Científicos y ciudadanos se alían contra sequías en ríos

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Una aplicación para alertar sobre la falta de agua en ríos busca animar a los ciudadanos a colaborar con los científicos en la búsqueda de soluciones a un problema creciente en América Latina.
DRYRivERS fue desarrollada en el marco de un proyecto internacional que estudiará los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas de las redes de ríos que se secan. Así, los investigadores podrán comparar las reacciones de la biodiversidad a las sequías entre Europa y Sudamérica, y desarrollar modelos que anticipen los efectos del cambio climático en ríos y arroyos.

En la primera fase del proyecto, los científicos están recolectando datos en los nueve países que alojan los casos de estudio: seis europeos (Croacia, República Checa, Finlandia, Francia, Hungría y España) y tres sudamericanos (Bolivia, Brasil y Ecuador).

Por otra parte, la aplicación ya está disponible para que ciudadanos de 177 países aporten sus propios registros.

La información resultante generará un mapa que -combinado con herramientas de hidrología- permitirá modelar proyecciones de uso del agua, que a su vez servirán para identificar próximos eventos de secado de ríos, adelanta Amélie Truchy, supervisora de diseño de la app.

Así, se podrán elaborar estrategias y recomendaciones de manejo para las redes hídricas en crisis.

“Explorar las respuestas de las redes de ríos que se secan a lo largo de una variedad de climas, contextos biogeográficos y configuraciones socio-ecológicas es vital para abordar las similitudes y los contrastes en términos de respuestas de las comunidades y los ecosistemas”. Amélie Truchy.

Los ríos actúan como corredores ecológicos para las especies y salvaguardan la biodiversidad, uniendo ecosistemas terrestres y acuáticos. También proveen agua potable y alimentos, y contribuyen a la regulación del clima, recuerdan los responsables de DRYRivERS.

Sin embargo, más de la mitad de la red de ríos del mundo tienen canales que se están secando, cuota que aumenta dramáticamente debido al cambio climático y al uso creciente del agua.

Sudamérica “aloja casi el 30 por ciento de los recursos globales de agua dulce pero es altamente vulnerable al cambio climático: el 40 por ciento de la tierra es propensa a la desertificación”, precisa Truchy.

“La situación de las aguas superficiales se ha deteriorado en las últimas décadas, a nivel de la cantidad y calidad”, confirma Miguel Doria, responsable para América Latina del Programa Hidrológico Intergubernamental de la UNESCO, quien no forma parte del proyecto.

Entre las causas principales destaca el aumento poblacional de la región (de 430 millones en 1950 a 660 millones hoy), los cambios en el uso del suelo (deforestación y consecuente erosión, con más sedimentos en los ríos) y la sobreutilización de productos químicos y plásticos.

El cambio climático, a su vez, produce pérdidas en la masa de los glaciares andinos, junto a una mayor frecuencia e intensidad de inundaciones y sequías.

En cuanto a las razones puntuales para la pérdida de agua en los ríos, Doria cita la extracción (por el aumento del consumo), la evaporación (por deforestación en las márgenes o por embalses y presas mal diseñadas) y la baja en las precipitaciones.

“Una de las consecuencias más inmediatas es la degradación de los ecosistemas acuáticos”, con informes que refieren “pérdidas muy significativas de vertebrados de agua dulce”.

Los usuarios de la app pueden hacer un seguimiento de estas situaciones de manera sencilla: quienes quieran dejar registro de un río afectado deben tomar una foto, proveer su geolocalización y reportar el estado del agua: fluyendo, en charcos aislados o ausente.

La información resultante ya se puede consultar en el sitio web de DRYvER, donde los científicos involucrados en el proyecto están construyendo una red de observación de secado de ríos en tiempo real.

Hasta hoy se han registrado 32 puntos en Sudamérica, todos en Bolivia. “Sólo el 8 por ciento están descritos como secos”, indica Truchy. Aunque es la cifra más baja de las nueve redes en estudio, los primeros resultados sólidos se esperan en el transcurso de un año.

“Explorar las respuestas de las redes de ríos que se secan a lo largo de una variedad de climas, contextos biogeográficos y configuraciones socio-ecológicas es vital para abordar las similitudes y los contrastes en términos de respuestas de las comunidades y los ecosistemas”, explica.

Algunas de esas respuestas pueden ser la implementación de áreas protegidas en las redes hídricas, que actúen como reservorios biológicos o garanticen la conectividad entre distintos ambientes.
Así, podrían instalarse “amortiguadores” boscosos en las riberas, que aumenten el almacenamiento de agua en las secciones donde los ríos lleguen a niveles críticos.

Otros casos de éxito, donde se revirtieron situaciones de degradación, también pueden inspirar soluciones. Doria menciona los de Esteros de Farrapos (Uruguay) e Iberá (Argentina), y la reforestación de cuencas y márgenes de ríos en sectores de Chile, Perú y Brasil.

El hidrólogo sugiere que hay razones para el optimismo, ya que “los gobiernos de la región están empeñados en lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6” (garantizar la disponibilidad de agua para todos) que Naciones Unidas fijó para 2030.

Para ello, se deberá profundizar en los proyectos que mejoren el uso racional de los recursos hídricos, saneen las aguas residuales, rehabiliten los ecosistemas acuáticos, fortalezcan la cooperación entre países, e inviertan en investigación científica y capacitación.

“El mundo hay cambiado mucho en las últimas décadas y necesitamos adaptarnos rápidamente para garantizar su sustentabilidad”, concluye el experto.

Por: Pablo Corso/ SciDev América Latina

Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano – Noticias NCC
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