Sídney, Australia.

 

Una exposición a la que solo pueden acceder las mujeres en un museo de arte del estado australiano de Tasmania ha causado una polémica a raíz de la denuncia de un hombre que se sintió discriminado al no poder entrar.

Jason Lau, un hombre del estado australiano de Nueva Gales del Sur, visitó el año pasado el Museo de Arte Nuevo y Antiguo de Tasmania (MONA) y al ver que no se le permitía la entrada a la llamada «sala de las mujeres» se quejó al Comisionado de Tasmania para la Igualdad de Oportunidades.

Tras el juicio celebrado el martes en la localidad de Hobart, en el que participaron tanto el demandante como la artista responsable de la exposición, Kirsha Kaechele, ambas partes están a la espera del fallo del tribunal, según la televisión estatal ABC.

Las imágenes y las descripciones ofrecidas por los medios muestran una lujosa sala detrás de unas cortinas verdes de seda y donde se exhiben algunas de las mejores obras del museo, incluidas pinturas de Pablo Picasso.

En su interior solo pueden entrar mujeres, con la excepción de los mayordomos, todos hombres, que les sirven copas de champán y otras bebidas.

Kaechele explicó que lo que buscaba era llamar la atención sobre la discriminación a la que se han visto sometidas las mujeres en un país donde hasta 1965 solo los hombres tenían derecho a entrar a un bar a beber o donde existen clubs de caballeros de los que las mujeres no pueden formar parte.

La artista argumenta que esta sala, que ha estado operativa desde 2020, ofrece a las mujeres un lugar «para escapar del patriarcado» y disfrutar de la compañía mutua entre ellas.

Lau, el demandante, sostiene que cuando pagó los 35 dólares australianos que costaba la entrada (22,80 dolares o 21 euros), nadie le advirtió de que le sería denegado el acceso a una de las salas del museo, donde además figuran algunas de las obras más valiosas y considera que es una medida discriminatoria.

En este sentido, Lau consideró que, en caso de que quieran mantener esta sala exclusiva para mujeres, debería informarse a los visitantes y ofrecer un precio diferente a los hombres, una sugerencia que los abogados del MONA rechazaron.

La artista se mostró en declaraciones a ABC de acuerdo en que los hombres sufrían una situación de «desventaja» con la exposición, pero lo justificó por ser una respuesta a la prohibición de que las mujeres accedieran a diversos lugares en la historia del país.

En este sentido, describió la existencia de la sala de mujeres como algo «excitante, divertido y travieso», consideró que los hombres siguen controlando el poder en Australia y defendió que para compensar las injusticias sufridas, las mujeres no solo deberían tener los mismos derechos, «sino también privilegios especiales para los próximo 300 años».

En caso de que la decisión judicial no le sea favorable, la artista ha anunciado que recurrirá a la Corte Suprema.