Ecuador.

Casi todos han sufrido por las muelas del juicio, pero lo que hoy causa dolor, molestias y visitas obligatorias al dentista, alguna vez fue una ventaja evolutiva. Hace miles de años, los terceros molares servían para masticar carne, raíces crudas y otros alimentos sin procesar. Para los seres humanos de ese tiempo, los terceros molares eran completamente funcionales, incluso sus cráneos eran más grandes y adaptados para tener piezas dentales extra.

Milenios atrás teníamos nosotros unos grandes cráneos.Las personas tenían hasta el cuarto molar. Se han encontrado inclusive restos de cráneos que tienen hasta el quinto molar”, dijo el odontólogo Ricardo Freire.

Con la cocción de alimentos la dieta se volvió más blanda y en especies como el homo sapiens la mandíbula empezó a reducir su tamaño. El problema es que el número de dientes no disminuyó al mismo ritmo. Como resultado de la falta de espacio están el dolor y los problemas que causan las muelas del juicio al día de hoy.

“Justamente hablamos del espacio. Si no tiene un espacio suficiente, esta muelita se va a inflamar en ese sitio. Va a dar un proceso inclusive procesos de infección que se conoce como pericoronaritis, procesos inflamatorios que pueden ser muy dolorosos en realidad y para lo cual el tratamiento justamente se le sugiere un chequeo un chequeo semestral o un chequeo anual para poder nosotros recomendarles hacer de pronto una radiografía, un examen geográfico y poderles recomendar cuál sería el tratamiento en este caso para cada persona para evitar este tipo de molestias justamente”, explicó.

Aunque la aparición de las muelas del juicio eran comunes en todas las personas de entre 17 y 25 años, nuevos estudios señalan que varias poblaciones ya presentan agenesia de terceros molares, es decir, la ausencia de estas piezas dentales desde el nacimiento, una condición que podría indicar una tendencia evolutiva.

Investigaciones recientes en morfología cráneo encéfal muestran que la reducción de la mandíbula y la ausencia de los terceros molares podrían estar relacionados, lo que sugiere que el rostro humano sigue cambiando. Hoy es mucho más pequeño y con una forma diferente a los humanos de hace miles de años.

Por: Universidad Técnica del Norte (UTN) / Viviana Obando.