Alemania.

Abastecer a una célula es una tarea exigente para nuestro organismo. Hay que suministrar constantemente nutrientes, energía y oxígeno. La célula debe estar siempre informada de lo que ocurre en el cuerpo y necesita protección frente a los atacantes, además, el cuerpo tiene que reparar los daños y llevarse los desechos que produce la célula.

Esto no es solo para una célula, sino para varios billones, por eso existe un sistema de suministro ampliamente ramificado en el cuerpo que está propulsado por nuestro corazón, incluso mantiene dos circuitos en marcha porque el ventrículo derecho solo bombea sangre a los pulmones. Allí, los glóbulos rojos toman oxígeno de los alvéolos.

El oxígeno se fija a las proteínas de la hemoglobina, ricas en hierro. La sangre vuelve al corazón a través de la aurícula izquierda donde entra en el ventrículo izquierdo que es más potente, y aquí es donde realmente se acelera.

A velocidades máximas de más de un metro por segundo, pasa al resto del cuerpo a través de la aorta. La aorta, como todas las grandes arterias, tiene una capa de células musculares. Esto le permite cambiar su diámetro, regulando la presión sanguínea y el flujo en diferentes partes del cuerpo.

La sangre absorbe nutrientes principalmente a través del intestino, pero también a través del estómago y el hígado.

La parte de la sangre libre de células, el plasma sanguíneo se encarga del transporte, mueve grasas, glucosa, proteínas o vitaminas a través del organismo, así como información en forma de sustancias mensajeras.

Cuando las glándulas hormonales como la hipófisis, la tiroides, las glándulas suprarrenales o los testículos y ovarios producen hormonas, el torrente sanguíneo las distribuye por todo el cuerpo.

Si una célula tiene al receptor apropiado, la hormona se fija en ella y estimula, por ejemplo, el crecimiento de las células o su metabolismo. Si se producen lesiones, hay que tapar cualquier fuga lo antes posible. Por eso el sistema circulatorio tiene siempre a mano una herramienta de reparación en forma de plaquetas.

Los glóbulos blancos, los macrófagos, por ejemplo, se encargan de los intrusos o los linfocitos B, que forman los anticuerpos. Las arterias son algo así como autopistas de la sangre, pero los capilares son más bien caminos rurales. Su diámetro es de 10 veces menor que el de un cabello.

El oxígeno y los nutrientes viajan de la sangre a las células a través de diferentes canales en la membrana celular. A su paso la sangre recoge CO2 y productos de desecho, algunos pueden reciclarse, el resto es filtrado por los riñones y eliminado a través de la orina. El CO2 se transporta de vuelta al corazón y luego a los pulmones, y el ciclo comienza de nuevo.

Para mantener en funcionamiento de este sofisticado sistema de suministro, el corazón late a más de 100 mil veces al día y así todas las células obtienen lo que necesitan para funcionar, desde las puntas de los dedos de los pies, hasta las células especialmente hambrientas de nuestro cerebro.