Por: Camilo Cortés- Useche, PhD. (Colombia)   El aviso estaba ahí, clavado en la madera vieja como una advertencia que nadie quería escuchar: Peligro. Las letras rojas parecían arder bajo el sol de la tarde, pero dos niños, con esa mezcla de curiosidad y valentía imprudente, lo leyeron como si fuera parte del paisaje. El cerro se alzaba empinado, casi desafiante, como si la misma tierra hubiera decidido ponerse de pie para probar quién era...