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Homenajean a Quino recordando anécdotas con el creador de Mafalda

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Jalisco, México.

Amable, tranquilo y cercano, así definieron la personalidad de Joaquín Salvador Lavado, Quino, fallecido el 30 de septiembre pasado. El creador de Mafalda fue homenajeado este domingo, en el programa del Salón del Cómic en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), en su edición virtual.

En “Aquí no hay tristeza: homenaje a Quino” participaron el editor argentino Daniel Divinsky, el escritor mexicano Martín Solares y la dibujante colombiana Adriana Mosquera.

«Fui su amigo por más de medio siglo y su editor por casi medio siglo. Esto de que “Aquí no hay tristeza”, me parece una afirmación muy optimista de la FIL Guadalajara, porque yo todavía conservo la tristeza que me produjo la desaparición física de Quino”, expresó el editor argentino.

Daniel Divinsky fue amigo de Quino antes de publicarlo. Comentó que simultáneamente empezó a leerlo. Ediciones de la flor se convirtió en una editorial profesional a partir del momento en que el humorista gráfico argentino, propuso publicar el sexto volumen de Mafalda:

“Pasamos a publicar el volumen seis de Mafalda en octubre de 1970 con un tiraje inicial de 200 mil ejemplares, que se vendieron en una tarde, eso quiere decir que los lectores lo compraron en una tarde”, recordó el editor, quien también acotó, que cada uno de los personajes de Quino era una parte de él mismo.

Tenía una empatía con la gente poco habitual. De acuerdo con Divinsky, Quino contestaba personalmente muchas de las cartas que le enviaban sus lectores, pues no tenía un secretario o asistente que contestara por él:

“En un momento una muchacha de 13 años le envió una carta muy preocupada, porque no dibujaba más a Mafalda y preguntaba por qué había dejado de hacerlo y le contestó: -Querida Marcela gracias por tu carta; mientras tenga lectoras como vos Mafalda no desaparecerá. La dibujé durante 10 años, imagínate a vos misma desde tus 3 años hasta ahora haciendo la misma cosa ¿hubieras sido capaz? Lo dudo. Vivir es ir cambiando, además la vida nos cambia queramos o no-”.

Por su parte, la dibujante colombiana Adriana Mosquera compartió, que cada que se encontraba con Quino, era más amable, más cercano:

“Era un personaje muy entrañable para nosotros los autores. Para la gente que hacía fila para poder hacerse una foto en los encuentros con el maestro. Siempre hablaba con un tono calmado y con mucha sensibilidad”, expresó.

La dibujante colombiana en algún momento le compartió a Quino que ella era creadora de un personaje llamada Magola:

“Me dijo sí, yo sé lo que vos hacés, dijo que conocía mis tiras cómicas, que le gustaban. Obviamente sé que yo no le llego ni a los talones en calidad al maestro Quino, pero sí tengo que reconocer que cuando yo empecé cuando tenía unos 7 u 8 años, una de las primeras lecturas que hice fue de las tiras cómicas Mafalda en Colombia”.

Mosquera compartió, que ella interiorizó que las niñas tenían derecho a protestar, a tener voz propia y que quería cambiar el mundo, como lo incitaba Mafalda:

“Yo no sabía que Quino era hombre, yo creí que Mafalda la hacía una mujer. Dice tantas cosas que son de actualidad, humanidad, ecología, planeta, de política y lo dice una niña y eso para mí era sorprendente. Yo estaba acostumbrada a ver que todo lo hacía hombres, superhéroes y luego sale Mafalda con una fuerza demoledora”, expresó la dibujante.

Para Adriana, la enseñanza más grande que Quino le dejó fue su naturalidad, que, aunque nunca quiso ser maestro lo hizo de manera indirecta:

“Ser normal, ser cercana, tranquila, enseñar a las nuevas generaciones a preguntar y tener pensamiento crítico. Mafalda sembró en mi cabeza la necesidad de expresarme, de criticar y nos dio alas a muchas mujeres de mi generación”.

Mientras tanto, el escritor mexicano Martín Solares, compartió una anécdota con Quino, donde dio cuenta de lo cuidadoso que era el humorista gráfico con sus nuevas obras:

“Cuando yo iba a visitarlo a su departamento, corría a asomarme a ver qué tenía en su escritorio y él corría atrás de mi y cubría lo que estaba dibujando en el algún papel, porque no le gustaba que nadie viera lo que estaba haciendo”.

Definió a Quino como un hombre visual, con el que no era sencillo hablar de literatura, pero sí de cine, museos, pintura y música:

“Era un hombre de cine, de museos, de pinturas, de música y de conversaciones, sí leía por supuesto, pero él mismo decía que no sabía gran cosa de literatura”.

Solares reveló, que Quino llegó a rechazar varios doctorados honoris causa a distintas universidades del mundo, pues para él era una alteración de su rutina, esencial para dibujar:

“Tres universidades en ese mismo bimestre le habían ofrecido a Quino el doctorado honoris causa, uno en Estados Unidos, otro en Europa y otra más en el norte del continente americano y Quino las rechazó de la forma más amable, sin posibilidad de réplica. Dijo, lo único que yo quiero hacer en la vida es dibujar y cada doctorado honoris causa que yo aceptara, implica perder una semana de vida y dejar de dibujar”.

También compartió, que Mafalda tiene una versión china, que fue traducida en su momento por un editor, auténtico fan de Quino, quien lo buscó para traducir al chino, pero que nunca recibió respuesta hasta años después, logrando tener miles de lectores también en el país asiático.

Por: Mayra Vargas/NCC Iberoamérica.

Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano – Noticias NCC
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