Por: Camilo Cortés-Useche (Colombia). La brisa era fuerte en el puerto de abrigo, resonaban intensamente las velas infladas y la madera del galeón lastrado, y ahí, a pesar de todo, estaba aquel hombre firme en la proa. Cuando fue sometido por la tropa, sus fieles bukaneros se alzaron en armas, pero con una mirada digna sereno otra vez esa turbonada de emociones de los suyos. Al pisar las calles empedradas de aquel bastión de la Corona,...




