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Escribano, una profesión que sobrevive en las calles de Perú

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Perú,

Las calles de la Lima antigua, en Perú, están pobladas de personajes que se funden con la historia de este país, como los escribanos, que se dedican a una profesión que se pierde en la historia peruana y de la cual es ejemplo honroso Oscar Rodríguez.

A este hombre maduro, que trabaja en esta labor desde 1979, lo encontramos en las inmediaciones de una sede de la Corte de Familia y asuntos laborales con una antigua máquina de escribir manual de manufactura italiana, a media cuadra de la céntrica avenida Abancay.

«Me inicié desde que dejé un centro laboral estable y busqué otro lugar (para trabajar) porque tenía obligaciones que asumir, entonces vi por conveniente venir para acá con una maquinita de escribir, como ya dominaba la mecanografía, pero eso sí, no tenía todavía los modelos (de escritura)», expresó.

Entre los escritos que redacta Rodríguez se encuentran oficios judiciales, municipales y cartas para empresas prestadoras de servicios públicos, respuestas a notificaciones de multas o descargos para excusar faltas administrativas.

Con el proceso de digitalización que registra la sociedad peruana, el mecanógrafo indicó que el trabajo se ha reducido, porque la mayoría de peruanos cuenta con computadoras en su casa o acceden a los cibercafés públicos.

«Anteriormente hacíamos cartas, no había el Internet, entonces, todas las personas que venían para acá era para comunicarse con sus familiares que estaban en el interior del país, los salvábamos de una carga emocional, nos enterábamos de muchas cosas», anotó.

 – Juzgados de Perú –

Rodríguez agregó que los abogados litigantes también vienen a solicitarle sus servicios profesionales.

Generalmente, son oficios de trámites menores, porque lo que hacen son contestaciones de demandas judiciales.

En la competencia con las computadoras, este escribano y su antigua máquina de escribir sacan partido y ganan por su versatilidad y porque no necesitan energía eléctrica ni enfrentan problemas de caídas del sistema.

«A veces, cuando están en apuros, vienen, porque las computadoras están ocupadas, entonces, no se abastecen, nosotros los sacamos de apuros», anotó.

En la céntrica calle donde trabaja Rodríguez también operan otros dos mecanógrafos, que son sus colegas de muchos años y casi como una hermandad de oficio.

«Acá, actualmente, somos tres escribanos, éramos como 20, hemos quedado tres permanentes», comentó.

Uno de sus clientes más antiguos, Angel Lozano, ha seguido de cerca el recorrido que ha hecho a lo largo de cuatro décadas este escribano, que ya pinta canas.

«Excelente, Osquitar (diminutivo de Oscar), trabaja muy bien, yo lo conozco como 40 años, por lo menos, siempre he venido y seguiré viniendo hasta que Dios me dé fuerzas para seguir trabajando, por eso lo conozco muy bien», subrayó.

– La historia de ser escribano –

Lozano es contundente en el reconocimiento que hace del trabajo que realiza Rodríguez porque, en ciertas ocasiones, le ha ayudado en la elaboración de cartas u oficios para completar algunos trámites en la sede del Gobierno municipal.

Como buen escribano y amante de la poesía, por sus manos también pasaron innumerables cartas de amor, que algunos enamorados le encargaron redactar para conquistar a una chica de la que estaban enamorados o en busca de reconciliación amorosa.

Jóvenes enamorados acuden con frecuencia ante este escribano pidiéndole escribir cartas impublicables porque en estas desahogaban sus decepciones amorosas y prosas románticas.

El oficio de escribano es uno de los considerados tradicionales y que aún quedan en actividad en algunas zonas de la capital peruana donde, pese a los años, sobreviven con estoicismo al paso implacable del tiempo y la modernización.

Por: Xinhua

Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano – Noticias NCC
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