Por: Mtro. Rodolfo Guerrero Martínez
Hace tres años, teclear una pregunta sobre el sentido del sufrimiento solía devolver una respuesta genérica de manual de autoayuda. Hoy esa pregunta la puede resolver, con matices doctrinales incluidos, un chatbot entrenado en comentario talmúdico, jurisprudencia islámica o doctrina social católica.
En tal sentido, una musulmana singapurense consulta a ChatGPT sobre un concepto coránico, un párroco estadounidense delega en un modelo de lenguaje el primer borrador de su homilía y una start-up católica alimenta a Magisterium AI con manuscritos que llevaban siglos criando polvo en archivos vaticanos (The Economist, 2026). Precisamente, el asunto no es menor para quien piensa el derecho digital desde la práctica: cuando una máquina empieza a ocupar el lugar que antes correspondía al confesor o al muftí, la pregunta ya no es tecnológica, sino de gobernanza de la conciencia. Y frente a ese desplazamiento, las religiones no se han quedado como espectadoras; han decidido disputarle a Silicon Valley el código fuente de la ética que regirá estas herramientas.
I. Un párroco de silicio y el desgaste de la autoridad espiritual
El desplazamiento tiene números detrás, con base a la iniciativa de investigación d interreligiosa denominada CEFE AI citada por The Economist (2026), las consultas de tema religioso ya representan alrededor de un 5% del total en un corpus masivo de conversaciones con chatbots, mientras que los modelos de frontera solo invocan referencias religiosas en un 15% de sus respuestas, pese a que los propios usuarios consideran pertinente esa dimensión en más de la mitad de los casos.
Por tanto, el dato importa menos por su magnitud que por lo que revela: existe un sesgo secular de fábrica que nadie votó y que, sin embargo, opera como estándar por defecto para millones de personas. Desde una lectura jurídica, ese sesgo plantea un problema conocido en otros ámbitos regulados (la banca, la salud o la educación), donde se exige neutralidad declarada y, en cambio, se entrega un producto con una orientación de valores no revelada.
El Consejo Mundial de Iglesias ya advertía en 2023 que la inteligencia artificial podía sustituir la interacción humana por facsímiles digitales (reproducción virtual exacta de un documento impreso) en el trabajo pastoral, facilitando el plagio en vez de la reflexión teológica genuina (World Council of Churches, 2023). Lo interesante, empero, no es que la máquina compita con el clero en autoridad doctrinal, sino que compite en algo más básico: en la confianza cotidiana de quien prefiere preguntarle a un chat, a cualquier hora y sin juicio aparente, antes que acudir a una persona.
II. La delegación como fuga de responsabilidad: la lección halájica
Ese desplazamiento arrastra consigo un dilema jurídico que el derecho civil conoce de sobra bajo otro nombre: la responsabilidad por hecho de tercero. De hecho, el rabino Daniel Nevins lo formuló sin rodeos en su responsum sobre inteligencia artificial y máquinas autónomas enmarcando que una vez delegadas ciertas tareas a una máquina inteligente, ¿queda la persona absuelta de su responsabilidad?
La resolución es de cautela, porque advierte que emparejar la autonomía de la máquina con doctrinas halájicas de causación indirecta podría convertirse, en la práctica, en una vía para evadir la rendición de cuentas por daños causados u obligaciones incumplidas (Nevins, 2019). Vista desde el crisol del operador del derecho, esa figura recuerda de forma casi literal al debate contemporáneo sobre la responsabilidad objetiva de quien despliega un sistema autónomo, es decir, la ley civil tampoco permite que el fabricante o el usuario se escuden en la decisión del algoritmo para eludir una obligación de reparar.
Por otra parte, la diferencia es que la halajá (es el cuerpo de ley religiosa judía) llegó a esa intuición pensando en el Shabat y en el uso de un asistente de voz para encender una luz, no en un vehículo autónomo o un modelo generativo; y aun así el razonamiento se sostiene igual.
En tal sentido, el documento católico Antiqua et Nova recorre un camino paralelo cuando insiste en que la responsabilidad no puede entenderse en un sentido restringido, sino como un cuidado activo por las consecuencias de lo que se automatiza (Dicastery for the Doctrine of the Faith & Dicastery for Culture and Education, 2025). Dos tradiciones que nunca se sentaron juntas a redactar un código llegan, por caminos independientes, a la misma conclusión: delegar no exime, apenas desplaza la pregunta sobre quién responde.
III. Del hadiz al prompt: ponderar el código con las herramientas del fiqh
Frente a ese riesgo de difuminación moral, el mundo islámico no se ha limitado a indicar: ha importado su propia maquinaria interpretativa al terreno digital, y lo ha hecho con una sofisticación que la regulación secular todavía no iguala. Juristas como AbuTaleb et al., (2026) del Yaqeen Institute for Islamic Research proponen aplicar a la inteligencia artificial el marco de la fiqh al-muwazanat, la jurisprudencia de la ponderación, reservada para los casos en que un mismo desarrollo tecnológico produce beneficio y daño a la vez.
El método desciende de los objetivos generales de la sharía (preservar el intelecto, la vida, la religión, el linaje y la propiedad) hasta objetivos específicos capaces de regular un algoritmo concreto, y se apoya en el principio de iʿtibar al-maʾalat, que obliga a sopesar las consecuencias probables de una acción antes de calificarla como lícita (AbuTaleb et al., 2026). Puesto en términos que un regulador europeo reconocería de inmediato, se trata de un análisis de riesgo por diseño anterior en varios siglos al que hoy se discute en Bruselas, solo que fundado en categorías teológicas de bien y daño y no en umbrales técnicos de probabilidad.
Así, no hace falta compartir la premisa religiosa para reconocer el valor metodológico del ejercicio: pocas legislaciones seculares exigen, como sí exige este marco, mirar más allá del efecto inmediato de una herramienta hacia lo que provoca generación tras generación.
IV. La alianza de las virtudes: escribir juntos el código fuente
El capítulo más revelador de esta historia no es defensivo, sino propositivo, dado que, distintas tradiciones han decidido sentarse, literalmente, a redactar principios pensados para convertirse en códigos de conducta para quienes desarrollan estos sistemas. En este aspecto, la Declaración Conjunta de Abu Dabi, suscrita por el Rabinato de Israel, la Pontificia Academia para la Vida y el Foro de Abu Dabi para la Paz, acuñó el término algor-ética para agrupar seis principios (transparencia, inclusión, responsabilidad, imparcialidad, fiabilidad y seguridad) que debían orientar el diseño de sistemas inteligentes (Chief Rabbinate of Israel’s Commission for Interreligious Relations et al., 2023).
Ese vocabulario ya había nacido tres años antes en la Llamada de Roma para la Ética de la IA (Pontifical Academy for Life, 2020) y reaparece, ampliado, en la primera encíclica de León XIV, que sostiene que ninguna tecnología es neutral porque siempre adquiere las características de quienes la conciben, financian, regulan y utilizan (León XIV, 2026). En esa misma línea, representantes de fe mormona plantearon ante el Consejo Mundial de Religiones para la Paz una Evaluación de IA de la Comunidad de Fe como mecanismo de contrapeso capaz de auditar si los modelos retratan con justicia a los creyentes (Gong, 2025).
Conviene mirar estas iniciativas sin ingenuidad ni desdén: no tienen fuerza vinculante y ningún desarrollador está obligado a seguirlas, pero funcionan como derecho blando avant la lettre (antes de la letra), y su insistencia compartida en la transparencia y la rendición de cuentas anticipó, en varios casos por años, principios que después terminaron codificados en instrumentos como el Reglamento europeo de IA. Que el lenguaje de un rabino, un cardenal y un jurista islámico converja de manera independiente en las mismas palabras dice algo sobre esos principios: probablemente no sean una moda regulatoria pasajera, sino una intuición ética más antigua que cualquiera de estas religiones por separado.
En suma, el oráculo seguirá absolviendo dudas, y alguna culpa, mientras nadie termine de acordar quién redacta su catecismo. Lo que esta disputa deja claro es que la gobernanza algorítmica ya no puede resolverse solo entre ingenieros y legisladores: hay una tercera silla en la mesa, ocupada por tradiciones que llevan milenios pensando qué significa responder por los propios actos, y que no piensan cederla sin pelear.
Referencias bibliográficas
AbuTaleb, M., Ansari, M., Alkiek, K., & Hani, S. (2026). Toward an Islamic ethics and fiqh of artificial intelligence. Yaqeen Institute for Islamic Research.
Chief Rabbinate of Israel’s Commission for Interreligious Relations, Pontifical Academy for Life, & Abu Dhabi Forum for Peace. (2023). AI ethics: An Abrahamic commitment to the Rome Call [Declaración conjunta]. Ciudad del Vaticano.
Dicastery for the Doctrine of the Faith & Dicastery for Culture and Education. (2025). Antiqua et Nova: Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. Santa Sede.
Gong, G. W. (2025). Faith, ethics, and human dignity in an age of artificial intelligence: A call to action [Discurso]. Religions for Peace World Council, Estambul.
León XIV. (2026). Magnifica humanitas [Carta encíclica sobre la salvaguarda de la persona humana en tiempos de la inteligencia artificial]. Santa Sede.
Nevins, D. (2019). Halakhic responses to artificial intelligence and autonomous machines (CJLS HM 182.1.2019). Committee on Jewish Law and Standards.
Pontifical Academy for Life. (2020). Rome call for AI ethics. Ciudad del Vaticano.
The Economist. (2026). AI is changing religion and religions are trying to change AI. The Economist.
World Council of Churches. (2023). Statement on the unregulated development of artificial intelligence [Declaración del comité central].
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