Brasil

La instalación de parques eólicos para la producción de electricidad puede tener un efecto positivo en la economía de los municipios que los reciben, sobre todo en los más pobres, con un incremento de aproximadamente 20 por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB) per cápita.

Así lo concluye un estudio publicado en la revista The Electricity Journal que analizó más de 1.500 municipios del nordeste brasileño entre 2005 y 2021. Sin embargo, el impulso a la economía local generado por estos proyectos puede ser transitorio, advierten otros especialistas.

Brasil es actualmente el quinto mayor productor de energía eólica del mundo, con cerca de 36 gigavatios (GW) de capacidad instalada, concentrada sobre todo en el nordeste, según un reportaje de Valor Econômico, periódico brasileño especializado. En poco más de una década, la capacidad instalada pasó de casi cero a 31 GW.

Esa concentración y crecimiento se explica en gran medida por sus condiciones naturales. El interior semiárido y las mesetas elevadas del nordeste generan vientos constantes, con factores de capacidad superiores al 40 por ciento, entre los más altos del mundo.

Pero no estaba claro si la llegada de estos parques mejoraba las economías de los municipios que los recibían o si simplemente creaba complejos de aerogeneradores cuya electricidad se exportaba a otras ciudades.

El estudio, realizado por Fernando Antonio Ignacio González, investigador de la Escuela de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Norte, en Chile, y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, en Argentina, analizó 1.613 municipios de la región. De ellos, 41 recibieron parques eólicos entre 2005 y 2021.

Mediante métodos estadísticos comparó la evolución económica de esos municipios antes y después de la instalación de los parques con la de 1.572 municipios que no los habían recibido.

El principal indicador fue el PIB per cápita, es decir, cuánto produce, en promedio, la economía por habitante. Además, se analizó el valor generado por el sector de servicios, el empleo formal y las diferencias entre los municipios más pobres y los más ricos.

Los resultados indican que los parques aumentaron el PIB per cápita en un promedio de 20 por ciento: 29 por ciento en los municipios más pobres frente a 13 por ciento en los más ricos. En términos absolutos —es decir, en reales por habitante—, ambos grupos obtuvieron ganancias similares, de entre R$3.200 y R$4.100 (aproximadamente US$615 y US$790).

Según González, aunque la diferencia absoluta entre un municipio pobre y uno rico prácticamente no cambia, ese monto tiene un impacto mucho mayor en una economía cuyo punto de partida es más bajo.

“Para un municipio del interior de Piauí, donde el Estado era casi el único empleador, ese ingreso extra significa pasar de una economía de subsistencia a una economía monetaria, con comercio, empleo formal y recaudación propia”, dice a SciDev.Net.

El investigador también identificó un aumento del empleo formal en municipios pobres y ricos debido a que los parques crean empleos durante su construcción y mantienen puestos de trabajo permanentes en operación y mantenimiento.

Además, el valor agregado del sector de servicios aumentó un 12,5 por ciento. “Ese dato es importante porque el comercio, el alojamiento y la logística no tienen conexión contable con la generación de electricidad. Si crecen, es porque hay actividad económica real en el territorio”, añade.

Ante estos hallazgos, el experto defiende la instalación de parques eólicos en municipios pobres. “La condición previa, obviamente, es que haya viento. Pero si se consigue combinar su instalación con una región que tiene buenos vientos y altos niveles de pobreza, mejor”, señala.

Efectos temporales

Para Mariana Traldi, profesora del Instituto Federal de São Paulo, quien no participó en el estudio, estos proyectos generan empleos principalmente durante la construcción de los parques, pero la contratación de trabajadores locales es limitada y la recaudación de impuestos disminuye una vez concluidas las obras.

Explica a SciDev.Net que como los trabajadores contratados para la construcción provienen en su mayoría de otras regiones del país, aumenta momentáneamente la demanda por alojamiento, alimentación y otros servicios y ayuda a dinamizar la economía local.

“Sin embargo, una vez concluidas las obras, las ciudades se vacían y el empleo local se reduce a los servicios de seguridad de los aerogeneradores y a la producción de piezas para los equipos en algunas pocas fábricas instaladas en áreas cercanas”, añade, con base en sus estudios.

La recaudación de impuestos sigue una dinámica similar: aumentan durante la construcción, y pueden alterar temporalmente el presupuesto de los municipios, pero disminuyen una vez concluidas las obras, hasta volver a niveles similares a los registrados antes de la instalación de los parques.

“Hay relatos de propietarios semianalfabetos que firman los contratos con su huella digital y descubren años después que los documentos incluyen severas restricciones sobre el uso de sus propias tierras y tienen una vigencia de muchos años”.

Mariana Traldi, profesora del Instituto Federal de São Paulo, Brasil

Según Traldi, para muchos propietarios, lo que queda es el ingreso por el arrendamiento de sus tierras para instalar aerogeneradores. Pero, aunque algunos mantienen la propiedad formal de sus terrenos, tienen poca capacidad de decisión y reciben solo una pequeña parte de los ingresos generados.

“Hay relatos de propietarios semianalfabetos que firman los contratos con su huella digital y descubren años después que los documentos incluyen severas restricciones sobre el uso de sus propias tierras y tienen una vigencia de muchos años”, afirma.

Impactos ambientales y en la salud

Los impactos de los parques eólicos también pueden ser ambientales, como la mortalidad de aves y murciélagos que chocan contra las palas de los aerogeneradores.

La geógrafa Adryane Gorayeb, de la Universidad Federal de Ceará, quien estudia desde hace más de 15 años  los impactos de estos proyectos en el estado y tampoco participó en el estudio de The Electricity Journal, explica que muchos parques fueron instalados sin diálogo previo con las comunidades ni estudios sobre sus posibles efectos en los territorios.

Señala que algunos aerogeneradores fueron instalados en tierras que antes estaban destinadas a la producción agrícola y que albergaban lagunas para la pesca y el ocio. Las obras de aterramiento y nivelación provocaron el secado de algunas de ellas, reduciendo el acceso de las comunidades a áreas que hasta entonces eran de uso común.

La investigadora también advierte sobre los efectos relacionados con el ruido de las turbinas. Muchas se han instalado a poco más de 100 metros de viviendas, generando problemas como trastornos del sueño, estrés, ansiedad, dolores de cabeza y sufrimiento psíquico, que, a su vez, llevan a los moradores locales a hacer uso continuo de medicamentos y desarrollar enfermedades crónicas.

Gorayeb concluye que la instalación de parques puede ser una estrategia para promover el desarrollo local, pero debe estar acompañada del reconocimiento oficial de los territorios de poblaciones marginadas, del cumplimiento de los procedimientos previstos en los estudios de impacto ambiental y de un mayor diálogo con las comunidades.