Colombia
La violencia estética se manifiesta en la imposición de modelos de apariencia física basados en prejuicios y estereotipos sociales sobre cómo deberían ser los cuerpos humanos en términos de belleza y salud, explica la psicóloga Carolina Morales.
“Se trata de violencia porque tiene que ver con la instalación de modelos únicos de formas de vivir el cuerpo y de relacionarse con el cuerpo, y es violento en la medida en que restringe las posibilidades del ejercicio de la autonomía de las personas, de su manera de habitar el cuerpo y habitarlo con otros y con otras en el mundo”, señala la especialista.
Recientemente, el caso de Yulisa Tolosa, quien murió luego de someterse a un procedimiento estético, puso de nuevo sobre la mesa las posibles consecuencias de la presión social por alcanzar determinados ideales de belleza.
Al respecto, Morales explica que una de las dificultades que pueden estar relacionadas con la búsqueda constante de modificar la apariencia física es la dismorfia corporal, un trastorno que implica una preocupación persistente por defectos físicos percibidos que pueden ser mínimos o no evidentes para otras personas.
“Pues es lo que desde la psicología clínica hemos llamado dismorfia corporal, que tiene que ver con una dificultad de las personas en reconocer su cuerpo tal y como es y más bien la tendencia a una sobreobservación de los defectos físicos o corporales que lleva en muchas ocasiones a progresivos procesos o procedimientos para tratar de corregir ese cuerpo que está no normal, no completo, no bello, no deseable”, explica.
La especialista señala que este marco de violencia estética opera predominantemente sobre las mujeres, cuyos cuerpos son objeto de observación y valoración por parte de otras personas, en lugar de ser reconocidos desde su propia autonomía.
Entre sus consecuencias está la valoración de las mujeres en función de su belleza y salud, conceptos que pueden presentarse como inseparables dentro de los estándares sociales. Esta presión también puede generar malestar ante la percepción de que el cuerpo nunca alcanza por completo los ideales de belleza establecidos.
“La valoración de las mujeres en función de su belleza o salud y ese binomio belleza-salud, a veces más vinculado, a veces más desconectado, pero también produce malestar, malestar de las mujeres que empiezan o empezamos a sentir que nuestro cuerpo nunca es del todo deseable, nunca es del todo socialmente aceptable, nunca es del todo completamente bello, siempre está como en proceso de ser bello o no”, menciona Morales.
Ante este panorama, la especialista plantea el reto de comprender que la producción de los diagnósticos relacionados con estas experiencias también debe analizarse dentro de un marco sociocultural e histórico, que influye en la manera en que las personas perciben y viven sus cuerpos.
(Canal Trece)
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