El misterio de la mariposa de Alfred Wallace se retoma luego de 154 años

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Taiwán.

Tras ser descubierta en 1866 por el naturalista y biólogo británico Alfred Wallace, ningún otro científico se había fijado en esta mariposa taiwanesa, protagonista del #Cienciaalobestia. Un siglo y medio más tarde, un equipo la ha vuelto a examinar para otorgarle el nombre y el lugar que le corresponde.

Hace 154 años, el naturalista, explorador, geógrafo y biólogo británico, Alfred Russel Wallace (1823-1913) escribió junto al entomólogo también británico, Frederic Moore, un artículo histórico. Fue el primero en estudiar los lepidópteros (mariposas y polillas) en la isla de Taiwán, al este de Asia. Juntos describieron 139 especies –93 especies nocturnas y 46 diurnas, de las cuales cinco fueron nuevas para la ciencia–.

Cuatro de estos nuevos ejemplares volvieron a ser examinados, así como su ubicación taxonómica, desde 1866, cuando se descubrieron, hasta 1886, pero la mariposa restante, denominada Lycaena nisa, nunca volvió a ser estudiada. Ha tenido que pasar un siglo y medio para que un equipo de científicos se volviera a fijar en ella.

En un estudio, publicado en la revista ZooKeys, los investigadores liderados por la National Taiwan Normal University recopilaron y examinaron el espécimen original de la colección de Wallace en el Museo de Historia Natural de Londres, así como otros ejemplares históricos almacenados en el Instituto de Investigación Agrícola de Taiwán y otras mariposas modernas recolectadas en Australia y Hong Kong.

Tras un exhaustivo análisis, Yu-Feng Hsu y su equipo finalmente resolvieron la identidad de la misteriosa mariposa de Alfred Wallace. Su nombre es en realidad Famegana nisa. También descubrieron que tras su hallazgo original en 1866, otros investigadores acuñaron nombres diferentes de especies para la misma mariposa: Lycaena alsulus y Zizeeria alsulus eggletoni.

Mariposa
Espécimen de Famegana nisa recolectado por Wallace en 1866. / Dr Yu-Feng Hsu (cortesía de NHM)
Una mariposa fácilmente reconocible

Aunque este insecto ha quedado en el olvido por parte de la comunidad científica, en la naturaleza no ha dejado de destacar, sobre todo en hábitats verdes. La mariposa se puede distinguir fácilmente de las otras especies locales por el color blanco grisáceo uniforme de la parte inferior de las alas, combinado con oscuras bandas submarginales y una única mancha negra prominente en el ala trasera.

Sin embargo, la especie demuestra una alta variabilidad estacional, lo que significa que los individuos criados en la temporada seca tienen una mancha negra reducida, un color de fondo más oscuro en la parte inferior de las alas y bandas submarginales distintas en comparación con los especímenes de la época húmeda.

Es por esta razón que Hsu señala que quizás sea innecesario dividir la especie en subespecies, aunque ya se han reconocido hasta cuatro.

Por: SINC

Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano – Noticias NCC
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