Atacar la envoltura protectora del VIH ha transformado la prevención de la infección. Investigadores en Berlín trabajan para lograr que las personas con VIH puedan vivir sin tratamiento diario.

Durante años, los científicos pensaron que una de las estructuras más importantes del VIH era poco más que una carcasa protectora.

Pero la cápside, una envoltura con forma de cono que rodea el material genético del virus, resultó desempeñar un papel mucho más importante. Ese descubrimiento ayudó a desarrollar uno de los avances más notables en la prevención del VIH: el lenacapavir.

Aunque este tratamiento también puede ayudar en personas cuyo VIH es resistente a otros medicamentos, su mayor promesa reside en la prevención de nuevas infecciones.

Con apenas dos inyecciones al año puede ofrecer una protección muy eficaz frente a la infección por el virus causante del sida.

«Es, básicamente, el centro organizador de la replicación y el transporte del virus», explica a DW Wesley Sundquist, bioquímico de la Universidad de Utah que ha dedicado décadas al estudio de la cápside.

Al atacar esta estructura multifuncional, el lenacapavir puede interferir con el VIH en varias etapas de su ciclo de vida.

¿Cómo ataca el lenacapavir al VIH?

Una vez dentro de una célula, las cápsides del VIH pueden adherirse a proteínas de transporte celular, lo que les permite desplazarse gracias a motores moleculares. Estos motores las trasladan hacia el núcleo a lo largo de diminutas estructuras conocidas como microtúbulos.

Durante ese recorrido, la cápside protege el material genético del virus de los mecanismos de defensa de la célula. Para ingresar al núcleo, debe atravesar pequeños poros en la membrana nuclear con la ayuda de proteínas que la guían durante el proceso.

El lenacapavir altera esas interacciones y vuelve menos flexible a la cápside. «Se vuelve básicamente más frágil. Y, en algún momento, si se une suficiente medicamento, la cápside termina rompiéndose«, detalla Sundquist. Eso puede impedir que el VIH entregue su material genético al núcleo y evitar que la infección continúe avanzando.

¿Qué tiene que ver un balón de fútbol con el VIH?

El lenacapavir también dificulta la formación de nuevas cápsides. Para explicarlo, Sundquist compara la cápside con un balón de fútbol tradicional.

El VIH enfrenta un desafío geométrico similar. Su cápside con forma de cono necesita anillos proteicos de cinco y de seis lados para formar una estructura cerrada. Pero la presencia de lenacapavir limita los ángulos con los que esos anillos pueden ensamblarse, alterando la geometría necesaria para formar el cono.

Como resultado, las nuevas partículas virales pueden desarrollar cápsides defectuosas, lo que reduce su capacidad para infectar otras células.

¿Por qué el lenacapavir dura seis meses?

El lenacapavir es excepcionalmente potente y actúa en concentraciones muy bajas. Pero sus desarrolladores en Gilead también identificaron una ventaja poco habitual: el medicamento se disuelve con dificultad.

Tras ser inyectado bajo la piel, el lenacapavir forma un pequeño depósito que se disuelve lentamente y libera el fármaco de manera gradual en el organismo.

¿Por qué el lenacapavir no puede curar el VIH?

Christian Gaebler, director del Centro de Cura del VIH de Berlín (BeCURE) del hospital universitario Charité, ha descrito el lenacapavir como un «cambio de paradigma» en la prevención de nuevas infecciones.

Sin embargo, su papel en el tratamiento de las personas que ya viven con VIH sigue siendo limitado.

Actualmente, el lenacapavir se utiliza junto con otros antirretrovirales para tratar a determinados pacientes con VIH resistente a múltiples medicamentos.

Pero, incluso los tratamientos más eficaces disponibles hoy en día no pueden eliminar el VIH del organismo de forma fiable.

La investigación de Gaebler persigue otro objetivo: encontrar formas de que las personas con VIH puedan controlar el virus sin necesidad de medicación de por vida y, en última instancia, hacer posible una cura para muchas más personas.

¿Por qué es tan difícil curar el VIH?

Los tratamientos modernos contra el VIH pueden suprimir el virus con tal eficacia que las personas con una carga viral indetectable sostenida no pueden transmitirlo por vía sexual.

Pero el VIH puede ocultarse dentro del organismo. Una vez que su material genético alcanza el núcleo de determinadas células inmunitarias, una enzima viral puede insertar una copia de su ADN en los cromosomas de la célula. Según Sundquist, esa copia del virus quedará archivada en la llamada ‘célula T’ de forma permanente.

Algunas células infectadas permanecen inactivas durante años y crean reservorios ocultos desde los que el VIH puede reaparecer si se interrumpe el tratamiento.

¿Podría el sistema inmunitario controlar el VIH sin medicamentos?

En BeCURE, los investigadores estudian los llamados anticuerpos ampliamente neutralizantes, proteínas inusuales descubiertas inicialmente en personas cuyos sistemas inmunitarios eran capaces de reconocer numerosas variantes del VIH.

Actualmente, los científicos pueden producir estos anticuerpos en laboratorios y administrarlos a pacientes con la esperanza de que ayuden a entrenar al sistema inmunitario para controlar el VIH incluso después de suspender el tratamiento.

Según Gaebler, en algunos estudios experimentales entre el 10 % y el 20 % de los participantes lograron posteriormente controlar el VIH sin medicación.

«Probablemente alcanzar el 100 % sea una meta muy ambiciosa, pero, por supuesto, ese debería ser el objetivo», concluye.