Portugal.
Una unidad de cuidados intensivos en el Hospital Central de Oporto. Médicos y enfermeras luchan por salvar la vida de cien pacientes de COVID-19. Está claro que este centro necesita algo más que una mano de pintura, pero gracias a la improvisación, el equipo tiene la pandemia bajo control.
“No hay recortes de personal, por supuesto que estamos exhaustos porque es una situación agotadora, pero conseguimos dar una respuesta adecuada”, externó una médico del hospital.
En Lisboa, la situación es peor: algunos pacientes tuvieron que ser trasladados a otros hospitales como Castelo Branco, donde las pancartas recuerdan los problemas del sector que exige salarios justos. Una razón está en las medidas de ahorro que Portugal tuvo que aplicar tras la crisis financiera. Además de reducir las inversiones, se recortaron puestos de trabajo y se redujeron los salarios. En los últimos años, muchos se vieron obligados a emigrar.
El investigador Tiago Correia, ha descubierto otro efecto a largo plazo de las medidas de ahorro de la UE: el empeoramiento de la calidad de vida, especialmente de los más pobres. “Una población económicamente débil, con menor acceso a la seguridad social, más vulnerable a la enfermedad, es una puerta abierta para la COVID-19″.
Ahora, se están realizando obras urgentes en los hospitales de Lisboa, Oporto y Castelo Branco, comenzaron incluso antes de la pandemia resucitando planes de hace 12 años, sin embargo aún no hay señales de mejores condiciones de trabajo o nuevas contrataciones en la salud pública de Portugal, devastada por la pandemia.
Por: Deutsche Welle
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