Perú. Él es Jovam, el robot que ingresó a la cárcel limeña de Lurigancho, la más poblada del Perú, para apoyar a los maestros en la educación de los presos. Su cuerpo de fibra de maíz baila, sus ojos parpadean cuando habla, responde a preguntas sobre Objetivos de Desarrollo Sostenible e incluso sabe alemán. En este centro penitenciario, que aún arrastra la fama de ser uno de los más violentos de América Latina, alrededor de 1.225 reclusos...




