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Indispensable contribución de la Cuenca del Congo en la lucha contra el cambio climático

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Republica Democrática del Congo.

La Cuenca del Congo alberga el segundo bosque tropical más grande del mundo, después del Amazonas, con una superficie de 180 millones de hectáreas. Dos tercios del territorio se encuentran en la República Democrática del Congo, un país tan grande como Europa occidental.

«Estoy a 25 metros de altura con respecto a las copas de los árboles, en la torre de flujo; una estructura única en la Cuenca del Congo. La zona de Yangambi se ha convertido, de nuevo, en un lugar de experimentación en el que se intenta luchar contra el calentamiento global y restaurar la biodiversidad», declara Laurence Alexandrowicz.

De 55 m de altura, la construcción se sumó, hace un año, a las 1 400 torres de flujo del mundo. Diseñada por la Universidad de Gante, Bélgica, se levanta en medio de una selva tropical.

«Esta estructura nos permite cuantificar el intercambio de gases de efecto invernadero entre la atmósfera y el bosque. Así, podemos calcular, continuamente, la cantidad de dióxido de carbono emitido, y recogido por el bosque de la Cuenca del Congo», declara Thomas Sibret, técnico de la Universidad de Gante y director del proyecto Congoflux.

Los primeros resultados son prometedores.

«Este bosque, en contra de lo que dicen muchos, no es el segundo pulmón del planeta, sino el primer pulmón del planeta. Por muchas razones biológicas e históricas, hoy se fija más dióxido de carbono en la Cuenca del Congo que en el Amazonas o en Indonesia», afirma Michel Baudouin, rector de la ERAIFT (Escuela Regional de Formación de Postgrado en Gestión Integrada de bosques y tierras tropicales).

La Reserva de Yangambi fue el mayor centro de investigación tropical del mundo, cuando el país era una colonia belga.

El CIFOR, Centro para la Investigación Forestal Internacional, está recuperando Yangambi, en colaboración con las autoridades del país. El proyecto se llama ‘FORETS’. Está financiado por la Unión Europea y se desarrolla en la Facultad de Ciencias de Kisangani, donde se forman los futuros expertos forestales. Los 260 estudiantes del máster y el doctorado hacen sus prácticas en Yangambi. En esta ocasión, Yves dirige un taller de sensibilización para niños. Ellos serán la próxima generación responsable de la protección de ‘su bosque’.

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Niños congoleños asisten a una clase de sensibilización sobre la protección el bosque tropical. Euronews

«Esta es nuestra mayor envoltura de conservación en África. La República Democrática del Congo es un país de soluciones. Se trata de una nación enorme, con un inmenso recurso forestal. Representa un factor, tanto en lo que respecta al desarrollo para las poblaciones, como de conservación del planeta», señala Jean Marc Chataigner, embajador de la UE en la República Democrática del Congo.

El proyecto ‘FORETS’ incluye, también, la investigación sobre el café, la madera, la construcción de una central de cogeneración de biomasa para suministrar electricidad, la producción de miel y, gracias a la agrosilvicultura, la lucha contra la deforestación.

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Plantación que forma parte del proyecto FORETS en la República Democrática del CongoEuronews
 

«Para conseguir que el bosque esté menos degradado, una de las opciones es la denominada agroforestería. Es decir, acompañar y animar a las comunidades locales a plantar árboles para fertilizar el suelo, producir dendroenergía… etcétera», explica Olivier Mushiete, director general del Instituto Congoleño para la Conservación de la Naturaleza

El vivero del proyecto ‘FORETS’ suministra plántulas a los agricultores. En medio de los cultivos de cacahuete, ahora, están plantando acacias, árboles de rápido crecimiento. El objetivo es plantar cinco millones de árboles y recuperar la biodiversidad degradada.

La agrosilvicultura tiene sentido en Ntsio, en la meseta de Batéké, a 150 kilómetros al este de la capital del país. En esta sabana, la Unión Europea invierte, desde 2013, para desarrollar la agricultura en un suelo arenoso, con el fin de alimentar a la población local y a la de Kinshasa, y frenar el éxodo rural.

Unas doscientas sesenta familias se reparten en 5 500 hectáreas de terreno, que han sido acondicionadas para recrear las condiciones de un bosque fértil. En sus tierras, cada agricultor produce aceite de palma, yuca, cereales o legumbres, a la sombra de las acacias, el árbol propicio de la agroforestería.

«Estas hojas, que caen a lo largo de los años, se amontonan y forman una capa de humus, y las raíces de la acacia fijan el nitrógeno. Esto es lo que fertiliza el suelo, en las mismas condiciones que el bosque», declara Benjamin Tandala Kalenza, agricultor y coordinador del proyecto Ntsio.

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Judith Makasi Kazwala, agricultora que forma parte del proyecto Ntsio. Euronews
 

En una de las reuniones que se llevan a cabo en el marco del proyecto, se trata el tema de las cosechas y la venta de productos, destinados sobre todo a Kinshasa, y a sus 20 millones de habitantes. Con respecto al suministro de agua, las familias comparten los grifos, abastecidos por un pozo. El proyecto Ntsio ha permitido a los agricultores multiplicar por diez, sus ingresos.

«Mi vida es diferente porque antes compraba comida, compraba yuca. Antes, tenía que sacar dinero para comprarla, pero ahora ya no tengo que hacerlo. Voy al campo y puedo cosechar diferentes alimentos. Y, eso, me permite ganar dinero», afirma la agricultora Judith Makasi Kazwala.

Un vivero excepcional, poco frecuente en África central, abastece a los agricultores de las plantaciones y permite a ‘niños de la calle’, de Kinshasa, participar en el proyecto. Alrededor del emplazamiento agroforestal, una gran pradera sirve de cortafuegos para frenar los incendios de la sabana. El ganado pasta y ejerce de segadora natural, que vela por la seguridad de los habitantes de Ntsio.

Por: Euronews

Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano – Noticias NCC
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