Estados Unidos.

 

La Taenia solium, conocida como tenia del cerdo, es un parásito que puede alojarse en el intestino humano y alimentarse de los nutrientes que consume su huésped.

Aunque la infección intestinal puede pasar desapercibida, el mayor riesgo ocurre cuando una persona ingiere los huevos del parásito. En ese caso, las larvas pueden atravesar el organismo y formar quistes en distintos tejidos, incluido el cerebro.

Esta infección recibe el nombre de neurocisticercosis y puede provocar convulsiones, epilepsia, dolores de cabeza y otros síntomas neurológicos.

“La tenía en sí misma simplemente vive en el intestino y, bueno, realmente no causa mayores problemas. Puede medir varios metros de largo, pero la mayoría de las veces las personas ni siquiera saben que están infectadas. Si se ingieren los huevos y se desarrollan quistes, estos suelen formarse en el cerebro y provocan síntomas graves como convulsiones, epilepsia o dolores de cabeza. A esto se le llama neurocisticercosis”, explica la doctora Bernadette.

En regiones donde la enfermedad es endémica, la neurocisticercosis representa una importante causa prevenible de epilepsia. Se estima que entre 2.5 y 8 millones de personas padecen esta infección a nivel mundial.

La transmisión está relacionada con condiciones de higiene deficientes y con prácticas inadecuadas en la preparación de alimentos. Por ello, medidas como lavarse las manos después de ir al baño, lavar correctamente las verduras y mantener una adecuada higiene durante la preparación de alimentos son fundamentales para prevenirla.

El tratamiento depende del tipo de infección. La tenia intestinal puede diagnosticarse mediante estudios de materia fecal y tratarse con medicamentos antiparasitarios. En cambio, la neurocisticercosis requiere una evaluación más especializada y estudios de imagen para identificar los quistes.

“El tratamiento de la neurocisticercosis debe ser supervisado por un neurólogo especialista”, señala la especialista.

Además de atender a las personas infectadas, los expertos destacan la importancia de interrumpir el ciclo de transmisión. Esto implica mejorar las condiciones sanitarias, así como implementar medidas de prevención y control en los cerdos.

“El tratamiento de las personas es fundamental, aunque por sí solo no rompe el ciclo. Para romper el ciclo, es necesario vacunar y desparasitar a los cerdos, aplicando el enfoque de ‘Una sola salud’; es decir, actuando no sólo sobre los seres humanos, sino también sobre los animales y el medio ambiente”.

La prevención, el diagnóstico oportuno y el control del parásito en humanos y animales son claves para reducir los casos de neurocisticercosis y sus complicaciones neurológicas.

 

(OPS)