Por: Walter Pengue (Argentina)

“…Allá arriba, junto al camino, en su cabaña, el viejo dormía nuevamente. Todavía dormía de bruces y el muchacho estaba sentado a su lado contemplándolo. El viejo soñaba con los leones marinos.”

Ernest Hemingway, “El viejo y el mar” (1952)

La naturaleza brinda a la humanidad un conjunto de prestaciones que, generalmente son pasadas por alto, pobremente valorizadas y que sin embargo son elementos imprescindibles para el sostenimiento de la propia vida.

El pasado domingo 26 de Julio, como todos los años, desde el año 2015 establecido por la UNESCO, se conmemora Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares. Estos ecosistemas únicos prestan un conjunto relevantes de servicios gratuitos, irreemplazables hasta ahora por cualquier otra tecnología que hubiéramos desarrollado y costos sociales y económicos si los fuéramos perdiendo, como está sucediendo actualmente.

El llamado de las Naciones Unidas es contundente. Dice la UNESCO: “Los manglares son ecosistemas únicos entre la tierra y el mar. Sustentan la biodiversidad, protegen a las comunidades costeras, mejoran la seguridad alimentaria y actúan como defensas naturales contra las tormentas y la erosión. Sus suelos también son potentes sumideros de carbono”.

No obstante ello, los manglares están en retroceso y las pautas de consumo irracionales mundiales, impulsan su fuerte proceso de degradación. Incluso las tensiones sociedad-naturaleza, denotan por un lado la relevancia de una salida económica coyuntural para un conjunto importante de comunidades rivereñas y hasta de países y por el otro lado, la destrucción de los propios sistemas naturales que les sostienen. Los manglares ofrecen protección contra tormentas, erosión e inundaciones; sirven como fuente de alimentos y madera; mejoran la calidad del agua y por supuesto, capturan carbono. La demanda internacional y el consumo de productos alimenticios como el camarón, producidos en estas áreas rivereñas, producen impactos ambientales, sociales y económicos sobre estos territorios, promoviendo el avance de sistemas alimentarios insostenibles (Pengue, 2023).

En los últimos cuarenta años, el mundo ha perdido prácticamente el 50 % de los manglares disponibles.  La cuestión no es menor además, frente a los escenarios de cambio climático y cambio ambiental global que las sociedades están enfrentando.  El día se instaura en recordatorio de Hayhow Daniel Nanoto, médico y activista ambiental,  fallecido en el Ecuador en 1998, en el momento en que realizaba una protesta pacífica para desalentar la instalación de estanques ilegales en la rivera marítima para la producción del camarón.

Los manglares representan una muralla biológica natural protectora de la costa, reduciendo la presión del flujo hídrico sobre la misma, la regulación de los sedimentos del suelo y del río que son filtrados por las raíces de los manglares contribuyendo a detener además la erosión costera y la intrusión de aguas salinas sobre campos de cultivo.  Son además importantes áreas de hospedaje, reproducción y consumo de aves, insectos, peces y un conjunto relevante de especies, no sólo importantes para la naturaleza sino también para la especie humana.

Estos son ecosistemas únicos, donde se encuentran la tierra y el mar y que sirven de refugio también a especies animales que anidan en sus copas como las garzas reales, pelícanos, fragatas, cormoranes, ibis escarlata o monos – mono aullador o el mono narigudo – mapaches cangrejeros, osos hormigueros y hasta perezosos y una enorme variedad de hormigas, mariposas, arañas o abejas silvestres que brindan un conjunto importante de servicios de la polinización.

Los manglares están presentes en todo el mundo y por tanto, son hábitats de una relevante diversidad de especies de animales acuáticos y marinos entre raíces y canales como peces de importancia económica como los pargos, meros, robalos, sábalos o barracudas que pasan su etapa juvenil en el manglar, antes de migrar al arrecife de coral o los cangrejos de mangle, que procesan los nutrientes del agua y el suelo, jaibas, langostinos, camarones, ostras, mejillones, almejas y caracoles marinos.

Y también son sitio de grandes depredadores como caimanes, cocodrilos de río, tiburones toro jóvenes y rayas que entran con las mareas a alimentarse hasta manatíes y delfines de agua dulce o costera  que recorren los canales un poco más profundos.  Soportan 800 mil millones de juveniles de peces y crustáceos anualmente, vitales para la seguridad alimentaria (Leal y Spalding, 2024). En resumen, constituyen un hábitat natural para más de 1.533 especies diferentes —incluidas zonas de cría para numerosos peces de importancia comercial— y benefician la salud de ecosistemas adyacentes, como los arrecifes de coral y las praderas de pastos marinos.

La biodiversidad de los bosques de manglar corre cada vez más peligro. De las 1.533 especies mencionadas vinculadas a los manglares,  el 15 % se encuentra en peligro de extinción. El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) titulado “Décadas de cambios en los bosques de manglar: ¿qué significan para la naturaleza, las personas y el clima?” reveló que casi el 50 % de los mamíferos asociados a los manglares, el 22 % de los peces, el 16 % de las plantas, el 13 % de los anfibios y el 8 % de las especies de aves y reptiles están amenazados de extinción. Resulta preocupante que el riesgo de extinción aumente para el 44 % de las especies y que, entre aquellas que ya se encuentran en situación de riesgo, la situación empeore para el 89 % (UNEP, 2023).

Pero la relevancia de los manglares, no se circunscribe a un listado monotemático de especies de por sí relevantes para la naturaleza, sino que su pérdida genera daños importantes a la propia especie humana. Los manglares se encuentran a lo largo de costas y estuarios en 128 países, especialmente en las regiones tropicales y subtropicales. Aunque los manglares representan menos del uno por ciento de la cobertura forestal tropical mundial y proporcionan bienes y servicios ecosistémicos fundamentales a los aproximadamente 2.400 millones de personas que viven a menos de 100 km de las zonas costeras en el mundo.

Se estimó una superficie mundial de bosques de manglar de 147.359 km², de la cual el 51 % se encontraba en la región de Asia-Pacífico, el 29 % en las Américas y el 20 % en África. Tomando 1996 como año de referencia, esto representa una pérdida neta de 5.245 km² (3,4 %) de cobertura de bosques de manglar a lo largo de un periodo de 24 años. El Global Mangrove Watch viene siguiendo el proceso natural y antrópico de desmantelamiento y desaparición de los manglares (Global Mangrove Watch, 2025).

La conversión a la acuicultura y la producción camaronera, las plantaciones de aceite de palma y hasta de arroz explican el 43% de las pérdidas de estos espacios, especialmente en Asia. La amenaza del cambio climático, como el aumento del nivel del mar, también impacta significativamente. El aumento en la frecuencia e intensidad de tormentas y el aumento del nivel del mar amenazan los ecosistemas. El 30% de las provincias de manglares están en riesgo por el aumento del nivel del mar y eventos climáticos severos (Leal y Spalding, 2024).

Se ha estimado que la pérdida anual por la degradación de los manglares puede llegar a los u$s 6.000 mil millones, mientras que si fueran conservados, los beneficios netos por sus servicios, pueden alcanzar los  65.000 millones de dólares en daños “ahorrados” a las propiedades al año. Y si los manglares, desaparecieran, el costo de los daños por inundaciones aumentaría en 82.000 millones de dólares. El apoyo a la inversión global en manglares busca alcanzar los millones de hectáreas restauradas para 2030 con un aporte de cuatro mil millones. Los mercados de carbono, seguros naturales y servicios de la biodiversidad, ofrecen mecanismos innovadores para financiar la conservación y aumentar la resiliencia. En nuestros días, la humanidad comienza a reconocer que la Naturaleza es un activo vivo, relevante tanto para las inversiones como para la propia supervivencia humana.

El aprovechamiento del conocimiento indígena y de las comunidades locales, debe ser considerado y aprovechado en beneficio de la protección de los manglares, conjuntamente con el relevamiento y apoyo desde la ciencia y la tecnología, en un diálogo de saberes que aún hoy es incipiente, pero muy importante.  La valorización del conocimiento local fortalece el compromiso y la protección de los manglares, así como la inversión de recursos financieros hacia estas prácticas,  es esencial para conectar las prácticas comunitarias y los conocimientos tradicionales con los decisores de políticas nacionales.

El último Informe del IPBES (2026) sobre los impactos y la dependencia de los Negocios sobre la Biodiversidad y las Contribuciones de la Naturaleza, alerta y destaca a la vez, la relevante asociación que hay entre unos y otros. El Reporte confirma que la estabilidad del sistema financiero global depende directamente de la salud de los ecosistemas mundiales. La destrucción de la naturaleza altera de forma inmediata los costos operativos y las cadenas de suministro en todos los continentes, resaltando que más del 50 % del PBI mundial depende moderada o altamente de los servicios de la naturaleza y de esta en sí misma, dónde solamente si consideramos la erosión de los suelos, reducen el PBI en un 10 %.  Mientras que por otro lado, si se fortalecieran a los servicios pesqueros locales, el beneficio por hectárea podría llegar a los dos mil dólares por hectárea (IPBES, 2026).

El informe considera la degradación de estos servicios como una pérdida de activos no sólo naturales sino financieros. Si el ecosistema se degrada, falla o ya no presta sus servicios, el costo de reemplazar esos servicios es altísimo y, en muchos casos, físicamente imposible. Por ejemplo, si se perdiera la polinización natural, el 40 % de las empresas alimentarias,  tendrían que recurrir a la polinización manual, mecánica, microchips o con hasta polinizadores biológicos transgénicos (todo esto ya propuesto, aunque sea increíble, ¡una locura!), pero extraídos de otros ecosistemas, con costos seguramente elevadísimos en todos los sentidos.

El costo de producir nuestras cosas básicas, empezando por los alimentos, se dispararía, haciendo que todo el modelo alimentario, colapse. El mismo ejemplo, podría aplicarse prácticamente a todos los sistemas productivos que dependen directamente de la naturaleza. IPBES lo ha advertido en otro relevante informe sobre los Polinizadores y en su Reporte Nexus, integrando alimentos, cambio climático, agua, energía, biodiversidad y sus interacciones (IPBES, 2025).

La “tecnología existe”, pero no es una solución económicamente viable para sustituir a la naturaleza a gran escala. Además, sería alocado e irresponsable apelar al sólo uso de la misma, para resolver por esa vía, una situación tan compleja y difícil.  Por ello, el IPBES alerta de la trampa del reemplazo, creencia económica de que, si un recurso natural se agota o un servicio ecosistémico desaparece, el ingenio humano podrá crear una tecnología o un capital artificial que lo reemplace sin pérdida de valor.

Esto ha sido la base de muchos principios de la economía de los recursos naturales planteada por economistas como David Pearce, donde el capital natural podría ser reemplazado por el capital humano (monetario). He planteado en mis libros sobre Economía Ecológica (Pengue, 2023) que usted puede producir un cerdo, y de este obtener “chorizos”. Pero por ahora, económicamente, Ud. no puede tomar estos chorizos e intentar reproducir un cerdo. Con la excepción quizás, que invierta multimillonarios esfuerzos monetarios y tecnológicos, para intentar hacerlo.

La biodiversidad es un capital irremplazable. No existe aún la tecnología, probada por millones de años de evolución que sí tiene la naturaleza, que replique la complejidad de un suelo fértil, el papel de la polinización, la regulación del ciclo del agua a escala continental o el equilibrio de plagas que ofrece un ecosistema sano. Cuando ese capital natural se pierde, la pérdida es irreversible y ninguna inversión en tecnología puede compensar la caída del servicio (IPBES, 2026).

Incluso las compañías que en apariencia, no dependerían de los ecosistemas si lo hacen en forma directa o indirectamente. El cambio climático está dando una gran y penosa lección a todos, tanto en daños económicos como en pérdida de vidas humanas y de otras especies. La regulación ambiental, la polinización, el agua limpia, el control de inundaciones, la regulación climática así como de las contribuciones no materiales, como espacios para el turismo, el ocio, la educación y los valores espirituales, estéticos y culturales, dependen todos de una naturaleza sana. Dependen de Gaia.

El papel de los manglares representa una función única e imprescindible para la vida. Estos ecosistemas también son potentes sumideros de carbono (UNESCO, 2025). Sin embargo, su desaparición es aún más acelerada – de tres a cinco veces más rápido – que la de los propios bosques y selvas.

Forman parte de los llamados ecosistemas de carbono azul (manglares, pastos marinos y marismas, marismas) para afrentar el cambio climático., enormes espacios naturales, imprescindibles para enfrentar los embates del cambio climático.  Las evaluaciones científicas demuestran que pueden secuestrar entre dos y cuatro veces más carbono que los bosques terrestres, por lo que se consideran un componente clave de las soluciones basadas en la naturaleza para el cambio climático.

Los ecosistemas de carbono azul saludables también proporcionan hábitat para las especies marinas, sustentan las poblaciones de peces y la seguridad alimentaria, mantienen a las comunidades costeras y sus medios de subsistencia, filtran el agua que llega a nuestros océanos y sistemas de arrecifes, y protegen las costas de la erosión y las marejadas ciclónicas. Se encuentran en todos los continentes, excepto en la Antártida, y cubren aproximadamente 49 millones de hectáreas (UNESCO, 2025b).

“Casi el 50 % de la extensión natural preindustrial de los humedales costeros globales se ha perdido desde el siglo XIX. Este declive continúa hoy, con pérdidas estimadas de entre el 0,5 % y el 3 % anual, según el tipo de ecosistema. Debido a su alto contenido de carbono, los ecosistemas de carbono azul pueden convertirse en fuentes importantes de emisiones de gases de efecto invernadero cuando se degradan o desaparecen. Se estima que las pérdidas de carbono de los ecosistemas de carbono azul representan hasta el 19 % de las emisiones derivadas de la deforestación global” (UNESCO, 2025b).

Pero las conmemoraciones, como la de este día de Los Manglares, no deberían servir sólo para eso. Sino como lo vienen advirtiendo los científicos por un lado – como lo indican los relevantes documentos del IPCC, el IPBES, es decir, cambio climático y biodiversidad – junto por el otro lado a los pedidos de los millones de congéneres pertenecientes a los pueblos originarios, constituirse en la fuente primaria que promueva el cambio transformador necesario para recuperar la estabilidad planetaria.

Posiblemente a través de milenios, la naturaleza encuentre nuevamente su equilibrio. Pero la civilización humana, por el contrario, no tiene tanto tiempo. Y una parte de ello, lo comienzan a advertir con vehemencia desde una sus áreas más sensibles, como los manglares.

 

Referencias

Global Mangrove Watch (2025). Mangrove Atlas. https://www.globalmangrovewatch.org/

IPBES (2025). Summary for Policymakers of the Thematic Assessment Report on the Interlinkages among Biodiversity, Water, Food and Health of the Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (The NEXUS Report). McElwee, P. D., Harrison, P. A., van Huysen, T. L., et al. (eds.). IPBES secretariat, Bonn, Germany. DOI: 10.5281/zenodo.15673657

IPBES (2026). Summary for policymakers of the Methodological Assessment Report of the Impact and Dependency of Business on Biodiversity and Nature’s Contributions to People. Jones M., Polasky S., Rueda X., Brooks S., Carter Ingram J., Egoh B. N., von Hase A., Kohsaka R., Kulak M., Leach K., Loyola R., Mandle L., Rodriguez-Osuna V., Schaafsma M. and Sonter L. J. (eds.). IPBES secretariat, Bonn, Germany. DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.15369060

Leal, M. y Spalding, M. D. (Editores), 2024 The State of the World’s Mangroves 2024. Global Mangrove Alliance. DOI: https://doi.org/10.5479/10088/119867

Pengue, W.A. (2023). Economía Ecológica, Recursos Naturales y Sistemas Alimentarios ¿Quién se Come a Quién? Orientación Gráfica Editora.  Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/370068450_Economia_Ecologica_Recursos_Naturales_y_Sistemas_Alimentarios_Quien_se_Come_a_Quien

UNEP (2023). Decades of Mangrove forest change: What does it mean for nature, people and the climate?. https://wedocs.unep.org/handle/20.500.11822/42254

UNESCO (2025). Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares. https://www.unesco.org/es/days/mangrove-ecosystem-conservation

UNESCO (2025b). Carbono Azul. https://www.ioc.unesco.org/en/blue-carbon

 

 

Walter Alberto Pengue es Ingeniero Agrónomo, con una especialización en Mejoramiento Genético Vegetal (Fitotecnia) por la Universidad de Buenos Aires.  En la misma Universidad obtuvo su título de Magister en Políticas Ambientales y Territoriales. Su Doctorado lo hizo en la Escuela de Ingenieros Agrónomos y de Montes en la Universidad de Córdoba (España) en Agroecología, Sociología y Desarrollo Rural Sostenible.  Realizó estancias postdoctorales en las Universidades de Tromso (Noruega) y en el INBI, University of Canterbury (Nueva Zelanda).

Pengue es Profesor Titular de Economía Ecológica y Agroecología en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y director del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente (GEPAMA) de la Universidad de Buenos Aires (FADU UBA).

Es fundador y ex presidente de la Sociedad Argentino Uruguaya de Economía Ecológica (ASAUEE) y fue miembro del Board Mundial de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica (ISEE).  Es uno de los fundadores de SOCLA, la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA), de la que actualmente es responsable de su Comité de Ética. Lleva más de 30 años de estudios sobre los impactos ecológicos y socioeconómicos de la agricultura industrial, la agricultura transgénica y el sistema alimentario a nivel nacional, regional y global y su relación con los recursos naturales (suelos, agua, recursos genéticos). Experto Internacional, revisor, autor principal y coordinador de autores del IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas) (desde 2019), TEEB (2015 a 2019) y del Resource Panel de Naciones Unidas Ambiente (2007 a 2015). Ha sido autor principal del Capítulo 16 de la Ronda 6 del IPCC (2019/2022), presentado en 2023. Es autor principal y coordinador de autores en el Proyecto Nexus IPBES, análisis temático sobre las interrelaciones entre los sistemas alimentarios, la biodiversidad, la salud, el agua y el cambio climático (2021 a 2025). Participa de la Red CLACSO sobre Agroecología Política y es tutor del Grupo de Agroecología Andina. Académico de Número de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente y de Varias Comisiones Científicas Asesoras en Desarrollo Sustentable, Ambiente, Agricultura y Alimentación de Argentina. Profesor invitado de Universidades de América Latina, Europa, Asia, África y Oceanía. Consultor internacional sobre ambiente, agricultura y sistemas alimentarios.  Miembro del Grupo de Pensadores Fundacionales del Ambiente y el desarrollo sustentable de la CEPAL, Naciones Unidas, cuyo último libro es AMÉRICA LATINA y EL CARIBE: Una de las últimas fronteras para la vida (noviembre 2024). Pengue es investigador invitado de la Cátedra CALAS María Sybilla Merian Center de las Universidades de Guadalajara y CIAS, Center for InterAmerican Studies de la Universidad de Bielefeld (2024/2025) y del Center for Advanced Study (HIAS) de la Universidad de Hamburgo (2024/2025).

Publicaciones

Todas sus obras pueden bajarse de:  https://www.researchgate.net/profile/Walter-Pengue

Últimos libros

GLIGO, N., PENGUE, WALTER y otros (2024).  AMÉRICA LATINA y EL CARIBE: Una de las últimas fronteras para la vida. El libro (español, inglés, francés y portugués), puede bajarse de: https://www.researchgate.net/profile/Walter-Pengue

PENGUE, WALTER A. (2023). Economía Ecológica, Recursos Naturales y Sistemas Alimentarios ¿Quién se Come a Quién? – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Orientación Gráfica Editora, 2023.354 p.; 24 x 16 cm. – (Economía ecológica / Walter Alberto Pengue ISBN 978-987-1922-51-2 – El libro puede bajarse de: https://www.researchgate.net/profile/Walter-Pengue