Iberoamérica.
Morir es inevitable, pero hacerlo sin dejar huella ambiental ya no es una utopía. Nuevas técnicas funerarias están ganando espacio como alternativas más sostenibles al entierro o la cremación. Una de ellas es la coemoción o hidrólisis alcalina, una técnica que se empieza a practicar ya en México, Estados Unidos o Irlanda.
El cuerpo se disuelve en una mezcla de agua y potasio, sin llamas, a ciento sesenta grados durante cuatro horas. Solo quedan los huesos, que se secan, se trituran y se entregan a la familia como cenizas.
Esta técnica ya se ha puesto en marcha en Bélgica mediante cuerpos donados a la ciencia. Consume menos energía, evita gases tóxicos y podría comercializarse en 2028. De hecho, incinerar un cuerpo genera tanto CO₂ como un vuelo de París a Madrid.
A esta nueva técnica también se suman ataúdes de cartón, bambú o micelio de hongos, más baratos y menos contaminantes que los tradicionales, aunque poco comunes aún en países como España.
En este contexto también emergen ideas como el compostaje humano, donde el cuerpo se convierte en abono fértil, o los entierros ecológicos con árboles o estructuras marinas, opciones que abren paso a una despedida más respetuosa con el planeta.
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