.). Sus películas han sido seleccionadas en festivales como Cinéma du Réel, Paris, Filmer à tout prix, Bélgica, Festival de derechos humanos, Viena, FICA Brasil,… Paralelamente a su trabajo de cineasta, Christine Seghezzi es fotógrafa.

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