Por: Carlos Iván Moreno (México).

“El problema para los autoritarios es que la educación superior está intrínsecamente ligada a la libertad de pensamiento” 

(Spin Dictators)

 

Durante la Conferencia Internacional de Educación Superior 2022, la UNESCO alertó sobre los riesgos que representan los gobiernos autoritarios para la autonomía universitaria: “Es esencial proteger la libertad académica de las comunidades universitarias de interferencias políticas externas. Ello requiere un alto grado de autonomía y de autogobierno institucional”.

Hay motivos para preocuparse. De acuerdo con el Índice de Democracia, calculado por The Economist Intelligence Unit (EIU), en 2021 la libertad mundial disminuyó por decimoquinto año consecutivo. Hoy día, apenas el 6.4 por ciento de la población mundial vive en una democracia plena; el nivel más bajo registrado por el índice. Esto implica una menor tolerancia a la pluralidad de pensamiento, menor libertad académica y una menor autonomía institucional. Los autoritarismos ganan terreno.

Retomo este asunto global por el entorno tan complicado que enfrenta hoy la Universidad de Guadalajara, en México; no solo en lo presupuestal, lo que pone en riesgo el avance en el crecimiento de los espacios educativos, sino en lo político, lo que amenaza gravemente su autonomía universitaria. Se trata de apenas un ejemplo (de muchos) de los recientes embates autoritarios para tratar de debilitar y someter a las universidades.

En el conflicto del Gobierno del Estado de Jalisco con la Universidad, contrario a la narrativa gubernamental, el problema no es el presupuesto para la construcción de un museo de ciencias ambientales, ni la repentina preocupación del gobernador por la gobernanza universitaria. Son meros pretextos.

Lo realmente inadmisible para un gobierno de rasgos autoritarios es la autonomía y, sobre todo, la prerrogativa constitucional de autogobierno de las universidades. No toleran la crítica académica a sus políticas públicas y a sus resultados; no toleran que aún quede una institución en Jalisco no controlada por ellos.

Tiene razón Bueno de Mezquita (2011) en que la universidad es una amenaza para los autoritarios porque “es un semillero potencial de oposición y disenso” (The Dictator’s Handbook). Así es, las universidades históricamente han sido espacios de crítica y cuestionamiento a las decisiones arbitrarias de la autoridad, un contrapeso al poder público, esa es la esencia de las universidades.

Las coartadas para desestabilizar a las instituciones de educación superior sobran: que si la UNAM se “derechizó”; que si el CIDE es “neoliberal”; que si son “nidos de comunistas” (Brasil); que si están al servicio de intereses financieros (Hungría); que si no son lo suficientemente nacionalistas (Rusia); que si construyen museos de ciencias ambientales -¡qué barbaridad!- (Jalisco, México).

No les interesa la vida académica ni organizacional universitarias, les interesa el control político. 

En las universidades se ejerce la crítica sí, pero también la autocrítica. En el gobierno estatal harían bien en ejercer mucho más esta cualidad; ser autocríticos para reconocer los verdaderos problemas que aquejan a la población de Jalisco: las desapariciones, la violencia, la escasez de agua, la deuda pública, la libertad de prensa, etc.

Autocritica también para reconocer la contribución de la Universidad de Guadalajara al desarrollo del estado: en cobertura, en calidad y en posicionar a Jalisco en el mapa global, para bien. Recordar, por ejemplo, que desde 1994 la UdeG lleva educación a todos los rincones del estado y, en 10 años, ha incrementado en 100 mil sus espacios educativos, principalmente para los que menos tienen; siendo también la UdeG una universidad que garantiza espacios educativos al 100 por ciento de los aspirantes en educación media superior. Algo, sin duda, se está haciendo bien.

Qué bueno que se convoque a cerrar filas; ojalá fuera contra los graves problemas que vivimos todos los días, y no para intentar acallar y controlar a la mejor universidad pública estatal de México.

En una democracia, todas las voces deben ser escuchadas y el diálogo nunca debe cancelarse.

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Car­los Iván Mo­reno es Licenciado en Finanzas por la Universidad de Guadalajara (UdeG), Maestro en Administración Pública por la Universidad de Nuevo México y Doctor en Políticas Públicas por la Universidad de Illinois-Chicago. Realizó estancias doctorales en la Universidad de Chicago (Harris School of Public Policy) y en la Northwestern University (Kellog School of Management). Actualmente se desempeña como Coordinador General Académico y de Innovación de la Universidad de Guadalajara.