“El gran movimiento”, la sinfonía obrera del boliviano Russo llega a Venecia

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El director boliviano Kiro Russo presentó en el Festival de Venecia su película “El gran movimiento“, una elegía sinfónica al obrero y a los últimos de la sociedad con la que compite en la sección del certamen dedicada a las vanguardias.

El cineasta explica que su cinta es “una colección de movimientos”, personales y estructurales, para observar La Paz desde el punto de vista de sus propios moradores y desentrañar el impacto de su rutina en ellos.

“Dentro de la película hay muchos movimientos (…) Me interesó el movimiento de la ciudad, que termina representando el movimiento del sistema, un sistema capitalista que nos sostiene no solo en Bolivia sino en el mundo entero”, señaló.

“El gran movimiento”, en concurso en la sección “Horizontes”, la segunda en importancia de la Mostra, está protagonizado por Elder (Julio César Ticona), un joven minero en busca de una nueva vida, que retoma su rol en otra cinta de Russo, “Viejo calavera” (2016), y por Max, un sintecho en la vida real que hace de chamán.

A través de estos personajes, no actores, el realizador retrata la ciudad, un hormiguero de ladrillo a los pies del altiplano, así como de sus sistemas, arquitectura y cambios.

Una historia “de enfermedad y curación” que revela el verdadero tejido social de la capital boliviana y la existencia de los más desfavorecidos.

La cinta arranca con una suerte de preludio en el que la cámara de Russo escudriña la ciudad con un lento zoom, presentándola como un tapiz en el que sus personajes viven enredados.

De la realidad a la ficción

Su intención como amante del cine soviético fue rodar un tributo a un género antiguo de los años 20´s del pasado siglo, las sinfonías de la ciudad, pero reinterpretándolo, no para elogiar a la técnica y al progreso, sino de una forma crítica.

“Creo que en este momento, justo con esta era de la COVID, estamos empezando a ver como sociedad un momento en que las cosas de este momento capitalista se ponen en cuestión”, opina Russo, que asegura preferir trabajar con obreros.

“Son los que están sosteniendo el mundo en el que vivimos y creo que es importante tener una conciencia de eso”, sostuvo, porque para él como artista es “importantísimo” tener conciencia de clase, “sobre todo” haciendo cine en su país: “Para mi sería incoherente que queramos hacer un ‘Harry Potter’ en Bolivia”, apunta entre risas.

Una de sus inspiraciones fue uno de los protagonistas, Max Eduardo Bautista Uchasara, un amigo al que conoció en 2004 en un mercado, que ha vivido en la calle en los últimos 25 años y que tras actuar en la película ha obtenido una casa gracias a la ayuda del cineasta.

En este sentido también le inspiró leer “The man of the crowd” (El hombre de la multitud, 1840), la historia de Edgar Allan Poe en la que un burgués sentado en una terraza de Londres acaba siguiendo de cerca a un vagabundo para descubrir su vida y la de la ciudad.

“Hago al revés, mirando la ciudad desde el punto de vista del vagabundo y del ermitaño que están fuera”, alega, reconociendo que su obra tiene algo de documental.

Russo, conocido tras pasar por el Festival de Locarno con su corto “Nueva vida” (2016), mención especial del jurado, y con “Viejo calavera”, en esta ocasión ha preferido estrenar en un certamen como el veneciano, tradicionalmente vinculado al estrellato y al glamour, y lo ha hecho a propósito.

“Es una actitud punk porque me parece importante que el público vea otro tipo de películas (…) Me parece importante que al lado de las estrellas exista, aunque tal vez muchos no lo entiendan, un retrato del mundo trabajador, que se hable de cómo se están consumiendo sus cuerpos en el trabajo, que se hable de un documento de época que tiene que ver con el capitalismo que es donde estamos viviendo”, concluye.

Por: EFE

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