Perú.

En un mundo que muchas veces avanza de prisa, hay corazones que nos enseñan a detenernos, mirar y comprender. Cada 21 de marzo, el calendario nos invita a recordar que la diferencia no es distancia, sino una forma distinta de habitar la vida.

“Para mí significa atender a la diferencia, pero también en igualdad de condiciones. Dar la oportunidad a nuestros estudiantes de poder realizar sus actividades de acuerdo a sus intereses y sus necesidades”, dijo la profesora Jessica Quispe Felipe, directora CEBE Arcoiris.

Entre sonrisas sinceras y miradas que hablan sin palabras, el Centro de Educación Básica Especial Arcoíris de Urubamba se levanta como un lugar donde la inclusión no es discurso, sino una práctica diaria.

“Es algo fortalecedor y motivador también para mí porque estos niños son niños hábiles y pueden lograr muchas cosas”, dijo la profesora Giovanna Castillo Arrosquipa.

Medias distintas, tonos vibrantes, pequeños detalles que envían un gran mensaje: Aceptar, respetar y celebrar la diversidad. Pero en este espacio la inclusión no solo se enseña, también se siente. A través de la música, por ejemplo, se abren caminos que las palabras a veces no logran recorrer.

“Y una experiencia muy grande tal vez en estos 14 años. Estos niños tienen un talento artístico Yo el que habla mayormente trabajo con terapias, terapias musicales, acá estamos instrumentos musicales que tenemos, el tambor, quena, todo eso. Estos niños cuando se les motiva con una terapia musical son niños muy excelentes, muy inteligentes que ya prácticamente los ex alumnos también ya se están yendo con con un enfoque de un trabajo que está adaptándose a la sociedad. De aquí se van formando con una autonomía”, dijo el profesor Angelino Ramos Olivera.

Y es que detrás de cada avance hay historias que conmueven y hablan de amor. Alison es una de esas historias que iluminan. Su sonrisa amplia y sincera es reflejo del amor inquebrantable de su padre. Él trabaja cada día recorriendo caminos, no solo para ganarse la vida, sino para construir un futuro para su hija.

“Mi hija presente es como una bendición de Dios para mí. Porque gracias a ella es lo que estoy viviendo ahorita. Si, cosas buenas, también cosas malas, pero mayormente las cosas buenas lo vivo con mi hija y así sigo adelante”, contó Alex Ninahuilca Gonzáles, padre de Allison.

En el CEBE de arcoíris y en hogares como el de Alison, la inclusión no es ajena. Se construye día a día con amor, esfuerzo y el compromiso de no dejar a nadie atrás, porque al final no se trata de encajar, sino de ser más humanos.

Por: Vidawasi.