Ecuador.

Beber agua embotellada es un hábito cotidiano. Lo asociamos con pureza, seguridad y confianza, pero bajo el microscopio la historia es diferente. Investigaciones científicas detectaron altos porcentajes de microplásticos, fragmentos menores a 5 milímetros en la mayoría de muestras de agua embotellada analizadas a nivel internacional. Pero la pregunta clave no es solo si están presentes, es cuánto ingerimos.

Un análisis publicado en Environmental Science and Technology estima que una persona puede ingerir entre 39 mil y 52 mil partículas de microplástico al año a través de alimentos y bebidas. Sin embargo, quienes consumen exclusivamente agua embotellada podrían añadir hasta 90 mil partículas adicionales anualmente. En términos prácticos, esto puede duplicar la exposición total frente a quienes toman agua segura de otras fuentes. La mayoría de estas partículas provienen del propio envase.

“En las botellas plásticas se ha comprobado de que a través del tiempo, con la radiación solar, con el transporte, con el movimiento del agua interna dentro de la botella, más otros procesos de estructuración propia del plástico, pues van a ir liberando partículas o haciéndose microgrietas. Por lo tanto, en las personas que toman agua embotellada pueden llegar a contaminarse con partículas microplásticas o nanoplásticas en cantidades que superan o multiplican las 10 veces la que una persona que no consume este tipo de agua. Entonces, eso es una alerta que también se está dando a nivel nivel internacional para que se haga conciencia sobre que “si tengo la opción de elegir”, pues elija la opción que menos me contaminen”, explicó Santiago Cabrera, investigador de la Universidad Técnica del Norte.

Hay botellas de vidrio que se han puesto también de moda, digamos, pero que ayudan y disminuyen esa cantidad de micropartículas que se liberan en el agua embotellada”, detalló Melissa Layana, docente e investigadora de la Universidad Técnica del Norte.

La ciencia aún investiga los efectos exactos en la salud humana. Algunos estudios experimentales sugieren posibles procesos inflamatorios y estrés celular, pero todavía no existe consenso definitivo sobre el impacto a largo plazo. Lo que sí está claro es que la exposición es cada vez mayor y constante.

“Estos microplásticos que inclusive a veces pueden ser más pequeñitos que el nanoplástico traspasan esa barrera y sí perjudican al sistema pulmonar también, o sea, en todo”, agregó Layana.

En principio no sabemos qué efecto está causando en nuestro cuerpo, pero sabemos que ya están ahí y probablemente al ser partículas sintéticas creadas por el hombre, transformadas desde los hidrocarburos es seguro que no hay ningún beneficio a la salud”, concluyó Cabrera.

Por: Universidad Técnica del Norte (UTN) / Viviana Obando.