Por: Camilo Cortés- Useche, PhD (Colombia). Aquel hombre limpio y joven, de ojos color miel que ardían como brasas encendidas cuando algo lo inquietaba, sintió el latido del mundo en su pecho al pisar el corazón de San Pablo. Su barba era delgada enmarcaba un rostro que evocaba ferocidad y deseo de conquista. Sus brazos fuertes, curtidos por los golpes del hierro, parecían diseñados para abrazar, pero también para abrirse paso entre tierras...




