Colombia.

Visitamos un espacio donde el público interpreta cada plano, cada silencio y cada sonido en pistas para entender realidades complejas desde lo visual.

“Hicimos un guión colaborativo, participativo, en el que los pacientes estaban colocando y plasmando sus ideas sobre la medicación a través del humor. Ellos fueron libres de proponer la historia, de crear su historia y de grabar y de representar sus condiciones”, dijo Julio César Castro, artista involucrado.

La muestra incluye Clozapine, El cuarto oscuro y Mi sinfonía, tres propuestas que abordan la salud mental, desolación y transformación urbana desde distintas miradas.

“Cada grupo tiene un trayecto de formación que le permite ir explorando el lenguaje audiovisual y aprendiendo también las técnicas para poder plasmar historias en estos cortometrajes que estamos circulando”, añadió Leonardo Villamizar, educador.

Desde distintos procesos de formación, estas propuestas reflejan experiencias personales y colectivas que se transforman en narrativas visuales.

Francisco Siri, otro de los artistas, concluyó: “diferentes filminutos están orientados a muchas situaciones, desde drogadictos, presidiarios, ancianos, personas solas en condición de abandono”.

Las proyecciones amplían la experiencia, permitiendo que las historias salgan de la pantalla y se transformen en preguntas compartidas.

 

(Directo Bogotá).