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La plasticidad cerebral nos permite cambiar y aprender a lo largo de la vida

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Por Consuelo Doddoli, Ciencia UNAM-DGDC

Sin lugar a duda, el cerebro es uno de los órganos más complejos e importantes de nuestro organismo. Es el órgano principal del sistema nervioso y está implicado en todas las funciones y tareas que realizamos diariamente y que nos mantienen vivos.

Y es que, no solo nos sirve para pensar, hablar o razonar, también, gracias a la interacción de miles de millones de células nerviosas (llamadas neuronas) tiene que ver con procesos tan básicos como el hambre, el sueño, respirar, parpadear, así como soñar, sonreír y llorar, además permite el aprendizaje y la memoria. Ahora mismo, mientras estas leyendo este texto, varias partes de tu cerebro están interactuando para poder leer, procesar y entender la información y, por supuesto, disfrutarlo.

Nuestro cerebro ha evolucionado durante millones de años hasta llegar a lo que es actualmente. Está formado por alrededor de cien mil millones de neuronas.

Para que estas células envíen mensajes por todo el cuerpo es necesario que las neuronas se comuniquen a través de los pequeños espacios que hay entre ellas. A la comunicación entre dos neuronas se le conoce como sinapsis.

La sinapsis consiste en señales eléctricas que generan las neuronas y les permiten transmitir información de la parte de la neurona que “habla” (terminales sinápticas) hacia la región de la neurona que recibe (dendritas y soma de la neurona). El axón está encargado de transmitir la información muy rápidamente de una neurona a otra.

Cuando recibimos un estímulo, la información viaja de neurona en neurona hasta llegar a un centro de procesamiento. Ahí el cerebro decide cuál es la acción más adecuada y envía la información con instrucciones de regreso. Por ejemplo, cuando pasamos cerca de una panadería y recibimos el aroma del pan recién horneado, este estímulo viaja a una cierta zona del cerebro y éste manda la instrucción que nos provoca hambre.

A los “caminos” por los que viajan las señales del sistema nervioso se les conoce como circuitos neuronales. Algunos de estos circuitos están relacionados con el movimiento, otros con el sueño, otros con el aprendizaje y la memoria y otros más con las emociones y la conducta, por mencionar solo algunos.

El buen funcionamiento en la comunicación de las neuronas es esencial para realizar todas las acciones del cerebro, desde ordenar a los músculos que se contraigan o se relajen para realizar un movimiento, hasta la tarea intelectual más complicada, pasando también por las funciones que originan, controlan y modulan las emociones.

Sin embargo, estas redes neuronales no son permanentes, el cerebro tiene la capacidad para reorganizarlas a lo largo de nuestra vida, generando nuevas redes neuronales en función de las nuevas experiencias o aprendizajes adquiridos. Esto es lo que se conoce como plasticidad cerebral, dice la doctora Marie Bedos, de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Juriquilla de la UNAM.

Comenta que estos cambios en las redes se dan por ejemplo cuando aprendemos un nuevo idioma, a tocar un instrumento o cuando una persona se cambia de domicilio y debe aprender nuevas rutas de transporte, familiarizarse con su nueva ubicación y con los sitios aledaños.

Funcional o estructural

Existen dos tipos de plasticidad en el sistema nervioso. Una que es funcional y que se refiere a la remodelación que ocurre en el cerebro después de perder un miembro, por ejemplo, cuando se sufre una amputación de un dedo, las neuronas en el cerebro que representan a ese dedo pierden la comunicación sensorial con esa parte del cuerpo e inducen a una reorganización o plasticidad neuronal en las que esas neuronas trabajen para responder a las partes cercanas del dedo perdido.

El segundo tipo de plasticidad es la que se le conoce como estructural. Esta se refiere a los mecanismos que existen en nuestro cerebro que nos permiten ser flexibles, reforzar las redes que ya existen y formar nuevas redes neuronales e incluso eliminarlas.

La formación y el refuerzo de estas redes, nos permite construir recuerdos cada vez con mayor facilidad. Esto sucede mediante mecanismos que potencian la amplitud y la fuerza de la sinapsis, o con la creación de nuevas conexiones. El olvido está relacionado con su eliminación. Mientras menos utilicemos una red neuronal es mayor la probabilidad de que esta desaparezca.

Cuando un grupo de neuronas se activan a la vez, estas mandan información entre sí. Si este patrón de activación se repite con cierta frecuencia, estas neuronas no solo se mandan información, sino que tienden a buscar una unión más intensa con las otras que se activan a la vez.

Por ejemplo, si las neuronas que se activan cuando vemos un pastel de chocolate se “encienden” al mismo tiempo que las neuronas que reconocen el sabor dulce, ambos grupos de células nerviosas se conectaran poco a poco entre sí, lo cual significa una nueva red neuronal.

La plasticidad, también involucra la generación de nuevas neuronas en un área del cerebro conocida como hipocampo. Entre otros ejemplos está, cuando aprendemos un nuevo idioma; además de activar y de reclutar neuronas que ya existen, se generan nuevas neuronas que a su vez permiten la creación de nuevas redes o la modificación de las que ya existen.

Esto permite memorizar y generar nuevos conocimientos en el corto plazo, afirma la especialista, pero si no se mantiene un estímulo, la red neuronal puede perderse.

Por ejemplo, si aprendemos a tocar una canción en el piano se forma una red en el cerebro y mientras más la toquemos, más se refuerza esa red. Pero si dejamos de practicar, se puede ir perdiendo. Es decir, el olvido está relacionado con la eliminación de las redes neuronales. Mientras menos utilicemos una red neuronal, es mayor la probabilidad de que esta se pierda. Nos quedamos con los recuerdos que utilizamos y que son importantes.

La investigadora agrega que el sistema nervioso responde a estímulos y la plasticidad del cerebro es la respuesta a estos estímulos. Cualquier actividad, desde leer, caminar por lugares que no conocíamos, realizar algún ejercicio físico, la interacción con otras personas, retar al cerebro realizando crucigramas, entre otras muchas, permiten tener el cerebro activo y estimular la plasticidad.}

Con­sul­ta la nota ori­gi­nal: https://ciencia.unam.mx/leer/1278/la-plasticidad-cerebral-nos-permite-cambiar-y-aprender-a-lo-largo-de-la-vida

Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano – Noticias NCC
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